Fui de los pocos —poquísimos, sin contar a los productores— que lamenté la cancelación del programa Hasta en las mejores familias, en el año 2000. Programa que no ha sido reeditado para su venta en DVD, no obstante que sí encuentras otros más lamentables como La familia Peluche o La Escuelita VIP. En aquel momento, dicha cancelación se leyó como una victoria en contra del mal gusto, por parte del soplón que pide la “intervención” de la Secretaría de Gobernación.

En ese tiempo juzgué que no dieron el tiempo suficiente para presenciar el estrépito de su desplome. Carmen Salinas ya había tomado el timón del talkshow y sacó del aire a las otras tres conductoras que “moderaban” la secuencia de barbaridades: Fernanda Familiar, Jacqueline Arroyo y Talina Fernández. Su manejo fue excepcional y el grado del corrosión del programa era insólito. Imposible mirarlo sin sentir esa comezón que nos orilla a preguntarnos si permanecemos en el asiento o huimos.

El programa era una escena de arrabal y escándalos de vecindad. Su línea burlesque orbitaba en círculos carnavalescos y, una vez que aparecieron alienígenas y personas deformadas en la audiencia, llegaron al punto en que no había marcha atrás. Venía lo mejor aunque no dejaron que sucediera. El público mexicano sintió temor, entre ellos las autoridades, y bajaron el switch de un programa que ganó autonomía y marca personal. ¿De cuántos es posible decir algo semejante?

La televisión es capaz de erosionar el tejido social, nadie lo niega. La satanización el talkshow vuelve al centro del debate, en este caso con Laura Bozzo (Perú, 1951), comunicadora temeraria y confrontadora, boquifloja y resuelta, que ha logrado un espacio en la televisión mexicana y desde ahí fustiga a periodistas, políticos e individuos que se presentan de manera voluntaria a su programa.

Laura en América (1998-2000), producido en Perú, fue su primera incursión masiva en talkshow de escala hispanoamericana. La audiencia del programa era altísima. Laura de todos y Laura son los dos programas producidos en México que le dan notoriedad y mayor audiencia. Consolidan su posición como un comunicador especializado en talkshow de corte sentimental. Dudo que éste tipo de programas pierda popularidad, eventualmente. El retrato de la vida al natural siempre genera magnetismo.

Por otra parte, la televisión mexicana ha sido generosa con el talento de América Latina, y ha nutrido sus filas con actores y actrices de primer orden. De igual manera con cantantes y expertos en otras disciplinas artísticas, si bien jamás ha dejado de formar sus cuadros de fuerzas básicas. Con independencia del juicio general sobre la labor de Laura Bozzo, el asunto de su pedido de “expulsión” pone en peligro la libertad de expresión y trae a la mesa el alcance del artículo 33 constitucional, relativo a la salida de los extranjeros. Si bien la conductora peruana ha violado el artículo respecto a que los extranjeros “no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país” —habla con ligereza de partidos, políticos y demás (ver la entrevista de El Universal TV)—, volver al año 2000 sería un retroceso en la construcción de un país capaz de respetar la diferencia y los gustos más diversos. Y, no obstante, el brazo de la xenofobia intenta levantarse para poner en marcha iniciativas ciudadanas (buscar “Bozzo” en change.org: “¡Corran a Bozzo!” o “Persona non grata para el país”).

El talkshow es un excelente termómetro de la tolerancia ya que, en esencia, es un producto insoportable, de calidad nula. Es una escuela del descontrol y, ante eso, lo mejor es mantener la cabeza helada y los brazos quietos. Y no es, como pudiera pensarse, adoptar la máxima de “para el pueblo pan y circo”, pero los índices de audiencia podrían ser el reflejo más fiel del gusto colectivo. Equivaldría a prohibir las bebidas endulzadas porque no son saludables. Además, la comunicadora carece del poder necesario para hacer más daño a la sociedad mexicana del que ya se produce de manera endógena. Es un virus de gripe danzando en medio de los agentes de una neumonía terminal. Ejemplo: la fuga de un narcotraficante de un penal de “máxima seguridad” nos pone en ridículo frente a la comunidad internacional, lo que confirma nuestra incapacidad para mantener el control más elemental sobre la seguridad pública. Pongo el ejemplo más reciente, pero cada día es un amanecer al horror.

Laura Bozzo o quien venga —se reproducen que aterra— es lo de menos, finalmente. Basta pasar los ojos al paisaje.