[En la serie "Los emigrados", esta conversación con el sevillano Nacho Bengoetxea, residente en México.]

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—¿Por qué emigrar y por qué elegir a México como destino?

Nunca me propuse emigrar, tal cual. Hace años hubo una Exposición Universal en Sevilla—hará más de veinte años— y eso me cambió la vida. Los pabellones de diferentes países, más de 120 representados, me inquietaron, apenas tenía ocho años. Entonces quise conocer mundo. El primer pabellón que visité y que llamó mi atención fue el alemán, una especie de platillo volador gigante que tenía un trozo del muro de Berlín, que se había caído recientemente. Casual y curiosamente el primer lugar al que emigré fue Alemania. Estuve en Stuttgart un año. Y ya no quise regresar a España, aunque todavía no había estallado la crisis inmobiliaria tal como ahora la conocemos. Mi segundo destino fue México. Recuerdo que su pabellón era enorme, una equis gigante que se mantuvo ahí después de la Expo 92, frente a la facultad de Comunicación, donde estudié. Quería conocer Latinoamérica y México me pareció el mejor inicio. Así fue.

—¿Por qué las coordenadas te llevaron a México?

Llegué a México con una beca de trabajo, unas prácticas que solicité desde Sevilla. Y llegué a Córdoba, Veracruz, en un primer momento. Llegué a trabajar y de ahí hacia Ciudad de México, y no he parado.

—¿Tuviste una sensación de similitud entre Veracruz y Sevilla, o son mundos distintos?

México es un país muy mestizo. Cruce entre la cultura prehispánica, española y norteamericana. Veracruz me recordó “físicamente” a Cádiz, primero, y luego a La Habana. No he encontrado parecidos con Sevilla porque creo que es una ciudad muy personal. En el folclore si existen similitudes. El baile jarocho me recordó ciertas prácticas andaluzas, como el taconeo de las mujeres o sus vestidos, con formas de olas o volantes. En el lado opuesto llamó mi atención que México no cuida sus ríos. Los tiene relegados. En Sevilla en Guadalquivir es primordial. Las ciudades grandes de Europa se vertebran a lo largo de un río, y éstos a su vez no se entienden sin ellas. París y el Sena, Londres y el Támesis, Budapest y el Danubio, Oporto y el Duero… en México los han tapado para construir carreteras para los autos.

—¿Cómo ha sido tu proceso de integración al escenario laboral? ¿Cuál ha sido tu experiencia con las autoridades migratorias mexicanas?

Vengo de Europa y hay mucha diferencia. Me han tratado bien, en lo general. Muy diferente a los centroamericanos. Por ejemplo, una vez entre Jonacatepec y Cuautla me pararon los oficiales de migración y solo con mi identificación española (DNI), me dejaron pasar. Nunca había tenido problemas para actualizar papeles, pero parece que han cambiado las cosas en el Instituto Nacional de Migración. Los trámites anuncian que duran unas 5 semanas, actualmente he tenido que esperar más de las 5 semanas para el primer paso. Comentan que han reducido los funcionarios que trabajan ahí.

El problema surgió porque salí de México y sin la forma migratoria (que ahora tiene otro nombre) no podía salir del país, me encontraba encerrado y tuve que pedir un permiso especial. A pesar de pedirlo con más de una semana de antelación me lo dieron menos de veinticuatro horas antes de mi vuelo. Me presenté en la oficina del INM por mí mismo, viajaba el veintiocho de marzo, el aviso de que estaba resuelto me llegó el treinta de marzo. Es una angustia porque no puedes luchar contra tal aparato burocratizador. Es un gigante donde te pierdes. Y el trámite es caro, he de decir. Más de tres mil pesos. Un paso hacia atrás en el discurso de apertura. Algo burocrático.

—Eres un viajero consumado, por lo que veo. ¿Hay algún viaje que te haya revelado algo, en particular?

Hice tres viajes que me marcaron. Primero Stuttgart, en donde estuve un año. La perspectiva cambia de lo que es un viaje de turismo a un viaje de residencia, que cambia todas las dimensiones de una persona. Luego Córdoba, Veracruz. Y confirmo que hay dos Méxicos, como dicen. Desde la provincia las diferencias se antojan lacerantes. Hay mucho centralismo en el Distrito Federal. No circulan noticias de otros estados. Apenas algo, de repente. Hechos de violencia. El otro viaje fue La Habana, Cuba. Quería ver las cenizas del experimento socialista, porque los medios distorsionan la realidad. La presentan a través de una perspectiva. Hay que ver los fenómenos sociales de primera mano.

—El PRI está de vuelta en el poder en México. ¿Cómo se ve desde fuera esta victoria?

Es lo mismo en todas partes. Todos los partidos son pragmáticos y se regeneran considerando las circunstancias. Cuando el PRI esté mal llegará el otro partido para alivio de los votantes que aún creen en la democracia. La historia de siempre.

—¿Cuáles son tus planes a corto y largo plazo?

A corto plazo seguiré en México, aunque mi ciclo está próximo a terminar. Quizá seguiré a Sudamérica o Australia. Pero el escenario es más bien difuso. Ahora recuerdo aquel poema de Luis Cernuda, El peregrino, en donde refiere esa condición transitoria. Y lo siento muy cerca, al menos ahora. Volver es el “camino fácil”. Lo que busco es enriquecer la experiencia y ampliar la perspectiva de lo que pasa en el mundo.

—¿Cuál es tu opinión de los medios de comunicación en la actualidad?

Hay periodistas muy buenos. Está John Lee Anderson, por ejemplo. O Alma Guillermo Prieto en México. Alberto Arce o Alberto Rojas de España… o proyectos interesantes como Periodismo Humano. Percibo muchas diferencias entre España y México. Se pone demasiado énfasis en lo digital y no en lo que está pasando. Tuiter se ha vuelto un medio de referencia y no salen a contrastar. No dan seguimiento. Con esto pierden credibilidad. Y la guerra de partidos cansa al público. Las redes sociales están ampliando su rango de influencia. Hay quien dice que el periodismo de papel será “elitista” y estoy de acuerdo con esta idea. Tampoco no se valora el periodismo por parte de los lectores. No les interesa el trabajo que lleva armar una nota o una crónica. El periodismo se ha vuelto endogámico y el resultado es que no es posible anticipar una crisis. Se informa después de presentarse y esto no ayuda a paliar ni las causas ni los efectos.

—¿Qué está sucediendo en tuiter? ¿Cuál es tu opinión de esta nueva forma de interacción?

Soy comunicólogo y la juzgo una herramienta muy valiosa. Sirve para conocer personas y ampliar grupos de interés. El problema es cuando inician las ciberdependencias. Lo que me interesa es lo que está sucediendo en el medio digital. Ahí se corre el riesgo de la descontextualización. Pero es una educación y se avanza lento. Y cada vez nos estamos volviendo más solos. Con una computadora nos sentimos acompañados, lo cual es paradójico. Una computadora no sabe dar abrazos, por ejemplo.

—¿Qué pasó en España, respecto a la crisis? ¿Cómo lee tu generación esta primera mala sorpresa del siglo que amanece?

Hay una crisis muy grave. Los políticos están en la bancarrota moral. La Unión Europea ayudó a España con los Fondos de Cohesión, pero hay falta de educación y moral. Aunque supongo que son las fallas de un sistema democrático. Pero la crisis también tiene que ver con el dinamismo del entorno internacional, y eso no se controla desde Europa. Veremos qué sucede.

[Fotografía de NB.]

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Twitter: @Luis_Bugarini