Difícil hallar una literatura sin voces que hayan terminado menos audibles debido a las circunstancias, o a elecciones personales del propio autor. Abigael Bohórquez (1936-1995) se impone en nuestras letras como un rescate inaplazable. Ismael Lares ha dedicado parte de sus esfuerzos a la lectura y entendimiento de su obra, lo que derivó en Abigael Bohórquez. La creación como catarsis (FETA, 2012), una reunión de ensayos sobre su vida y obra. En el marco de que se conmemoran los ochenta años del nacimiento del poeta sonorense, esta conversación con Lares.

 

—¿Cuál ha sido la suerte de la obra literaria de Abigael Bohórquez?

La obra literaria de Abigael Bohórquez es vasta, y bien pudiera dividirse en dos estancias: dramaturgia y poesía. Sin embargo, es muy complicado conseguir sus libros. Esto atiende a que no se ha reeditado su obra durante varias décadas. De hecho, hace apenas un par de años, algunos críticos, estudiosos y divulgadores de su obra hemos ido recuperando (como podemos) tanto su poesía como sus textos dramáticos; ora desde la academia, ora desde el terreno del periodismo cultural.

Sucede algo curioso con la obra de Abigael Bohórquez, y es que se ha valorado como “autor de culto”. Me cuesta trabajo concebir en realidad lo que esto realmente significa, pero lo entiendo así. Hay mitos en torno a su obra y a su vida, lo cual no me parece disparatado sabiendo que se conoce poco su poesía y casi nada su teatro. Además, sobre su vida han surgido rumores que contribuyen, a favor o en contra, con una total distorsión de su figura. Por ejemplo, algunos creen que Bohórquez padeció VIH por haber publicado uno de sus libros más importantes, me refiero a Poesida; lo cual es totalmente falso. Ahora, no es descabellado leer o escuchar comentarios como éste, porque en realidad la figura de Bohórquez ha padecido la indiferencia de críticos, colegas, funcionarios de cultura, instituciones, académicos, etcétera, durante mucho tiempo.

Su obra literaria, finalmente, está siendo revalorada con toda justicia. Su obra completa, según sé, será reeditada muy pronto. Este hecho, sin lugar a dudas, representa un notable esfuerzo por parte de varios amigos del poeta y, por supuesto, de un grupo de autores, lectores y críticos atentos a su herencia literaria.

 

—¿Por qué resulta necesaria una curaduría de su labor poética?

Abigael es, a mi juicio, heredero de una tradición de poetas como Lorca, Miguel Hernández y Cernuda, entre algunos españoles; así como Carlos Pellicer, Salvador Novo y Efraín Huerta entre los mexicanos. Su poesía goza de una potente vitalidad. No se agota en el poema confesional ni en el amoroso. Va más allá. Es su verso afilado azadón, punta de lápiz que denuncia y se compromete con las causas sociales; asimismo, tanto en poesía como en dramaturgia, Abigael dio muestra de un profundo conocimiento de la lengua. Léase Navegación en yoremito, por ejemplo, donde el poeta sonorense ejercita el verso con notables ludismo y sincretismo lingüísticos.

Aún son pocos los libros y estudios académicos que abordan la obra de Abigael Bohórquez de manera crítica. Su obra incluye el registro de un hombre que canta al “otro amor” sin concesiones; de un poeta comprometido con los problemas sociales de su época; de un escritor desinteresado de prebendas culturales; de un dramaturgo directo y descarando, ingenioso y lúdico. Entonces resulta necesario porque, de entrada, fue un escritor de su tiempo, es decir, que su obra literaria se mantiene vigente.

Si nos damos a la tarea de revisar su dramaturgia o sus poemas, encontraremos más de una escena que alumbra nuestro presente, ya sea desde un verso combativo hasta el escarnio que provocan los títulos y diálogos de sus obras. También resulta necesario decir que fue un poeta leído por sus contemporáneos y comentado por autores con una carrera literaria sólida cuando aún era un poeta (relativamente) incipiente. No es fortuito que hayan atendido su obra escritores como Pellicer, Huerta, Miguel Guardia, Carlos Eduardo Turón, Dionicio Morales, Thelma Nava, Beatriz Espejo. Además, hubo otros autores que valoraron la travesía literaria y el compromiso social de Abigael, incluido José Revueltas. Aún hace falta documentar más su vida, pero lo realmente prioritario ahora es difundir su testamento literario para que se conozca y se lea.

