[A modo de presentación]

*

La lectura es una plática a media voz.

Lejos de la falsa paradoja, nos proyecta hacia interregnos que no se revelan pero hacen aparecer un horizonte mágico.

En la lectura está la tierra prometida, aunque no exista.

Un lector será un sediento perpetuo.

Al leer se anda sobre una vereda sin retorno.

El camino a andar podrá ser elección voluntaria en tanto lo determine el destino, ese bebedor sanguinario y riguroso.

La velocidad de la vida moderna se opone al acto generoso de la lectura.

Porque leer es compartir.

Y ahora campea el culto a la individualidad.

Puede alegarse, como defensa, la fugacidad el tiempo, su carácter vaporoso y esa condición tan suya de emborronarse a placer para confundir a quien pretende asirlo.

Se lee el fenómeno llamado “mundo”, constelación de enigmas.

O se aspira, cuando menos.

Lo mismo aplica al leer una pintura, el filme de moda o el divorcio agónico de una celebridad ídem.

Porque leer es descifrar e intentarlo es humano.

Interpretar, acto voluntario y rebelde, se cuenta entre las finuras que pretenden rehuirnos.

Pareciera existir una conspiración generalizada para alejarnos de esa resonancia mental que es el diálogo de una lectura atenta.

Este espacio se funda con vocación de compartir.

Dicho acto podrá tomar la forma de un entusiasmo.

O de una lectura, memoria, crónica o una queja seca ante la velocidad de los años.

Porque leer, también, es asirnos—así sea por instantes—, a una verdad—así sea fugaz.

[Foto: LB]

*

Twitter: @LBugarini