[Una conversación con Marcos Daniel Aguilar sobre La terquedad de la esperanza. México: Universidad Autónoma de Nuevo León, 2015.]

 

—¿Por qué volver a Alfonso Reyes?

Creo que Alfonso Reyes nos sigue ofreciendo perspectivas para entender el México del siglo XXI en relación con el mundo. Desde temprana edad utilizó el ensayo literario para comprender y dar a conocer su visión de la vida individual y social. Utilizó al género para hacer una serie crítica de los sistemas ideológicos, económicos y religiosos que dirigen en muchas ocasiones los destinos de las personas. Previó al lado de sus compañeros del Ateneo el advenimiento del sismo político que derivaría en un cambio sustancial para la cultura mexicana. Durante su estancia en Europa y Sudamérica escribió textos como Mesas de Plomo, Vísperas de España, Norte y Sur, Última Tule en donde criticó seriamente el fracaso del sistema mercantilista, la cerrazón del raciocinio académico y los radicalismos políticos que iban del comunismo al fascismo. Hay que regresar a Reyes para entender qué deseaba de la civilización. Por ejemplo, creía en la democracia y en los valores de ésta que incluía la pluralidad, el libre albedrío y el diálogo con el otro. Hacia México es fundamental su lectura, si bien Vasconcelos fundó las grandes instituciones educativas del país, quizá fue Reyes debajo de la mesa y como si fuera la “mano que mece la cuna” quien imprimió la nueva ideología cultural después de la Revolución: ser mexicanos y ser universales a la vez, lanzarse a una vida civil conociendo el pesado sin negar los aportes de la modernidad, creer que la utopía es posible con base en la inteligencia y la educación. Nos buenos deseos que nunca debemos perder, porque si los perdemos caeríamos en el pozo de la desesperanza en el que esta generación estuvo cuando estudiaron en tiempos de la dictadura de Porfirio Díaz.

 

—Existen muchas antologías de Reyes, no obstante que parece poco leído por las nuevas generaciones. Si es cierta esta apreciación, ¿a qué se debe?

Las antologías sobre la obra de Reyes comienzan a hacerse una década antes de su muerte. En 1940 Alfonso ya era todo un maestro, Visión de Anáhuac (1915) por ejemplo ya era un clásico de la cultura posrevolucionaria. Creo que la generación que vivió este tiempo entendió muy bien la importancia de Reyes como hombre que transformó las letras en español, que le dio un nuevo uso a la palabra y a la cultura, sin embargo, hacia finales del siglo XX su obra fue anquilosada por sus críticos y utilizada por las instituciones académicas y culturales como herramienta para justificar su trabajo. Me parece que en las últimas tres décadas se han hecho antologías alfonsinas pero muchas de ellos no provienen de la sinceridad, sólo son un pretexto para publicar un libro con una introducción de cinco páginas, para ganar dinero o un mérito académico. Hacen falta antologías sobre Alfonso Reyes que vengan de fuera de las instituciones y que provengan de las editoriales comerciales e independientes. Sí hacen falta antologías con estudios y notas al pie para poder entender esta obra poética y ensayística en su justa dimensión. Hace poco la editorial independiente Casimiro editó la antología de textos de Reyes que escribió en España bajo el título de Comprensión de España, es una antología fenomenal en donde se asoma un Reyes preocupado por la guerra mundial, preocupado por las crisis de 1929 y admirado por el fotoperiodismo de la época, esos son textos que podrían llegar a captar la atención de un público más amplio y joven, por el simple hecho de ver una antología que no viene del FCE o del Conaculta.

 

—¿Qué podrían aportar las Cuestiones estéticas de Reyes a la consideración del arte actual?