 

—A la distancia, ¿cómo debería entenderse ese “compromiso social” que refieres?

No hay que temer al compromiso social, es una manera de manifestarse frente a una realidad tremenda y absurda. La poesía de Abigael es en lo elemental crítica, alimentada siempre por un interés infundado en “el otro”. Hablamos, pues, de empatía, de solidaridad. Es claro que el carácter social de su obra determinó siempre la forma en que respondía a las exigencias de la existencia. A la distancia pudiera decirse que fue un poeta siempre inconforme con la injusticia, combativo hasta la médula, comprometido con las causas de los marginados. Haciéndolo siempre desde esa trinchera que es la palabra. A diferencia de otros poetas, Abigael trasciende el discurso monológico para ocuparse del mundo común, es por ello que hace de los demás su propia tarea.

 

—¿Cuáles serían los ejes que vertebran su obra literaria?

Está su poesía en un lugar, y en otro su teatro. Hablaré de su poesía pues es lo que más conozco de Bohórquez. Aclarado lo anterior es posible agrupar su producción lírica en tres estancias. La primera descansa sobre Heredad (1956-1978), antología publicada primero por la Federación Editorial Mexicana (FEM) en 1983, y reeditada posteriormente por El Colegio de Sonora en coedición con el Instituto Sonorense de Cultura en 2005. En Heredad nos enfrentamos a los primeros poemas sustanciosos y elementales de la obra bohorquiana. Los temas que configuran esta antología nos muestran a un Abigael íntimo, confesional y anecdótico; comprometido e irreverente.

La segunda estancia se asienta sobre la antología Poesía en limpio (1979-1989), editada por la Universidad de Sonora en 1990. En esta segunda antología Abigael trata el tema homoerótico con apasionada ternura. Jamás es cursi. Al contrario, su poesía es poderosa y macha (como dijera Huerta). Es directa, amorosa y de un notable ingenio. Son poemas que resquebrajan y a la vez enaltecen el espíritu. Son residencia de una pasión que se desborda por el otro.

La tercera estancia comprendería entonces los libros Abigaeles y Poeníñimos (1991), Navegación en Yoremito (1993) y Poesida (1996). Navegación es un libro experimental y emotivo. Es arriesgado. Una prueba de lucidez lírica y libertad estética. Poesida es quizá su herencia más significativa. Es el solidario abrazo del amigo y del poeta. Es un canto por quienes sufrieron la doble condena: el desconsuelo físico y el vituperio social.

 

—¿Cuál sería el valor de su obra literaria y cómo nos ayudaría a reconfigurar el panorama de nuestras letras?

El valor de su obra reside, primero, en sus postulados sociales y su profunda solidaridad con los marginados. La poesía bohorquiana nos permite reconocer a un poeta comprometido con temas como la explotación del ser humano, el racismo, los conflictos laborales y estudiantiles. Segundo, su clara preferencia por los temas homoeróticos demuestran también un proyecto estético bien definido. Otro valor en su obra atiende a una liberación del lenguaje hacia múltiples posibilidades. Así, en su discurso poético descubrimos un constante ejercicio de posibilidades semánticas.

Julián Herbert comenta en alguna parte de Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente (Bonobos, 2010), palabras más o menos, que los hábitos en México, tanto políticos como estéticos, no cuestionan la estabilidad, más bien la conservan. Sirva este comentario de Julián para colocar, sin temor a equivocarme, la obra de Bohórquez en el estante de los poetas que desestabilizan el lenguaje y además aportan un componente lingüístico que abona a la poesía social, militante; a la poesía amorosa, erótica. Tenemos ya a la mano los libros Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo y otros poemas civiles y Navegación en Yoremito para comprobar lo que afirmo.

Ahora bien, la palabra “reconfigurar” resulta pertinente porque al incluir la poesía de Abigael dentro del panorama de nuestras letras implica decir, necesariamente, que ha permanecido desplazada desde hace bastantes años. Comprendo que la poesía de Abigael no haya sido incluida en las antologías más importantes de su época (Poesía en movimiento y Ómnibus de poesía mexicana, por mencionar apenas un par), dado el componente combativo de su contenido siempre en contra de las hegemonías culturales. Lo difícil de entender es, cómo a pesar de los años, un Juan Domingo Argüelles, en su calidad de poeta y estudioso del hecho poético, haya omitido incluir al poeta sonorense en la Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días (Océano-Sanborns). Digo esto sin empacho, sobre todo porque este compendio presume ser el “más completo y estricto de la mejor poesía que se ha escrito en México”. No cabe duda pues que la antología sigue pasando por el tamiz de la ambigüedad y la afectividad aunque se pretenda lo contrario; o quizá soy yo quien no ha logrado entender que el adjetivo “mejor” habla más de subjetividad y falta de compromiso crítico.

