[La novela se muestra incapaz de renunciar a sus cualidades de organismo. Sus mutaciones son tan variadas como sus aciertos. Casi podría afirmarse que se funda en cada entrega, no obstante las fallas de quien la escriba. Lo que para algunos es un naufragio, para otros es una oportunidad para entrever una forma insólita. “Actualidad de la novela” es una ventana para asomarse a la escritura actual de ese género literario. Gilberto Lastra Guerrero es autor de ¿Quién le quitó los dados a Dios? (2015).]

 

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―¿Cuál es el estado actual de la novela?

La novela sigue siendo la mejor forma de entender el mundo contemporáneo a pesar de la inmediatez de las redes sociales, o de los medios de comunicación. De ahí lo socorrido de novelistas. El tiempo en el que trascurre la narración y la manera de asimilar la historia, invariablemente se digiere diferente en el cuento y la poesía. Es robarle ficción a la realidad, a la percepción comunal. El ciclo de vida de un personaje novelístico y el ciclo de vida biológico del lector congenian mejor en la novela por el aliento, la pausa.

La novela entra en una fase de reconocer sensaciones y describirlas ya no en el pensamiento o la imaginación, sino en el cuerpo. Leer con el cuerpo es lo que, desde mi perspectiva, se encuentra en la novela actual, o en algunos autores mexicanos.

 

―Su versatilidad parece ilimitada, pero ¿cuál sería un límite razonable respecto al dictum respecto a que “todo cabe en una novela”?

La retórica siempre estará sujeta a la intención del autor. Cada figura acuña cada elemento en el proceso creativo. En cierta manera depende también de la percepción del escritor, detallar cada uno de los elementos con precisión y sin desperdicio. Perfiles psicológicos y químicos de los personajes, porque el entendimiento del cuerpo, incide en el comportamiento de los protagonistas. El paisaje interior es la ruta trazada por la novela actual. Ese subterfugio mantiene el hilo narrativo tenso. Resulta interesante saber hasta qué punto compaginarán los novelistas dos planos simultáneos. Técnicamente todo cabe en la novela, orgánicamente no.

 

―Las series de televisión generan historias de largo aliento, no pocas de ellas con aspiraciones estéticas. ¿Cómo podría afectar/ayudar a la novela este boom televisivo?

La novela es una realidad individual; una serie es la de un creativo o una casa productora. Es decir, la novela se lee en una dimensión personal; la serie como las artes visuales es un código particular, amplio. No creo que se pierda la intimidad con el lector de novela. Pero las series de televisión se han adaptado bien a las audiencias con pericia narrativa, hilando y destejiendo tramas, moldeando la épica de personajes mitológicos o históricos; en otros casos, llevan a situaciones extremas a personas comunes y ahí detona el interés. Creo que es más una adaptación al público y al tiempo televisivo que una insistencia estética.

 

―Al menos en la novelística actual en México, el realismo parece imponerse frente a los ejercicios de imaginación. ¿Es correcta esta apreciación y, de serlo, cómo podría reconfigurar nuestro panorama novelístico?

México vive en una ficción creada. El manoseo de la historia en los libros de texto y en el discurso político nacional y centralista. Héroes, caudillos y políticos artificiales. La realidad no cuadra con la historia mexicana: ahí la novela dimensiona lo que sucede, de ahí, creo, el realismo mágico. En los últimos años, autores la narrativa nacional racionaliza y transcribe el México actual, con la barbarie manifiesta que se percibe. La novela es un referente legitimado, incluso más que el periodismo.  En el presente y en el futuro, la narrativa será desde los estados. Lo valioso de esto, es la diversidad de pensamientos regionales, universales.

 

―Se pierde aspiración experimental por acomodarse a las necesidades del “lector”, esto es, del mercado. ¿Cómo impacta esta elección de la mayor parte de los novelistas, si fuera el caso, a la tradición literaria mexicana?

México es un país urgido de racionalizar lo improbable de los acontecimientos sucedidos. Parte de la narrativa es la crítica a la mexicanidad. Relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia, La doble vida de Jesús de Enrique Serna, por ejemplo, con décadas de diferencia en su publicación y un mismo punto de inflexión: la política. Un pensamiento dominante en la novela que frecuento.

Pero narrar es un autodescubrimiento también y, en ese punto, conforme se avanza hasta la anagnórisis de los personajes, se sabe si las figuras comienzan a encajar o si la estructura narrativa cambiará sola, ahí lo experimental, el instinto en el lenguaje. Al escribir se asumen los riesgos y si se pretende vender. Las editoriales independientes son las cómplices de textos sin concesiones mercantiles. Aunque el experimentar no siempre es una clave para lograr el cometido estético (autocrítica).

 

―El novelista tiene una libertad amplísima en su terreno de trabajo y pareciera que el lenguaje se encuentra desplazado de las preocupaciones estéticas actuales. ¿Qué tan verídica esta apreciación?

En la actualidad, etiquetar mercados y tendencias redujo la posibilidad estética, es cierto. Generalizar sería un error. México cuenta con una robusta narrativa y no solamente en las editoriales internaciones, mexicanas o independientes, sino también las ediciones de los institutos de cultura con su ínfima distribución. Visibilizar el espectro total es complicado. Pero creo que el lenguaje depende de cómo perciba y racionalice la historia el autor. El lenguaje modula la sensación y el pensamiento del lector.

 

―Pareciera que modificar la forma de la novela ha pasado a segundo término, por debajo de construir una historia “entrañable” o incluso didáctica. ¿Hacia dónde va el género?

La masificación editorial y la competencia en la venta, son dos razones, atendidas por los autores para simplificar contenidos y argumentos.

Mejico de Antonio Ortuño es una novela nacida del lenguaje, y esa misma forma de narrar en el momento de la lectura da la sensación de ubicuidad en el tiempo y el lugar. Parte del insurrecto Javier Mina, la cuña para la narración y la relación México-España y la migración entre los dos países desde la Conquista.  Refiero el texto porque me parece que hay una intención sutil en el lenguaje que da esa sensación de hilo narrativo de dos generaciones familiares en los perfiles de los protagonistas. El lenguaje no siempre es una expresión manifiesta.

 

―¿Aún es posible pensar en una novelística del “compromiso”?

Siempre habrá quien escriba por “compromiso” o postura. Es más sencillo andar una ruta conocida que abrir brecha. La figura social y comercial del escritor también incide en si se narra de alguna forma.

 

―¿Cómo inicias una novela? ¿Cuál es el proceso, si lo hay?

La narración comienza de una tesis argumental, develada, una intuición. Es el hilo conductor que trama a los personajes y las circunstancias. Padezco una incontrolable tentación por escribir al día. En ¿Quién le quitó los dados a Dios?, los acontecimientos en México en la sucesión presidencial de 2006 fueron los cimientos para el texto. Entonces, tomé las historias periféricas para fijar la atención al presente, simultáneas: un tiempo divino, perpetuo; el tiempo histórico y el narrativo.

 

―¿Cuáles son los novelistas que frecuentas, nacionales o extranjeros, y cuál sería la razón?

Daniel Sada, no entiendo la literatura sin el ritmo. En los textos de Sada el ritmo da una doble significación a las palabras.