[De la serie "Los emigrados", esta plática con Andrés Paniagua, programador mexicano residente en Alemania. Búscalo en Twitter como @andres_paniagua.]

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 —¿Por qué emigrar a Alemania?

En mi caso particular la respuesta más que una razón es una cadena de causas. Mi padre se doctoró en la universidad de Colonia. Nos mudamos cuando yo tenía un año y regresamos cuando cumplí cinco, así que aprendí a hablar alemán al mismo tiempo que español y mis primeros recuerdos se formaron en esa ciudad y esa cultura. Al regresar mis padres tenían la intención de inscribirnos en el colegio alemán pero la escuela puso trabas en cuanto a ponernos en clases de lengua materna alemana porque no éramos alemanesal menos esa es la versión en la familia. El caso es que la primaria la hice en una escuela “activa” (como se decía entonces) donde se aprendía inglés, pero mis papás se ocuparon de que siguiéramos practicando el alemán.

El fin de la primaria coincidió con una nueva mudanza, pues en ese momento triunfó la revolución en Nicaragua y mi padre estuvo allí encargado de coordinar los proyectos de ayuda de México al nuevo régimen. Allí asistí al colegio alemán durante dos años y luego al volver entré al Colegio Alemán de México. Otros dos años más tarde nos mudamos a Madrid donde terminé el bachillerato alemán que me otorgaba pase automático al sistema universitario de Alemania. Yo no sabía que hacer con mi vida en ese momento y opté por irme a estudiar a Colonia con mi novia española. Esto es: volver a un lugar que recordaba con mucho cariño en compañía de la mujer que amaba. Aun así, la decisión de vivir aquí no la tomé definitivamente hasta diez años más tarde, para entonces ya tenía una esposa alemana y dos hijos a punto de entrar a la escuela.

Después de pensarlo muchohabía muchas y buenas razones para volver a Méxicodecidimos quedarnos al menos hasta que los niños terminaran la escuela; en realidad, mi decisión fue en contra de la emigraciónla de mis hijos, no la míapara evitarles a ellos la vida nómada que yo había llevado en mi juventud; que me llenó de experiencias pero también de una sensación permanente de desarraigo. Aunque nunca me ha soltado el deseo de vivir en México tampoco me arrepiento de haber vivido aquí hasta ahora. Alemania es un país con muchas ventajas para tener familia: No es difícil ganarse la vida, la educación es gratuita, hay mucha seguridad y generalmente las cosas funcionan.

Aquí es posible llevar una vida sin muchos sobresaltos y los niños crecen con libertades que en otros lugares conllevan riesgos muy grandes. No se si esas sean razones suficientes para emigrar, en mi experiencia los pros y los contras de cada lugar están en equilibrio. Como en otras partes aquí las ventajas son muchas pero también hay aspectos negativos.

—¿En México se habla repetidamente de la crisis europea, pero el caso alemán se corta aparte. ¿Esta percepción tiene fundamento o es una idea que se quedó arraigada en los medios de cuando Alemania era el motor económico de la UE?

La crisis nos ha afectado a todos. En mi empresa tuvimos que reducir nuestra plantilla de seis a cero empleados, hoy somos nada más los dos socios. De todas formas creo que es muy evidente que la crisis ha afectado más al resto de la Unión. Esto se debe en parte a factores reales y pienso que entre ellos el más importante es que Alemania no cayó en la trampa de la desindustrialización. La mediana y grande industria siguen produciendo aquí y exportando a todo el mundo, eso significa que sigue habiendo empleo dedicado a la creación de valores tangibles.

Otro factor real aunque muy amargo es que parte de los rescates bancarios que están pagando en otros países han ido a las arcas de bancos alemanes. Por otro lado, los problemas socioeconómicos que han estallado en un periodo brevísimo en el resto de Europa, en Alemania se han venido desarrollando a lo largo de las últimas décadas, eso crea una falsa impresión de estabilidad. Mientras que en otros países las épocas de auge se reflejaron en los ingresos de la población, en Alemania el ingreso real de los habitantes ha disminuido en los últimos veinte años. El patrimonio privado está cada vez más en manos de menos dueños y la proporción tiende a empeorar. Las cifras de desempleo son las mejores en la historia moderna pero en realidad son resultado de trucos estadísticos, redefiniciones del concepto de empleo. Lo cierto es que en Alemania existe un verdadero ejército de gente que no puede vivir de su trabajo y necesita apoyo del estado, es decir, los contribuyentes le subvencionamos la mano de obra a muchas empresas.

