[Una conversación con el escritor de origen cubano, nacionalizado mexicano, Roger Vilar, con motivo de la publicación de su libro Habitantes de la noche (De otro tipo Editorial, 2014).]

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—La nota roja existe confinada a publicaciones de bajo perfil, mayormente, pero ahora algunos narradores se acercan a ella con ojos distintos. ¿Qué tanto permea a la literatura actual?

Parece ser que la nota roja permea a la literatura actual mucho. Hay varios libros, novelas, al respecto. Me vienen a la mente dos: Las mujeres matan mejor, de Omar Nieto, y Señorita Vodka, de Susana Iglesias. Las razones del acercamiento de los escritores a la nota roja pueden ser varias. Ha aumentado ostensiblemente la violencia en México en los últimos veinte años, entonces no es tanto un acercamiento a la nota roja, como a la realidad nacional. Otra razón puede ser que muchos escritores actuales han sido periodistas y reporteros, y se antoja usar tu experiencia real para escribir ficción. La nota roja es, en pequeño formato, el drama de la vida. Se puede ampliar y novelar. El mayor ejemplo que conozco es A sangre fría, de Truman Capote. Y por último: resulta interesante apropiarse de otro discurso, el de la nota roja, y llevarlo hacia un metadiscurso literario.

 

—El periodismo nutre a los escritores. ¿Cuál ha sido tu experiencia como practicante del oficio?

El periodismo es un oficio duro y a veces esclavizante, peligroso, puedes perder la vida en él. Yo fui reportero de nota roja porque fue el trabajo que apareció en ese momento, y no podía vivir de la nada, de lo contrario nunca hubiera sido reportero de nota roja. Sin embargo, al paso del tiempo, al mirar atrás, he recogido la parte positiva de esa experiencia. ¿Cuál es? Una increíble cantidad de historias dramáticas e insólitas. Cuando pasa el trauma de la cobertura y el peligro real, cuando has olvidado un poco la tensión, entonces ya puedes poner esas historias en función de la literatura.

 

Habitantes de la noche, tu libro más reciente, explora los recovecos de una urbe cruel y tristísima, dolorida y gozosa: la Ciudad de México. ¿Cómo surge el libro?

Yo fui reportero nocturno en el Distrito Federal por parte del periódico Reforma. Fue en mil novecientos noventa y nueve, creo, fue breve, cuatro meses. El resto del tiempo fui reportero diurno. Bien, las experiencias de un reportero nocturno en la Ciudad de México son bastante alucinantes. Ocurre una cosa detrás de la otra en una ciudad, a esa hora, muy solitaria. Entonces los hechos adquieren una especie de halo fantasmal, y el reportero vive todo eso. Yo quise en Habitantes darle vida a un reportero nocturno, en primer lugar basado en mis experiencias, pero también en las de otros.

 

—En el libro hay un reportero: Mario Ribalta, una suerte de investigador metafísico. ¿Qué tanto tu historia de reportero influyó su creación?

Si, el personaje principal, Mario Ribalta, es un individuo que se adentra en ciertas realidades trascendentes de los seres humanos, aunque lo hace de manera enfermiza. Ribalta se pone en lugar de Dios al ofrecer al escritor Joseph Alda, una “gloria”, una fama, un éxito como literato. También Ribalta se pone en lugar, o encarna, al demonio, a las potencias del infierno, al tentar continuamente a Joseph Alda para que cometa un crimen atroz. Ribalta trata de lograr un nivel metafísico de escritura de la realidad. Nivel 1: sus reportajes. Nivel 2: los escritos de Joseph. Nivel 3: la manipulación por parte de Ribalta de la realidad de Joseph. O sea, Ribalta intenta crear la realidad, “reescribir” los hechos. Hacer que sucedan a su antojo para llegar al Nivel 4. Nivel 4: reportaje sobre la realidad que el mismo ha provocado.

 

—Me pareció significativo el personaje de Mario Ribalta. Estamos acostumbrados al periodista cínico y mujeriego, vago y con una vida familiar maltrecha. Él es un místico que ejerce un oficio estrambótico. Creí distinguir algunos párrafos sobre la experiencia interior y, de paso, se menciona el Castillo Interior de Santa Teresa de Jesús. ¿Te interesa la mística y la trascendencia?

Sí. Son lecturas que he ejercido con verdadero placer. Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Kempis. Y también algunas lecturas de místicas orientales, sobre todo, el taoísmo.

 

—¿Qué tanto se romantiza la vida del reportero de nota roja? ¿Qué cualidades debe tener el aspirante a ejercerla?

En el librose romantiza la vida del reportero de nota roja al dotar a Mario Ribalta de una búsqueda metafísica que no es usual encontrar en este tipo de reporteros, pero tampoco imposible. Su desconexión con el pasado, el hecho de no poder recordar su vida, el ser un átomo aprisionado en el presente, es también una romantización. Quizás hay un cincuenta por ciento de romantización en Ribalta. Ahora bien, el aspirante a reportero de nota roja debe de tener una gran dosis de frialdad y pragmatismo. (Además, no haber encontrado trabajo en otras fuentes: política, cultura, deportes, etc.)