Este pequeño ofrece varias posibilidades de reflexión en torno al arte, preguntas que se podrían hacer en la actualidad. Por ejemplo, hay un texto en el que Alfonso Reyes habla de la importancia de la poesía de Manuel José Othón, pero el trasfondo de esta conferencia es preguntar al público si la literatura puede contribuir a cambiar y mejorar la educación en México, si son los poetas, los artistas quienes deben poner de su parte para exigir que la educación llegue a todos los ciudadanos, sin excepción alguna. Ahí Reyes está hablando, desde ese 1911, del papel del intelectual y el poder de la palabra para cambiar situaciones de la realidad social. Creo que es un tema que ensayistas de este 2015 están reflexionando en relación con la violencia, la corrupción y la injusticia en nuestro país. Hay otro texto en Cuestiones estéticas donde el autor habla sobre el concepto de “simetría” en la obra de Goethe, ahí Reyes plantea que el creador debe conocer todos los puntos de vista, la historia y presente de su objeto de estudio o su tema de realización. Reyes rescata del autor alemán la cualidad de buscar siempre los puntos medios y conocer los polos de un tema para no caer en el radicalismo. Me parece interesante este punto pues vivimos en tiempos en que la rapidez, la frivolidad y el individualismo no nos permiten conocer otros puntos de vista. Reyes prefería investigarlos, analizarlos, ver pros y contras y después ponerse a escribir, como Goethe, quien siempre pensaba en Margarita sin dejar de ver a Martha, en Fausto sin dejar de ponerlo los ojos a Mefistófeles. El ensayo con que abre estas Cuestiones es “Las tres Electras del teatro ateniense” es fundamental para comprender el arte contemporáneo. Con base en el caris que Esquilo, Eurípides y Sófocles le imprimieron a sus Electras, Reyes analiza el arte de su tiempo y creo que se puede ocupar para comprender el arte en el siglo XXI, ¿qué queremos hacer? Historias, obras vacías de contenido, bien hechas pero sin aportación para la reflexión, o queremos mostrar la emoción humana a su máxima expresión para conmover a quien lee o mira el arte. O conjuntar ambas, una buena forma pero con buen fondo. Son temas que planteó Reyes en Cuestiones estéticas que creo no caducaron con las décadas.

 

—¿Cuál es la función de historiar las ideas con respecto al tiempo presente?

La Historia del Pensamiento no es fugarse al pasado para no saber nada del presente, al contrario y como lo dijo José Gaos, la historia de las ideas es la única forma de comprender dónde estamos parados y saber hacia dónde debemos transitar. En Hispanoamérica tenemos una larga tradición literaria que ha contado el trayecto y evolución de nuestras tradiciones filosóficas, científicas, ideológicas, mitológicas que se han expresado a través del ensayo literario. No es casualidad y no ha resultado vano hacerlo. Con base en ese pensamiento hemos creado y recreado nuestra realidad. Estoy convencido de que las ideas que se están escribiendo en la narrativa y en la prosa de hoy conformarán el mundo imaginario de las personas que habitarán este sitio en el futuro. Hemos sido grandes narradores de nuestra historia y no podemos permitir que esa tradición desaparezca.

 

—Hugo Hiriart escribió un libro para explicarse porqué Reyes no goza de la fama de Borges, no obstante la calidad de su escritura. ¿Compartes su idea respecto a su legado?

No, no la comparto. De hecho en La terquedad de la esperanza contesto a la hipótesis del maestro Hiriart y menciono que a Reyes no le hizo falta, desde mi punto de vista, una “gran obra maestra” para poder alcanzar “el arte de perdurar”, puesto que lo mejor de sus ideas están en sus textos hechos a base de recopilar ensayos y artículos, estudios y traducciones que escribió a lo largo del tiempo y que publicó primeramente en la prensa, periódicos y en las revistas. Su pensamiento permeó tanto en su momento que invadió con más eficacia los espacios públicos, la “opinión popular” como él la llamaba, que pudo influir en los círculos culturales y políticos con más alcance que si hubiera escrito un libro de una sola pieza. Ahí está su obra para observar que transformó las letras de comienzos del siglo XX de la cual Borges es un heredero y alumno directo: dotó de libertad creativa y profundidad intelectual al ensayo, produjo los primeros cuentos suprarrealistas en español en el siglo XX y forjó a través de la tradición y la Historia Hispanoamericana una vanguardia que muchos escritores en todo el continente tomarían como ejemplo. Su obra se desarrolla en tres tercios, y no sólo triunfa al momento de tomar la espada para tirarse a matar. Su voz está viva, como la voz de Octavio Paz, por ejemplo; letras que nos sirven para entender lo que ocurre en este 2015.

 

—¿Aún necesita el intelectual agruparse alrededor de un grupo para lograr su sobrevivencia?

Hoy no necesita agruparse. En nuestros tiempos cada intelectual genera alrededor de sí un número mayúsculo de lectores, alumnos y seguidores. Internet y los medios digitales también contribuyen a que los antiguos espacios de agrupación desaparezcan. Todo está fragmentado y hay una “horizontalidad” que permite que las barreras entre escritores y editores y lectores se rompan con facilidad. Lector, mejor dicho, dice ir haciendo esos grupos con base en sus lecturas. Los críticos deben ser los encargados de agrupar pensamientos parecidos y disímiles para hacer los estudios y marcar las pautas. Así se puede integrar a través de la academia y las revistas tendencias de pensamiento que puedan contribuir a entender nuestro mundo. Lo que sí existe aún es una mafia que es la cierra y permite el acceso a becas, premios y publicaciones, pero eso no es “grupo intelectual”, eso es mezquindad y egoísmo. No habrá que confundir.

 

—Es común escuchar la queja de que nos hacen falta más políticos como Vasconcelos. ¿Qué tan legítima es esta consideración?

