Mi generación fue una de las últimas en acudir a la papelería para comprar una monografía, a efecto de terminar la tarea. La información que veía impresa al reverso era el punto de referencia del evento en cuestión: hechos históricos, personajes célebres, países del mundo. Al igual que las viejas enciclopedias de varios tomos, o los compendios sintéticos como los de Larousse, han ido en desuso según se perfecciona la tecnología. Basta con abrir Google para que una referencia lleve a la otra para terminar, casi de manera fatal, en algún enlace que nos conduzca a la Wikipedia.

Imagino que los productores de estas monografías habrán descendido. La forma de instruir la tarea por parte de los docentes, cambia. ¿Cómo inducir un acercamiento de los individuos al conocimiento? Con la extinción de estas monografías se pierde un registro del arte popular. Manos anónimas daban sustento gráfico a los “vicios”, la “bandera”, los “mexicanos” o la “Revolución Mexicana”. Con una estética levemente más afinada que la de los exvotos, las monografías se despiden de nuestro presente. Pronto serán otro producto vintage. Al investigar sobre la revolución rusa, por ejemplo, ya no es necesario adquirir un retrato mal imitado de los límites soviéticos. Basta con teclear su nombre en los motores de búsqueda, para que aparezcan muchas más imágenes de las que se podrían tolerar en el espacio de un mes. Algunas perturbadoras, incluso.

 

Stalin

[Stalin sostiene a la Nueva Rusia]

 

Parte del ritual era recórtalas y además hacerlo bien. La maestra utilizaría aquella pluma roja de punto grueso para marcar la nota sobre la hoja que sería un recordatorio del correr histórico. Porque la realidad nacional eran aquellas monografías. Lo que aparecía en ellas era lo digno de recordar. Una secuencia de hitos con el nihil obstat de la historia oficial. ¿Se hizo alguna del alzamiento zapatista? ¿O de las matanzas del dos de octubre o Acteal? La representación de la muerte no es apta para menores, y las que retrataban a los antiguos aztecas siempre lo hacían en posturas de garbo indiscutible.

Se extinguen las monografías aunque esa caries que es la tarea estira los brazos para salvarse. Los docentes y/o quienes idean los programas escolares, aún suponen que atormentar a los alumnos por la tarde aporta beneficios inmediatos. Pero la tarea se hace de mala gana (si es que se hace) y además con sueño, pues los niños y jóvenes entran muy temprano a la escuela y los tesoros del entretenimiento son infinitos.

¿También se perderán los muebles que las guardan? Esos contenedores altos, de madera, con espacios pequeños horizontales de los cuales la persona que atiende extrae sin equivocarse justo la monografía que le pedimos? Encontré uno de ellos en un mercado de segunda mano. Era un objeto de un tiempo remoto, inexplicable y vistoso. Una pareja de extranjeros lo compró horas después. Quizá incorporarían el objeto a una instalación o a otra expresión de arte actual. Parecía salido de un pasado legendario.

 

viciosjuveniles

[Alerta máxima]

 

Este asunto de las monografías nos devuelve a las cuatro preguntas de Kant: 1) ¿qué debo hacer? 2) ¿qué me está permitido esperar? 3) ¿qué es el hombre? 4) ¿qué puedo conocer? Tal como lo imaginaron los místicos, todo está conectado y tras el velo de la realidad que imaginamos inviolable, habita otra, telúrica y epidérmica, ilustrada con los cromos de una monografía. Y si bien debajo de cualquier escalera de papelería podría hallarse un aleph, no en cualquiera habrá la que tiene el rostro de todos los presidentes, previo a unas elecciones federales. El motivo es muy sencillo: recordar la historia patria podría insuflarnos la sabiduría necesaria para hacer la mejor elección en la boleta. Increíble que un país subsista a partir de convocar a la ciudadanía a marcar un papel con una equis, pero a esto le llaman “práctica civilizatoria”.

El poder infinito del mexicano para la parodia no ha rozado las monografías escolares, hasta donde tengo noticia. Acaso quien las elaboró de inicio las concibió como la parodia de un país arruinado y la tentativa se escapó de control, pues ahora son parte del imaginario nacional.