Este ha sido el resultado de las reformas laborales que pretendían generar empleo “flexibilizando” el mercado laboralpara hacerse una idea de lo cínico del término hay que saber que en Alemania no existe, hasta el día de hoy, el salario mínimo. La pobreza ha aumentado notoriamente a niveles que difícilmente concuerdan con la imagen que en México se tiene de Alemania. El 20% de los niños vive en la pobreza y niños y jóvenes son el grupo de la sociedad con mayor riesgo de caer en ella. Cuando yo vine aquí en 1985 la miseria prácticamente no existía; hoy no pasa un día sin que vea viejitos buscando botellas entre la basura para ganarse unos céntimos con el importe. Es una imagen muy acongojante cuando consideras que esta gente que hoy apenas sobrevive de sus pensiones pertenece a la generación que levantó el país de entre los escombros.

Pienso que este desarrollo no tiene nada que ver con fenómenos económicos sino que es resultado de un cambio de visión política. Durante la guerra fría Alemania fue el país ejemplar del capitalismo en términos de producción de riqueza, al mismo tiempo existía una necesidad de competir con los adversarios socialistas en términos de igualdad social; el estado se encargaba de crear condiciones idóneas para el crecimiento económico al mismo tiempo que regulaba la distribución de la riqueza para que el bienestar estuviera al alcance de todos. Después de la caída del muro la presión política que favorecía un estado social desapareció y la adopción de esquemas neoliberales se encargó de erosionarlo paulatinamente a niveles que en otras partes de Europa no se conocían todavía y donde el cambio está siendo tan brusco que ha generado las protestas que ahora vemos.

En resumen, sí, Alemania está superando la crisis mejor que el resto de la Unión, pero eso no significa que las cosas anden mucho mejor.

—Ahora que haces referencia al mercado laboral, ¿ha variado negativamente la política migratoria de Alemania respecto a los nacionales de países latinoamericanos? ¿Aún hay espacio en los esquemas de seguridad social alemán?

No creo que existan problemas de capacidad en los sistemas de seguridad social en ninguna parte. Lo que existen son políticas basadas en una visión miope que enfoca la seguridad social como un lastre que encarece el trabajo y fomenta la indolencia. En realidad la seguridad social se inventóno olvidemos que Alemania fue uno de los primeros países en implementarla en tiempos de Bismarkcomo manera de invertir en la productividad de la población. Una masa de indigentes sin preparación empobrece a la nación y genera efervescencia social; proporcionarle seguridad, salud y educación genera obreros, técnicos y académicos capaces de producir y contribuir a la riqueza común. En todo caso, la capacidad de la sociedad alemana para proporcionar un grado muy alto de bienestar a sus miembros sigue siendo enorme; todo es cuestión de aplicar las políticas correctas.

Hasta donde entiendo Latinoamérica no es un factor muy relevante en la política de inmigración; no creo que se nos pongan más trabas que a otros países o regiones. Tampoco ha habido un recrudecimiento a raíz de la crisis, al contrario, el otro día el Colegio Alemán de México publicó en su página de Facebook una invitación del gobierno alemán dirigida a especialistas de todo el mundo. Como te decía, en Alemania la industria real sigue siendo el motor de la economía; al mismo tiempo el desarrollo demográfico negativo ha creado la necesidad de abastecerse con gente preparada de otros países.

En mi experiencia personal la visión que tienen aquí de los latinoamericanos es benevolente y el trato es muy cordial. Pero también hay que decir que es una visión muy pobre y llena de lugares comunes.

—¿Qué idea se tiene en Alemania de México?

A veces en el verano me despierto tarde un domingo cuando el sol ya está alto y de afuera llega el cantar de los pajaritos y de la distancia la melodía tocando en el algún radio de una canción bávara, que con sus ritmos de polca es prácticamente indistinguible de nuestras norteñas, y por un momento llego a creer que estoy en México. Para un alemán esta confusión es inimaginable porque en su mente México y Alemania son antitéticos; las similitudes imposibles.

