[En el Atelier de Letras esta charla con Elizabeth Hulverson, quien publicó Pliegues (2013) en Casa Editorial Abismos.]

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—¿Cuál es la historia de Pliegues?

El libro está dividido en dos partes. La primera es una serie de haikus (Raptos). La segunda es un poema largo, formado por una serie de poemas ligados, entre verso libre y prosa poética (Ella). Escribí primero los haikus. Luego decidí unirlos por este juego entre la cuestión medida, y las combinaciones más libres que surgieron en Ella. Originalmente no fue concebido como un libro, pero después percibí que ambas partes podían unirse.

—Leí Péndulo, tu poemario anterior. Da la impresión de que trabajas tu poesía de una manera muy pausada, con atención a la forma. ¿Es una impresión de lector o esta apreciación es verídica?

Así es. Para mí la forma es prioritaria. Escribo los poemas de un jalón, pero me tomo mi tiempo para trabajarlos y reescribirlos. Me interesa la música del poema. Busco el ritmo visual, la disposición en la página. Esta es una parte importante de mi labor como poeta. Persigo un equilibrio entre lo que digo y cómo lo digo.

—La poesía es una de las expresiones más sensoriales de la expresión artística, y luego de leer Pliegues detecto que hay una preocupación personal sobre la geografía del cuerpo. ¿Es correcto?

Sí. Esa es otra de mis obsesiones: el cuerpo. Todos escribimos a partir del cuerpo. Es el punto de partida. El cuerpo lo vive todo. No sólo es un asunto erótico o sensual-sexual. También impacta la escritura, y luego busco una identificación de la palabra con el cuerpo, que puede ser masculino o femenino.

—¿Es posible pensar en Pliegues como un libro de poesía erótica?

Es posible, claro. Para empezar, Raptos es una serie fálica. Está pensada para leer leída desde esas coordenadas.Y en Ella es el juego del “yo” poético con su propio cuerpo y con el cuerpo del otro.

—¿Cómo escribes tu poesía? ¿Tienes alguna manía para escribir?

Tengo algunas manías: escribo a mano, con lapicero o lápiz y en un cuaderno. Preferentemente en la tarde o en la noche. Pero ése es un asunto de concentración. En la mañana hago otros asuntos.

—Tienes tres libros de poemas, todos muy espaciados. ¿A qué se debe esta situación?

Piel a la sombra se publicó en 1987, es una colección de poemas. A la distancia me parece que le falta unidad. Fue casi una edición de autor, que se publicó con Federación Editorial Mexicana. Péndulo se publicó en Praxis en 2002. Lo trabajé durante tres años, aproximadamente. Soy muy maniática, y escribo más de lo que publico. Para que saque algo a la luz debo estar muy convencida. Soy muy crítica con mi trabajo. No soy insegura pero tampoco ligera.

—No es inusual que los autores mexicanos practiquen el haiku. Llama la atención, en tu caso, que sean de acento erótico. ¿Cómo se inicia este binomio?

Se inicia con mis lecturas de Tablada. Fue la clave. Me interesan las formas clásicas. Por otro lado, quería escribir unos poemas fálicos. No sé si fue reto, pero no me costó mucho trabajo. Salieron naturales. Disfruto la imagen que crea. Las instantáneas. Su relación con el orgasmo, que es un instante.

—Sé de tu pasión por las artes pláticas. ¿Piensas en términos visuales antes que de forma escrita? ¿Cuál es tu relación con la poesía y las artes plásticas?

Es una pregunta muy difícil. Disfruto la pintura abstracta…

—Que es muy cercana a la poesía…

Así es. Disfruto acomodar el verso para que se lea de cierta forma. La disposición gráfica del verso. Como en los Caligramas de Apollinaire. Uno de los primeros libros de poesía que leí fue Poesía en movimiento, en donde vienen poemas de José Juan Tablada. Desde ahí recuerdo mi fascinación por la relación entre expresión gráfica y poesía.

—¿En dónde te sientes más cómoda, en el verso libre o en el medido?

En Pliegues hay verso medido, libre y prosa poética. Disfruto jugar con las dos vertientes. No creo que vuelva a repetir la forma del haiku. Seguiré con el verso libre. También juego con la música del poema.

—¿Qué lugar ocupa la música en tu forma de ejercer el acto poético?

Soy muy musical, pero no necesariamente escucho música cuando escribo. En ocasiones, me estorba… Depende de la etapa creativa en la que me encuentre. Por otro lado, bailo mucho, a la menor provocación. Es una celebración del cuerpo. Tengo una relación muy libre con el cuerpo.

—Además de la poesía, ¿exploras otros registros literarios?

Hace años hice reseña. Ensayo sobre artes plásticas. La narrativa me parece muy difícil. Ni siquiera la intento. Yo me muevo en la poesía y ahí me quedo.

—¿Cuál es tu relación con el feminismo?

Ninguna. Yo escribo. Dejo ir la pluma. Pero Pliegues tiene un acento de mujer, naturalmente. Si la poesía parte del cuerpo es entendible. No me interesan las cuestiones de género. Leo a Rosario Castellanos, Elsa Cross, Malva Flores, Silvia Plath y otras escritoras, pero no desde coordenadas específicas. Son buenas poetas. Hay buena poesía o no la hay.

—¿Qué estás escribiendo ahora?

Tengo un libro terminado que no versa directamente sobre el cuerpo. Ya está escrito, pero falta ordenarlo. Es un libro sobre la muerte y el silencio, cuyo título tentativo es El resplandor de lo vacío; lo empecé en 2009. Le estoy dando los últimos toques. Y luego a buscar editor.

la foto

[Foto proporcionada por la autora.]

Nacida en la Ciudad de México, Elizabeth Hulverson es licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana, con especialidad en Estética. Ha colaborado en diversas revistas, como Tierra Adentro, La Jornada Semanal, Estudios, Los Universitarios, y Poesía y Poética, al igual que en la publicación en línea elhorizontal.com, con textos sobre arte y literatura. Ha publicado tres poemarios: Piel a la sombra (Federación Editorial Mexicana, 1987) y Péndulo (Praxis, 2002) y Pliegues (Casa Editorial Abismos, 2013). Sus poemas han sido incluidos en las antologías Un ojo en el muro / An Eye Through the Wall, Mexican Poetry 1970-1985 (Tooth of Times Books, 1987, edición bilingüe) y Mujeres poetas de México, 1940-1965 (Atemporia, 2008).

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Twitter: @Luis_Bugarini