Ya no asisto a conciertos de rock porque el estruendo me produce dolor de cabeza. Padezco durante días un zumbido que no me abandona sino hasta después de varias aspirinas. Lo hice durante años y ya me cansé de hacerlo. En el último concierto al que asistí me ofrecieron acceder a la sección VIP por un monto superior, mismo que pagué. Ahí disfruté con mi acompañante de una botella de vino, servida en copas de cristal, y pudimos presenciar el concierto lejos de empujones y otras variantes del comunistarismo más extremo. Cada que terminaba una canción intentaba conversar con ella, lo cual se volvió imposible. Así que concluí que debíamos buscar otro sitio para platicar. Salimos antes del concierto para evitar el caos vial que se genera. Una sensación al despoblado cuando los demás siguen en el embeleso de los acordes y coros. De camino, puse el disco del grupo al que fuimos a ver, que sonaba mejor que en el concierto y además puedes ponerle pausa cuando lo estimas oportuno o repetir cualquier canción.

Aceptar este cambio de circunstancias con un pasado de punk y black metal, botas Dr. Martens y tatuajes alusivos a la pretendida rebeldía del rock and roll, no es fácil. Es otro reconocimiento del inexorable paso del tiempo. Imposible fechar en qué momento sucedió la transformación. Años atrás perdí dos dientes por entrar a un slam más violento que de costumbre. Igualmente, padecí una lesión en la cabeza porque alguien se arrojó del escenario y la hebilla de su cinturón me impactó en la frente. El glamour del rock no es sino otra ilusión a la que sobreponerse. Quizá en algún tiempo fue una seña de identidad. Ser rockero en los sesentas y serlo después del año dos mil, tiene diferencias insalvables. ¿Aún es necesario este modelo de trasgresor? Hay más rebeldía en las descargas piratas que en cantar contra el gobierno, así sea de manera rítmica.

 

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[The Osbournes: el oprobio]

 

Ozzy Osbourne mordió la cabeza de un murciélago en un concierto y se volvió un escándalo. Iron Maiden radicaliza el concepto de show y cada que se presenta monta una figura gigantesca de “Eddie”, lo que hace más divertida (¿?) su música. Parece necesario replantear la discursividad el rock para el nuevo siglo. La realidad que padecemos es insoportable en sí misma como para agregarle aún más elementos horribles. Las formas de la trasgresión requieren una cirugía plástica urgente. El rock ha perdido filo como navaja de la incomodidad juvenil. Se ha vuelto un producto complaciente y disimulado. La estética punk derivó en pop y los escritores de best-sellers adoptan temas obscuros, de corte gótico. Esta moderna perversidad inunda los escaparates y las vitrinas. Moderno diálogo familiar: “mamá, quiero ser un vampiro”.

Sucedió lo que me parecía imposible: desconfío del rock. The Sex Pistols acuñó la frase Cash from caos para referirse a esta modalidad de rockplotation, en donde se capitaliza el binomio necesario en el acto de ser una superestrella (músico/público). Por supuesto las virtudes de la música sobrevuelan el ánimo de quienes se visualizan gastando dinero a manos llenas. Abundan los Tony Montana que intentan fundarse a partir de acordes estridentes. Habrá quienes aún confían en las virtudes providenciales de una música con aliento de rebeldía. Las nuevas generaciones lo revitalizan todo, incluso los vicios de la generación anterior.

 

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[Tony con su guitarra]

 

Y no se piense que terminé en el lado opuesto y sólo disfruto la música de cámara y atonal. Tampoco acudo a esa modalidad de sala de conciertos. Quizá lo que se gastó es el modelo de reunión pública para celebrar un placer que admite ser disfrutado en soledad. ¿De qué otro modo escuchar a los grupos que ya no existen? El concierto genera la falsa sensación de intemporalidad. Metallica dejará de existir aún con la obstinación de sus integrantes/seguidores. Lo mismo otras bandas que han tocado por décadas y no tienen intención de abandonar los instrumentos. Los misterios de la producción esperan a todo músico, eventualmente, lo mismo que a los futbolistas aquellos de ser director técnico. Falta ver quién llega primero.