[En el Atelier de Letras, esta conversación con la poeta Mariana Bernárdez, quien recientemente publicó Nervadura del relámpago.]

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―¿Aún está vigente la mística?

Referir el tema de la mística provoca siempre incertezas, no hay palabra lo suficientemente justa ni cuidadosa para abordarlo. Hablar de vigencia me parece tornarla en un producto más, si algo no está al día ni a la altura de los tiempos, se desecha. La cuestión del vínculo entre el hombre y lo sagrado, y su tratamiento, ha sido seguido y perseguido por siglos. Recuerdo autores memorables como Kierkegaard, Unamuno, Otto, Murena, Eliade, Guenón, Stein, entre tantísimos otros, y lo menciono porque en la base subyace una pregunta que sabemos de antemano carece de respuestas. Quizá lo que más inquiete es la ruptura de las formas de dicho vínculo y con ello la pérdida de pertenencia y de acceso a la Realidad como ens realissimus (aludo al término de María Zambrano en El hombre y lo divino).

 

―¿Es una vivencia accesible a cualquier persona?

De instancia, y siguiendo la tradición de la mística española, se respondería que sí, que es una experiencia accesible a todos, pero mentiría si dijera que he tenido alguna. Teresa Guardans en La verdad del silencio. Por los caminos del asombro, refiere el término de “mirada maravillada” refiriéndose a la lucidez asombrada que ocurre en la experiencia cotidiana y limítrofe. La experiencia de religación, creo pudiera ser común a todos los hombres, pero de afirmarlo, se entraría en otros umbrales, pues de aceptarlo cómo explicar la violencia o la historia sacrificial, salvo que se aceptara que también la oscuridad de lo terrible es otra manifestación del mencionado vínculo.

 

―¿Cuál es la relación de la mística con la poesía?

Se ha entendido que la poesía es el receptáculo de dicha experiencia, y cuando menciono la palabra receptáculo, es porque se vierte en ella, a fin de encontrar los medios de expresión para algo que rebasa la naturaleza propia del habla. Se necesita del arte del lenguaje roto y hendido, que parte de la imposibilidad, para dar salida a una totalidad que exige en su mostración el ser pronunciada en su completitud. De la astilla al borde, pareciera ser el camino del lenguaje místico en la poesía, pero quizá ello sea aventurado…

 

―¿Consideras que tu poesía es mística? ¿Ha nutrido tu poética en alguna forma?

No considero que mi poesía sea mística porque nunca he tenido una experiencia de lo divino. Lo que he tenido es una experiencia poética y de ahí parto para escribir y para vivir. La lectura de poetas místicos es obligada, como obligada también es la de los no-místicos. Se trata de abrirse al pulso que alienta la poesía, la cerrazón es un angostura que poco ayuda a comprender la vastedad del mundo. Leer y escribir son los rostros de una misma moneda, ¿y para qué se quiere el talego?, retomando a los griegos, ¿de qué otro modo pagar el peaje para cruzar el bardo al lugar de los muertos?

 

―¿Qué opinas de la poesía que se escribe actualmente en México?

La Antología de poesía mexicana realizada por Juan Domingo Arguelles es una muestra de que la poesía en México es parte del complejísimo mosaico cultural del país. Creo que la poesía refleja la altura de los tiempos y recoge la historia viva, la enmarcada en el ámbito íntimo de lo cotidiano, y en lo personal me da un sentido positivo de esperanza el saberla tan bien “semillada”.

 

―¿Lees poesía mexicana?

Y francesa, italiana, griega, inglesa, latinoamericana…, leer para leerse.

 

―¿Te interesa la poesía conceptual/experimental? ¿La has intentado?

Me interesa la poesía, me parecen desafortunadas las clasificaciones al escribir, ¿hay alguna poesía carente de concepción o de experimentación?, habría que revisar de nueva cuenta qué significa este campo semántico de experimentar como un “haber experiencia”, o de experimentar como una experiencia experimental…

 

―Se escribe mucha poesía narrativa con apenas interés formal. ¿Qué opinas de las nuevas formas poéticas?

Con frecuencia nos preguntamos cuál es el alcance en este tipo de propuesta, o qué es lo que se busca en esa transgresión de géneros, ¿la expansión de la propia forma, la reinvención?, ¿la apertura necesaria para poder expresar lo que se vive a través de la insuficiencia del lenguaje? ¿Se busca responder a un agotamiento o es el propio agotamiento el que lleva a romper y des-sujetarse para volver a articular un sentido? No es fácil atinar a una respuesta porque no tenemos la distancia suficiente para sopesar la magnitud de lo que ocurre. Lo que sí genera resquemor, en ocasiones, es la apatía por recorrer la geografía del lenguaje, ¿cómo ir más allá si se desconoce la periferia y el lindero?

 

―¿Cuáles son los escritores a los que regresas?

En un sentido práctico regreso a los libros que conforman mi pequeña biblioteca, pero hay autores que se vuelven un referente como Heráclito, Zenón de Elea, Platón, Sófocles, Alberti, Salinas, Hernández, Machado, Villaurrutia, Gorostiza, Unamuno, Jabes, Herbert, Eliade, Guenón, Michaux, Tournier, Borges, Garfias, Valery, Rimbaud, Huidobro, Zambrano, Grande, Colinas, Janes, Castellanos…, y con la necesaria pérdida de memoria, se me vuelve más necesario regresar al libro y abrir sus páginas para volver a conmoverme ante la historia del pensamiento.

 

―¿Es posible enseñar el oficio de la poesía?

Diría que el oficio sí, pero el asumir la vocación no.

 

―Se cumplieron ciento diez años del nacimiento de María Zambrano. ¿Cuál es la vigencia de su pensamiento?

No considero que haya pensamiento en desuso, diría que hay que leerla por múltiples motivos, pero quizá en estos días de terribles truenos, en estos tiempos aciagos, porque ella conoció como pocos el ojo del huracán y entendió que la defensa de la razón es la única alternativa contra la violencia.

 

 

Mariana Bernárdez (Ciudad de México, 1964) es poeta. Su último libro es Nervadura del relámpago. México: FOEM. 2013. 87 pp.

 

Nervadura del relámpago-MBernárdez

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