La ignorancia sobre México es enorme y los tópicos son muchos, México es: Exótico, sudamericano, desértico, siempre caluroso y soleado, violento, agreste, pobre, incivilizado. A pesar de que esta imagen pueda herir nuestro orgullo creo que en el fondo los alemanes ven en ella algo romántico y atractivo. Aunque casi nadie conoce la comida mexicana, los restaurantes tex-mex son muy populares y yo pienso que más que los totopos, los burritos y los limones atorados en el cuello de la botella de cerveza en sí mismos, lo que hace atractivos a estos lugares es la ilusión de zambullirse en esa mexicaneidad mítica que existe en su imaginación. Diría que la idea que tienen de nosotros es de carácter positivo pero también muy irreal.

El lado oscuro de todo esto es que a veces da lugar a expresiones que reflejan un sentimiento de superioridad que te puede poner los pelos de punta porque brotan sin malicia. Por ejemplo algo que a mí me ofende pero sobre todo me alarma mucho es cuando alguien dice “En la vida hubiera pensado que es mexicano, usted perfectamente podría ser alemán” o “Ah es mexicano pero sus padres sin duda son alemanes” (no hay ningún alemán entre mis antepasados) como si se tratara de un halago. Por un lado ahí va implícita la distinción racialellos esperan que un mexicano sea bajito y de piel morena—pero, y peor aún, en la intención halagüeña la idea de que de alguna manera es preferible ser alemán.

—Sé que escribes, Andrés. ¿Cómo nace tu relación con el lenguaje y la literatura?

Me encantaría poder contestar esta pregunta con un “En la biblioteca de mi abuelo…”, pero la biblioteca de mi abuelo no era muy buena. Estaba llena de libros con encuadernación elegante y uniforme y supongo que contenía todos los clásicos de la literatura, pero aunque no nos prohibían explícitamente leer los libros, tampoco nos animaban ni nos guiaban y a los que nos interesábamos por la lectura nos regalaban libros para niños o versiones infantiles. En mi casa nos enseñaron a pensar, a conocer la política, a ver el mundo con los ojos abiertos, nos llevaron a ver Europa y su cultura, y nos enseñaron el gusto por la lectura pero no a cultivar la pasión por la literatura en síeso lo tuve que ir aprendiendo por mi cuenta a través de las recomendaciones de mis amigos más cultos y de los libros que te llevan a otros libros.

Mi otro abuelo fue autor de una obra vastísima como director, guionista, compositor, y actor entre otras cosas. Desgraciadamente no heredé mucho de sus talentos pero sí la pasiónincluso el ansiapor crear y a falta de otras habilidades asumí inconscientemente la escritura como mi medio. Desde la infancia he visto la escritura como algo que es natural hacer, y sin embargo por paradójico que suene, desde que llegué a la edad adulta apenas he puesto algo sobre papel.

La otra corriente que ha nutrido mi fascinación por el lenguaje es más técnica y sin embargo fundamental en mi comprensión y ejercicio de la poesía; por un lado el haber leído desde temprano en tres idiomas, por otro mi formación y mi trabajo como informático me han permitido ver el lenguaje desde un punto de vista más abstracto. Por ejemplo, se puede hablar sobre el lenguaje en términos de forma y contenido, dar por sentado que existe un algo que el texto expresa de una manera determinada y que lo significado existe independientemente del estilo.

Sin embargo, en cuanto te enfrentas al problema de la traducción te das cuenta de que generalmente es imposible significar en otro idioma ese mismo objeto o fenómeno que supuestamente existe independiente y abstractamente. En los análisis de la teoría de la información se excluye al significado como algo que es completamente extrínseco al texto. Desde el punto de vista literario esto puede parecer un absurdo paradójico, pero comprender esa teoría te ayuda a intuir como es posible que algo tan ambiguo y arbitrario como el lenguaje sea capaz de expresar con absoluta precisión algo tan intangible como una sensación o un sentimiento.

Y es que cuando escribes tienes la ilusión de que estás expresando tus pensamientos en palabras que luego un lector reconvierte en pensamientos. En la realidad física lo que sucede es que al escribir echas a andar una cadena de traducciones que simplificada es más o menos así: tu mente traduce tus ideas a impulsos nerviosos que los músculos traducen en movimientos físicos que un instrumento traduce en una secuencia de caracteres que la luz reflejada traduce en señales ópticas que los ojos del lector traducen en impulsos nerviosos que su mente traduce en ideas. Yo le recomendaría a cualquier escritor, sobre todo a los poetas, la lectura de A Mathematical Theory of Communication de Claude Shannon, al menos la parte que trata del caso concreto, aunque las matemáticas requieran más esfuerzo.

