El otorgamiento a John Banville del premio Príncipe de Asturias de Letras 2014, será motivo de celebración para los lectores apasionados por la prosa de manufactura finísima. También es una ocasión de festejo para los autores que apuestan por una escritura al margen de las tramas de actualidad y sus vericuetos. En su tarea narrativa se eleva la temperatura, hasta el punto de la fiebre, pero el autor irlandés mantiene su contención ante las premuras y desaliños de la urgencia editorial. Es un dique puesto en medio de un río de cauce revuelto, y desde ahí lo leemos.

Su labor es un proyecto narrativo que exige del lector atención y una pausa al trajín de actividades. Para leerlo hay que contener la respiración y bucear. Los referentes son vaporosos y las tramas complejas. Bastarían El libro de las pruebas (1989), El Intocable (1997) o El mar (2005), para confirmar que es posible tejer una obra capaz de retar a los lectores y no, como sucede, hacer concesiones ante la facilidad y la producción urgente. Si Banville es grafómano, lo disimula al dedillo. Sus libros son palpitaciones en la librería. De pronto hay uno y otro, siguiendo una lógica azarosa, y se confiesan habituales de los recovecos que sólo visita el profesional de la curiosidad. Con suerte, la concesión del premio pondrá su nombre en el centro de la lengua española, y otros lectores tendrán acceso a su literatura.

Su pasión por la novela negra hizo que en sus historias destelle un halo misterio desde que se inicia la lectura. Conocedor del género, el autor irlandés es habilidoso para domesticar la fórmula y ponerla en el suelo de pecho abierto. Es un autor cuyos libros se han pasado de mano en mano, a lo largo de los años, no obstante estar traducido en editoriales de alto impacto. Su trayectoria como autor premiado es larga, por otro lado. La lengua inglesa exhibe su vitalidad con la obra de un autor imperdible. Llegó la hora de leer a John Banville, terminar de leerlo o releerlo, de ser el caso. En Asturias aún se premia a la tensión narrativa y a la forma como anticipación de un sitio desconocido y magnético. Enhorabuena. Aquí el grano del Acta del jurado:

La prosa de John Banville se abre a deslumbrantes espacios líricos a través de referencias culturales donde se revitalizan los mitos clásicos y la belleza va de la mano de la ironía. Al mismo tiempo, muestra un análisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial. Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano.

Oviedo, 4 de junio de 2014