 

—¿Estamos ante un poeta exquisito o uno de corte popular?

Si entendemos por exquisito a un poeta acucioso en sus formas y capaz de mantener una calidad lírica extraordinaria, entonces Abigael es exquisito. Si es poeta de corte popular por escribir principalmente una poesía para el pueblo, por cumplir una función social, estoy convencido de que Abigael también lo es. Pero, ¿existe la poesía estrictamente popular? ¿Acaso no toda poesía es exquisita? Aunque en apariencia esta pregunta se muestra simple, esconde una profunda ambigüedad. Creo, pues, que los límites de lo popular como de lo culto (léase exquisito) son más bien inestables. A pesar de mis prejuicios, entiendo la orientación de esta pregunta, en ese sentido puedo decirte que Abigael conocía a la perfección la lírica de corte popular, pero también las formas cultas, y esto se nota en su propuesta estética porque fue ante todo un renovador, un poeta exquisitamente popular.

 

—¿Qué opinión se tiene de su obra como dramaturgo?

Mi conocimiento sobre su dramaturgia es limitado, pero te puedo decir que Hugo Salcedo y Gerardo Bustamante han estudiado su obra desde el ámbito académico. Incluso, Bustamante publicó Dramaturgia reunida (UACM, 2014) con un estudio crítico que ilumina los rincones del teatro escrito por Abigael. Así que hay un campo muy amplio aún por estudiar sobre la obra dramatúrgica del sonorense.

 

—Pareciera que si hubiera escrito desde la ciudad de México, en esos años, habría tenido una suerte distinta. ¿Es correcta esta apreciación?

Es interesante la pregunta porque, de hecho, a pesar de haber radicado algunos años en la ciudad de México corrió la misma suerte que en su ciudad natal. Abigael escribió siempre desde la periferia. Fue marginado, es un hecho, pero esa ignominia de la que fue víctima se dio tanto en sus años en la capital del país como en Sonora. Es bien sabido el continuo y constante rechazo que Abigael soportara hacia su persona y contra su obra. Claro que también hubo intelectuales y personas que acogieron al poeta y al hombre, pero no fue así la mayor parte del tiempo.

 

—¿Cómo podrían ayudar las instituciones culturales en la revaloración de su obra literaria?

Que las instituciones sean dirigidas por personas es una obviedad, pero también un hecho, y como tal atendemos a su circunstancia. Bohórquez no tuvo suerte por cuestiones políticas. Y cuando menciono lo anterior me refiero a su postura estética. La literatura, claro está, implica tomar posición en la sociedad, y Abigael Bohórquez manifestó con claridad sus posturas. Eligió las batallas y cavó sus trincheras. Supo que sería escindido de la manada, pero como él mismo confesara: “se siente gacho”. Tampoco es justo culpar a las instituciones, pues, en ellas también laboran personas que, de algún modo u otro, han permitido que la herencia literaria de Abigael permanezca a pesar de cualquier limitante. Las únicas publicaciones que hasta hace poco se conseguían pertenecen al Instituto Sonorense de Cultura y al Colegio de Sonora. Y bueno, la UAM también colaboró con Las amarras terrestres. Antología poética (1957-1995). Y más reciente, Mantis Editores coeditó con la UANL Navegación en Yoremito (2012); asimismo, Mantis preparó la antología Poesía en prenda (2013). Actualmente, la UACM ha reeditado dos libros de poesía que abarcan tres de la obra bohorquiana, Digo lo que amo (2015) y Acta de confirmación. Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo y otros poemas civiles (2015); además, publicaron la ya mencionada Dramaturgia reunida (2014).

Los esfuerzos del Círculo de Poesía son también rescatables en cuanto a la difusión de la poesía bohorquiana. Igualmente, la revista Tierra Adentro publicó hace un par de años una breve selección de poemas que fueron traducidos al inglés, francés y alemán.