[Sobre la nueva entrega de Quentin Tarantino.]

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He seguido a lo largo de los años la producción cinematográfica de Quentin Tarantino (1963), ya que la juzgo arriesgada y provocativa. Django Unchained (2012) continúa una secuencia de homenajes al spaguetti western y a películas serie “B” a través de la figura de Django, célebre personaje de los años setenta y del cual muy pocos cinéfilos jóvenes habían escuchado.

La película es la historia de un rescate y de una venganza. Django vuelve por su mujer y consuma una matanza para vengar el abuso de algunos blancos en una Norteamérica que aún buscaba su rostro. Estamos en 1858, en algún lugar de Texas. La esclavitud aún está vigente y los tratantes de personas imponen su ley. Las variaciones al tema del héroe y la gesta heroica tienen otra parada en este filme. La secuencia de pruebas de coraje y desprendimiento se suceden y al final el héroe logra la hazaña, que será recordada por generaciones.

Tarantino confiesa la ruta del filme al invitar a Franco Nero (1941) y Luis Bacalov al proyecto. El primero interpretó a Django en la versión de 1966, además de actuar en tantísimos filmes. Y Bacalov (1933), por su parte, compuso la banda sonora de varios filmes imperdibles, entre ellos varios westerns.

Puede o no gustar el cine de Tarantino, pero cada entrega se ha vuelto una cátedra de estilo. Los homenajes están a la vista, aunque es necesario que el espectador haya visto algunos títulos emblemáticos del western para establecer la conexión y así detectar en dónde Taratino mueve las cuerdas. De no ser así, parecerá un filme sangriento a secas, incluso plagado de lugares comunes. Que lo es, pero de una forma mañosa. Y es en esa línea de fondo en donde brinca la pericia que Tarantino ha ganado para recrear el discurso cinematográfico a partir de sus obsesiones y preferencias como cinéfilo.

Ahora bien, parte de los aciertos es traer de nuevo, con eficacia, la esencia del western: personajes al límite y maniqueos en su andar; la poética polvosa del desierto y el sudor; el recorrido picaresco del héroe, que avanza cruzando pruebas. Pero, sobre todo, la construcción de diálogos, que deben ser irrefutables y subversivos. Aquí se logra. Django Unchained se antoja una excelente puerta de entrada para esa constelación algo envejecida del viejo oeste. Ya que incluso aquéllos títulos indispensables con Clint Eastwood apenas se ven en los videoclubes. Tarantino, entonces, nos invita a ver un cine que le apasiona.

Luego de relaborar la película de setentera de artes marciales con Kill Bill 1 y 2 (2003-2004) y de vehículos musculosos ochenteros en Death Proof (2007), y antes la de vampiros serie “B” con From Dusk till Dawn (1996)—el guión es suyo aunque la dirigió Robert Rodriguez—, Tarantino encuentra su medio de expresión en el remake personal en donde las variaciones y guiños para el enterado son el core de una propuesta que gana autonomía con cada entrega.

Tarantino o el uso práctico del homenaje y la apropiación, finalmente.

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Twitter: @LBugarini