Estados Unidos, más que ningún otro país del mundo, produce escritura fantástica y de ciencia ficción. Tanta que no es posible siquiera asomarse a los infinitos ciclos de fantasía heroica, medieval, apocalíptica y post-apocalíptica, distópica, utópica, ucrónica y lo que pueda imaginarse. Es poco lo que se traduce al español —en el global de la producción— y casi nada lo que se lee porque no es uno de los géneros de raigambre en la tradición hispanoamericana, a diferencia de lo que sucede en lengua inglesa en donde la realidad también se perfila a través de parábolas y diversos escenarios de mirada lateral. Además, cuentan con un aparato de promoción y circulación que incluye reuniones anuales, congresos, clubs de fans y premios, entre los que destacan dos: los Hugo y los Nébula.

La adaptación por parte de HBO de la saga de Juego de tronos de George R. R. Martin (Nueva Jersey, 1948) acercó a millones a esta forma de escritura fantástica, que ha ganado lectores por doquier con lo que las ventas de la saga han alcanzado cifras elevadas. Este modo de escritura, por lo regular, utiliza elementos de la época medieval que adereza con otros de naturaleza fantástica para lograr un escenario reconocible aunque de rasgos propios. Al momento presente, Martin supervisa la puesta en escena de sus libros y el resultado ha cautivado a los espectadores debido a la crudeza de la historia, además de su representación descarnada de la lucha por el poder, semejante en cualquier tiempo y lugar. A pesar de lo anterior, sin la adaptación de la televisora, la historia de Martin sería apenas otra más de las tantas que se apilan polvosas en las convenciones de comics y no tienen tiempo de ganar lectores antes de pasar a la guillotina del olvido.

James Oliver Rigney, Jr. (Carolina del Sur, 1948-2007), mejor conocido como Robert Jordan, por ejemplo, escribió una de las sagas más intrépidas de las últimas décadas: La rueda del tiempo. En este universo fantástico, a grandes rasgos, hay una organización que ejerce su poder para determinar las relaciones entre los personajes: las Aes Sedai, una hermandad de mujeres capaces de entrar en contacto con el Poder Único que se obtiene de la Fuente Verdadera, fuente vital del universo que hace girar la Rueda del Tiempo y, como en otras sagas, un “Oscuro” pretende extender su influencia y afectar las relaciones entre los hombres. La saga está formada por más de diez libros, algunos en colaboración con Brandon Sanderson (1975), autor él mismo y quien colaboró con Jordan en los últimos años de su vida. La celebridad de La rueda del tiempo crece y se han realizado adaptaciones a la novela gráfica, lo que podría ser el preludio para acceder a una productora televisiva capaz de darla a conocer a un público más amplio.

El “bestsellerismo” abandona su mala recepción ante los miembros de la alta cultura, no sólo porque esta forma de escritura, cristalina y cinematográfica, es capaz de generar lectores —a diferencia de libros inaccesibles al lector promedio—, sino igualmente por su capacidad para arrojarse a la escritura de tentativas de largo aliento, sostenidas por personajes que mutan a lo largo de más de tres mil páginas de escritura. La saga de La rueda del tiempo se antoja emparentada con Juego de tronos aunque sólo de manera parcial, ya que los aspectos fantásticos de la primera son determinantes para la restauración del “Equilibrio”, trozado de inicio en ambas historias y, a partir del cual, surgen los héroes, los villanos y los personajes intermedios que darán el viraje para felicidad de los lectores.

Robert Silverberg acogió favorablemente la saga, dada a conocer a fecha reciente —en 1990 se publicó la primera entrega: El Ojo del Mundo—, e incluyó un relato de Jordan en el segundo volumen de la antología Leyendas Negras (México, 2000), al lado de Orson Scott Card y Stephen King. Una afección cardiaca impidió a Jordan continuar con la escritura de la historia, pero logró la aspiración de cualquier escritor de fantasía heroica: desmarcarse de Tolkien, en principio, y luego de otros maestros incuestionables de la creación de mundos alternativos. Están en marcha las primeras conversaciones para adaptar la saga a la televisión y La rueda del tiempo podría ser un segundo momento para cuando se agoten las posibilidades de Juego de tronos. Sorprende que la fantasía y la ciencia ficción se escriban sin permiso de los pontífices “highbrow” de la escritura y como bosques se extienden en espacios geográficos que sólo ciertos lectores encuentran en espera de que los demás acudan al sitio elegido.