[Una lectura, a título personal, de la carta de los cien escritores y académicos que apoyan la decisión del jurado del premio FIL 2012.]

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Debemos quedar tranquilos con los argumentos que se leen en la pretendida carta de defensa que hicieron de Alfredo Bryce Echenique. Se acude al sofisma y a la extrapolación de escenarios cuando la desesperación agota las energías. Es el caso. No deberá leerse esa defensa, vuelvo, como una restitución de su credibilidad sino, apenas, como un acto de amistad. Que sean cien o diez mil los firmantes no impacta la legitimidad y vigencia de la resolución legal de las autoridades peruanas. Al firmar esa carta, los escritores y académicos cerraron filas con un acto ilícito—el plagio probado. Es todo.

Del mismo modo, es claro que no hay “campaña”, ni “violencia” y menos aún un “acto de fuerza”. Hay, eso sí, lectores indignados y contribuyentes que deberían estarlo, ya que autoridades culturales de México entregarán un galardón a un plagiario con dinero público. A esto se resume la situación actual.

Quien ha defendido que el jurado se ciñó a las bases del concurso, y que por tanto deberíamos permanecer inmutables, envía el mensaje equivocado pues eso equivaldría a considerar que el estado de derecho—esto es, el apego ciego a la norma—, es una fuente irreprochable de legitimidad ante cualquier escenario posible. Nada más falso. La ley es producto humano y por tanto está sujeta a error.

Ahora bien, CONACULTA es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública, no olvidemos. Sus mandos medios y superiores son servidores públicos del ámbito federal y por tanto están sujetos a las disposiciones de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos. En su Decreto de creación se le otorga la atribución específica de “promover y difundir la cultura y las artes”. No el plagio. Cabría esperar que esta premiación no derive en una responsabilidad legal—administrativa o penal—, para los involucrados.

Me froto los ojos. Bryce Echenique, según entiendo, recibirá su premio y cobrará el monto asignado. Al final, parece, el peruano no sólo se burlará de los lectores de aquellas notas plagiadas, sino de todos nosotros.

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Twitter: @LBugarini