 

—Hay una constante sensación alucinatoria a lo largo del libro. La secuencia de eventos termina por desconcertar. Noquea al lector, en el sentido cortazariano del término. ¿Cuánto tiempo tardó la escritura del libro?

Tardé en escribirlo unos siete meses. Luego vino un tiempo de revisión. Entonces yo creo que un año en total.

 

—Una ciudad está formada por pliegues de metarealidad. ¿Qué habita en la noche cuyo magnetismo no caduca?

Parece ser que en la noche las pasiones humanas se exaltan. Llegan a un punto álgido. La oscuridad otorga misterio a todo lo que se hace. Por eso la noche es el recipiente de vampiros, hombres lobos, y otros monstruos. El propio Joseph Alda tiene una apariencia muy parecida al Nosferatu de F. W. Murnau. Es un palimpsesto de este monstruo. Mario Ribalta también es un remedo de vampiro, no resiste la luz del día, pero además, no produce historias propias, se alimenta de las historias de los otros, en una especie de vampirismo intelectual.

 

—¿Qué lecturas alimentaron la escritura de la novela?

No sabría responder con exactitud las lecturas que alimentan esta novela, pero sí las que me alimentan a mí. Dostoievsky, Proust, Carpentier, Lovecraft, Cabrera Infante, Clarice Lispector, José Lezama Lima, Kafka, Borges, Juan Rulfo, entre otros. El expresionismo alemán, en su aspecto cinematográfico, tiene que ver mucho con esta novela, o por lo menos eso intenté.

 

—La literatura fantástica gana reconocimiento, incluso para el lector más exquisito. ¿Es posible leer este libro como un libro fantástico?

Habitantes de la noche se nutre de eventos reales. Sin embargo, el tratamiento de las atmósferas es el típico de los relatos fantásticos. Yo uso mucho los tratamientos de Alejo Carpentier, sobre todo los tratamientos que él usó en cuentos como Viaje a la semilla. Si es posible leerlo como un libro fantástico, pese a que sus eventos están extraídos de la realidad. El escritor, Joseph Alda, está basado en una cobertura del dos mil siete (no la hice yo, pero la leí toda), sobre el caso del llamado “Caníbal de la Guerrero”, José Luis Calva, escritor frustrado, el cual se suicidó en el reclusorio.

Aquí entraría bien la pregunta sobre los libros que nutren Habitantes. Habría que hablar de Thomas Harris y de su libro The Silence of the Lambs, libro que yo no he leído, pero que evidentemente si leyó José Luis Calva (seguramente vio la película también), pues la psicopatía del “Caníbal de la Guerrero”, está edificada, o toma carne, a partir de ese libro.

 

—Eres un escritor de origen cubano, nacionalizado mexicano y afincado en este país. ¿Qué se ha filtrado de México en tu escritura?

De México se ha filtrado mucho. Lo principal son los temas. Cada día abordo más temas mexicanos, por una razón sencilla: son temas que me atañen, vivo inmerso en ellos. Probablemente soy el cubano que más conoce el Distrito Federal, desde sus zonas más lujosas hasta los tugurios más miserables. Eso me lo ha dado el haber sido reportero de El Reforma y Milenio Diario. Por otra parte hay escritores mexicanos que son icónicos para mí, puedo citar cuatro: Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Fernando del Paso.

 

—Llama la atención en Habitantes el lenguaje estilizado y desprovisto de amaneramientos. Se puede leer desde cualquier coordenada del español. ¿Hay una intención específica de no incluir cubanismos o mexicanismos?

Si, la hay. Pretendo escribir en un castellano universal. Los cubanismos o mexicanismos pueden hacer tropezar al lector de otras latitudes. Además, luego de muchos años de trabajar en los medios de comunicaciones he comprendido eso: por encima de todo hay que comunicar, y los localismos obstaculizan la comunicación.

 

—¿Por qué venir a México, finalmente?

Muy sencillo, estuve casado con una mexicana diez años. Por eso vine a México. Sin embargo, si hubiera tenido que elegir algún país de América Latina creo que hubiera elegido libremente a México, porque desde mis años universitarios en Cuba sentía gran admiración por la tradición cultural de este país. En particular me fascina el arte maya y la arquitectura virreinal. La otra razón para venir a México fue la dictadura que sufre mi país. Soy parte de los millones de cubanos que han huido de la miseria y la falta de libertades instaurada por los hermanos Castro.

 

—¿Cómo ha sido tu proceso de integración a la vida literaria mexicana?

Ha sido lento y trabajoso. No tengo muchos contactos. Soy una persona que se ha movido más en los medios de comunicación, donde realmente tengo muchos conocidos y amigos. Pero en el mundo literario no conozco mucha gente, y eso es primordial.

 

—¿Lees autores cubanos en la isla o el exilio? ¿Quién te parece que tiene una voz reconocible en la actualidad?

Si leo autores cubanos. A mí me parece que la voz más reconocible es Leonardo Padura. Me pareció magistral su novela El hombre que amaba a los perros. De los exiliados, el poeta José Kozer me parece el escritor más paradigmático.

vilar

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