Ya no se si estoy hablando disparates al decir que me veo como un lector que aprendió mal a leer, un escritor que no escribe y un poeta que se basa en teorías matemáticas; el hecho es que el lenguaje y la literatura son parte fundamental de mi vida, y si has leído algún poema mío habrás comprobado que no son silogismos ni teoremas.

—Entiendo. Y en el caso particular tus lecturas son preponderamente alemanas? ¿Qué tanto te formó como lector la literatura en lengua alemana?

Últimamente leo menos en alemán (lo que es una lástima porque lo disfruto mucho) que en inglés o español porque alemán hablo todo el día y para que al escribir en los otros idiomas fluyan las palabras necesito practicarlos aunque sea leyendo. El año pasado leí en alemán apenas algo más que un texto Rosacruz del siglo XVII, Las nupcias químicas de Christian Rosenkreutz, que quiero traducir. Pero digamos que eso es más un proyecto de trabajo que lectura, sobre todo porque está escrito en una prosa muy fea; ya Goethe dijo al respecto que es una buena historia que necesita resucitar porque en su vieja piel es infumable.

Pero volviendo a tu pregunta, es indudable que la literatura alemana fue decisiva en mi formación como lector. En la infancia la mayor proporción de mis lecturas era ciencia ficción y las primeras lecturas ya más serias en la juventud fueron en alemán. Leí casi todo de Böll, algo de Hesse, El tambor de hojalata, de Grass, Hoffmann, cosas así. Pero sobre todo leer a Kafka en alemán me abrió los ojos y con él di mis primeros pasos como lector crítico.

Pues aunque ya conocía y admiraba el poder imaginativo de La metamorfosis y algún cuento, al leerlo en alemán me di cuenta de que sus textos decían algo que no estaba en las traducciones, algo que venía de la forma de los textos. Lo mismo sucedió cuando leí a Goethe (en un principio como lectura asignada en la escuela), había algo en la manera de expresar que era más expresivo que lo que el texto decía. El alemán no es muy ancho en términos de vocabulario. En cambio su gramática y su sintaxis son más amplias y flexibles y esos son los elementos con los que se matiza la expresión.

Te pongo de ejemplo la generación de palabras: supongo que es bastante conocido que en alemán uno puede formar nuevos sustantivos concatenado otros. Pero también puedes formar nuevas palabras o reconvertir su función, hacer de un sustantivo un verbo, etc., añadiéndoles preposiciones y aunque tu nueva palabra no se vaya de inmediato al diccionario, tampoco nadie se va a escandalizar mucho. Así por ejemplo blind es ciego, geblendet es deslumbrado, verblenden es engañar con las apariencias; si voy y digo anblenden aunque la palabra no existe la mayoría comprendería algo así como “darle una deslumbradita”.

De allí viene que sea un lenguaje muy juguetón; una característica que transciende los estilos individuales de los autores, aunque es mucho más evidente en los clásicos porque ellos tocaban más registros con más ligereza. Entonces, del alemán aprendí a paladear las frases, a ver más allá de los conceptos, las figuras y el vocabulario y a leer lo que expresa el tejido mismo de las palabras; y en consecuencia también aprendí que el acto de creación literaria es más parecido a un juego que a una forma de comunicación.

—¿Tienes planes de volver a México definitivamente? ¿O te quedas en Alemania?

Esta es la pregunta más difícil que me has hecho porque pensar en la respuesta me entristece un poco. Siento mucho cariño por Alemania, el tono crítico de otras respuestas es síntoma de ese cariño, señal de que adoptado esa costumbre alemana de querer exigirle a las cosas que sean perfectas. De aquí son mis primeros recuerdos, aquí nacieron y crecieron mis hijos, y lo que tenemos nos lo dio este país. Pero nunca dejé de sentir que soy mexicanocon decirte que me podría haber naturalizado hace muchos años y aún no lo he hecho.

Ahora que mis hijos acaban de entrar a la edad adulta, en principio podría decidir solo para mí. Por otro lado, México ya no es el país que dejé en los años de “la renovación moral” (menuda maldición caldea que resultó ser la frasecita), y a mi edad irse a buscar la vida en un país revuelto donde uno no maneja con desenvoltura las mecánicas sociales ya no es tan fácil. De todas formas no descarto la posibilidad, he vivido en tantos lugares sin haberlo planeado yo, que quizás en mi caso el mejor plan es no tener un plan. Igual en un futuro no muy distante ya estoy allá disfrutando lo que ahora añoro y añorando un poco lo que ahora tengo aquí.

[Foto: AP]

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