[La novela se muestra incapaz de renunciar a sus cualidades de organismo. Sus mutaciones son tan variadas como sus aciertos. Casi podría afirmarse que se funda en cada entrega, no obstante las fallas de quien la escriba. Lo que para algunos es un naufragio, para otros es una oportunidad para entrever una forma insólita. “Actualidad de la novela” es una ventana para asomarse a la escritura actual de ese género literario. Alejandro Badillo (Ciudad de México, 1977) es autor de La mujer de los macacos (2012).]

 

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―¿Cuál es el estado actual de la novela?

El estado actual de la novela es saludable si consideramos que es el género más vendido y más leído. Más allá de los números y del mercado editorial, me parece que muchas novelas escritas en México han dejado de interrogar sus temas y técnicas en el afán de ser publicadas. En ese aspecto, el auge actual de la novela puede ser un espejismo y, quizás, en un futuro, tendremos que hacer un recuento más crítico.

 

―Su versatilidad parece ilimitada, pero ¿cuál sería un límite razonable respecto al dictum respecto a que “todo cabe en una novela”?

Borges prefería la concreción del cuento para no aburrir al lector y no gastar más páginas de las necesarias. En efecto, una de las virtudes de la novela es su capacidad casi enciclopédica de narrar una historia. También puede darse el lujo de hacer largos estudios psicólogicos, llevar historias paralelas, abarcar enormes espacios temporales. Sin embargo, creo que el límite es cuando el hilo narrativo pierde tensión, cuando el lector siente que, si se quita el capítulo que está leyendo, no se afecta la historia. Cada una de las partes de una novela, como las partes de un riguroso mecanismo, debe reclamar su legitimidad. Algunos autores olvidan eso.

 

―Las series de televisión generan historias de largo aliento, no pocas de ellas con aspiraciones estéticas. ¿Cómo podría afectar/ayudar a la novela este boom televisivo?

Este boom ayuda, en primer lugar, a reconocer que la novela sigue siendo deudora de las viejas narrativas. Las series televisivas dejan interrogantes que se resuelven en capítulos posteriores y crean un cúmulo de conflictos que se van desenredando con cada nueva temporada. Creo que este auge enseña a los novelistas actuales la importancia de los diálogos bien construidos, el balance del fondo y la forma, la creación de personajes memorables que salen del control del autor y abren nuevos caminos en la trama.

 

―Al menos en la novelística actual en México, el realismo parece imponerse frente a los ejercicios de imaginación. ¿Es correcta esta apreciación y, de serlo, cómo podría reconfigurar nuestro panorama novelístico?

Casi siempre, cuando analizamos un fenómeno artístico reciente, en este caso literario, podemos cometer el error de que el panorama, tal y como lo vemos ahora, es fijo. En efecto, parece que, si hacemos un repaso de las novelas más comentadas de los últimos años, hay una tendencia realista que deja en un segundo plano otras tendencias literarias. Sin embargo, aún falta mucho tiempo para hacer una cartografía más precisa de la novela de este nuevo siglo. La tendencia realista es, sin duda, una reacción de la narrativa ante el auge del periodismo, la crónica y ciertos fenómenos coyunturales como el narcotráfico y la violencia. El novelista desea integrarse a ese mundo y, al menos en apariencia, está optando por ese camino aunque hay varios escritores que siguen ejercitando la fantasía, la autoficción y otras tendencias literarias.

 

―Se pierde aspiración experimental por acomodarse a las necesidades del “lector”, esto es, del mercado. ¿Cómo impacta esta elección de la mayor parte de los novelistas, si fuera el caso, a la tradición literaria mexicana?

El novelista actual tiene un gran reto: pensar en el lector y en el arte que está creando. El mercado ejerce una fuerte influencia en las decisiones del escritor. En el mundo actual existe la censura generada por sólo dar cabida a aquellas obras rentables. Una editorial preocupada sólo por el aspecto económico o cierta exposición mediática de su catálogo dificílmente hará apuestas interesantes. Considerando estos elementos me parece que la tradición literaria mexicana se configurará más por esfuerzos de editoriales independientes, obras de calidad que en su momento no atrajeron los reflectores, y que en el futuro comenzarán a sustituir muchas novelas que, aparentemente, son irrebatibles.

 

―El novelista tiene una libertad amplísima en su terreno de trabajo y pareciera que el lenguaje se encuentra desplazado de las preocupaciones estéticas actuales. ¿Qué tan verídica esta apreciación?

Siguiendo con mis afirmaciones anteriores tendría que estar de acuerdo con esta apreciación. El lenguaje, para una gran cantidad de autores, es un elemento que no amerita mayor reflexión ni duda. Si hacemos una recapitulación de la novela que se escribe en México parece que el autor está más preocupado por entretener al lector que por retarlo. Una parte fundamental del reto debería ser el lenguaje.

 

―Pareciera que modificar la forma de la novela ha pasado a segundo término, por debajo de construir una historia “entrañable” o incluso didáctica. ¿Hacia dónde va el género?

Creo que cualquier obra literaria, de cualquier género, debe buscar un equilibro entre el fondo y la forma. Después de las vanguardias del siglo XX, pareciera que todos los caminos están cerrados y sólo queda regresar a los viejos moldes. Este esceptisismo ha llevado al género a regresar al siglo XIX con ligeros cambios en cuanto a temática y el contexto de las obras. A pesar de esta tendencia siguen existiendo autores que, sin llegar a un discurso críptico, dialogan con el pasado de la novela sin hacer adecuaciones cosméticas a fórmulas ya establecidas que caen, como dices, en lo didáctico.

 

―¿Aún es posible pensar en una novelística del “compromiso”?

El “compromiso” puede ser un tema peligroso si atendemos a la historia de México en el siglo XX. Ante el derrumbe de las ideologías parece algo arcaico discutir este aspecto de la creación novelística. Sin embargo, creo que se puede pensar en el compromiso un poco al margen de las ideologías y los compromisos políticos si se considera que el compromiso del autor debe ser con los problemas de su tiempo, con los peligros de la sociedad en la que vive y con la posición que debe mantener para reflexionar de manera profunda con su mundo.

 

―¿Cómo inicias una novela? ¿Cuál es el proceso, si lo hay?

Inicio con una suposición, una imagen, una sospecha. A esos elementos les voy añadiendo detalles, historias alternas, pasados que gravitan en mi mente hasta que comienza a tomar la forma la novela.

 

―¿Cuáles son los novelistas que frecuentas, nacionales o extranjeros, y cuál sería la razón?

William Faulkner, por su lenguaje y su visión desesperanzada de la humanidad.

Juan Carlos Onetti, por su dominio de la prosa, su conocimiento íntimo de los personajes y por no conceder nada al lector.

Thomas Bernhard, por su crítica demoledora de la sociedad, la musicalidad de sus textos y su lenguaje que construye una atmósfera densa por la que debe transitar el lector.