Es legítima claro. Los fundamentos de los teóricos de la ciencia política dicen que la democracia es el sistema político que permite a cualquiera llegar al poder. Nadie está exento de ejercer una actividad política; sin embargo, creo en la idea de José Gaos sobre la “tentación y condena” en los seres humanos. Cuando habla de su maestro, José Ortega y Gasset dice que su condena era ser el filósofo que guiara al pueblo español, que guiara a los políticos, pero su error fue seguir su tentación, querer ser político, eso según Gaos fue lo que lo condenó en un momento decisivo para España como lo fue la Guerra Civil. A Vasconcelos le pasó pasar lo mismo. Pero no dudo que haya intelectuales, seres con un pensamiento claro, erudito, que también tengan madera de político, si es que la política es su condena final. No descartemos esa posibilidad. En este caso Daniel Cosío Villegas, como dice Gabriel Zaid, supo hacer mejor política que Vasconcelos desde su condena como maestro, funcionario y forjador de sellos editoriales.

 

—Estamos lejos de que suceda otro sistema de pensamiento hispanoamericano capaz de agrupar a los pensadores del continente. ¿Cómo enfrentar esta atomización en la era de las conexiones a velocidad ultrarrápida?

No lo sé. Lo que pienso es que hay que ser cuidados con todo lo que se publica en papel y en la internet. Hay textos y obras literarias muy valiosas en ambas plataformas. No nos queda más que ser pacientes, no dejarse ir con esa velocidad, mejor tomarse el tiempo para leer, escoger, seleccionar y reflexionar cada texto que nos cae a las manos y a los ojos. Salirse de la autopista de la “superinformación” es una opción para no dejarse apabullar por la vorágine. El pensamiento está atomizado pero porque no hemos querido salirnos un poco de ese sistema. Cuando lo hagamos veremos que no todo es diferente y que hay muchos puntos intelectuales de encuentro y reflexión.

 

—¿Qué le recomendarías a un joven para iniciarse en la obra de Alfonso Reyes?

Recomendaría que leyeran los primeros libros de Reyes. Aquellos que escribió de 1911 a 1921. Y que se dieran cuenta que están leyendo a un joven de entre 22 y 30 años, un contemporáneo suyo. Les diría que pusieran atención cómo es que un joven de su misma edad reflexionó su realidad, cómo puso todas sus capacidades para no quedarse callado. Pues si leen libros como Cuestiones Estéticas, El Suicida o Cartones de Madrid pensando que su autor es un viejito regordete que sólo traduce del griego, creo que no se antoja demasiado echarle una lectura a sus libros. Creo que eso puede ayudar para que un lector joven del siglo XXI se acerque a este escritor.

 

—Pocos perciben la aspiración universalista del legado alfonsino. ¿Cómo invitar a que se lea desde una perspectiva sin exclusivismo nacionalista?

Cuando quitamos los prejuicios en torno al personaje, cuando le quitamos toda la carga ideológica que el Estado mexicano le ha impuesto a Reyes descubrimos a un joven crítico que está preocupado por la tecnología más avanzada de su momento, por los problemas internacionales y por las movimientos sociales que están cambiando a las naciones. Cuando logramos desprender a Reyes de la Rotonda de las Personas Ilustres, cuando le quitamos la pátina al monumento es cuando surge el hombre preocupado sí por su nación, pero una nación mexicana en relación con el resto del mundo. Ahí radica la grandeza del pensamiento universalista de Reyes en que su universalismo nace desde la tradición de lo mexicano y no al revés. Eso lo entendió muy bien, pues de lo contrario hubiera caído en el error de sus maestros afrancesados, proyanquis, error que continúa sucediendo cuando nuestros maestros universitarios y políticos quieren imponernos modelos de convivencia y de aprendizaje que no tienen nada que ver con la historia social y estética hispanoamericana. Lo universal está en lo local. Así lo entendieron otros hombres como Rodó, Güiraldes, Mariátegui, Arciniegas y un largo etcétera que valdría la pena recordar.

 

*

 

Marcos Daniel Aguilar (Ciudad de México, 1982). Es ensayista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Colaborador de Laberinto de Milenio Diario y La Jornada Semanal. Coautor del libro Facciones, editado por la Universidad Veracruzana (2012) y de Uma Suíte Carioca. Alfonso Reyes e o Brasil, editado en Río de Janeiro por 7 Letras (2013). Su libro Un informante en el olvido fue publicado por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta (2013). Su ensayo “Mitos de un escritor democrático” forma parte del libro Un escritor en la tierra. José Revueltas (FCE, 2014). Su segundo libro, La terquedad de la esperanza, un ensayo sobre el movimiento intelectual juvenil previo a la Revolución mexicana, fue editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León.