Más que a ningún otro país occidental, las pandillas azotan la vida social de los Estados Unidos. Su arraigo garantiza su permanencia a lo largo de generaciones y, por extraño que parezca, niños y jóvenes crecen con el anhelo de pertenecer a una de estas organizaciones, que no tardan en mutar hacia el crimen organizado lo mismo dentro que fuera de las prisiones.

Gangland (2007-2010), serie producida por History Channel, permitió vislumbrar la amplitud y hondura de esta problemática, en donde la pertenencia a una pandilla ofrece la posibilidad de sobrevivir en un entorno hostil debido a motivos raciales, sociales o económicos. Esto, al menos en un inicio, cuando las minorías se hacían un lugar en la sociedad “multiétnica”. No obstante, con el tiempo se volvería un modo de vida aspiracional debido al magnetismo propio del “tough guy”.

La “Mexican Mafia” (la “EME”) tiene en el estado de California a su principal semillero, que nutre las prisiones no sólo de ese Estado sino del resto de los Estados Unidos. Folsom, Pelican Bay y San Quentin, especialmente, mantienen una población significativa de origen mexicano. The Mexican Mafia (2009) de Tony Rafael se ha vuelto un libro de referencia para entender la gestación y transformaciones de un fenómeno que preocupa por su capacidad para adaptarse a las circunstancias más diversas. Rafael asegura que “la EME está relacionada con cien homicidios al año tan sólo en Los Ángeles”. Además, la califica como la banda más peligrosa en la historia de los Estados Unidos.

Es célebre que cuando Edward James Olmos llevó a la pantalla a la “Mexican Mafia” en American Me (1992), recibió amenazas de muerte. Esto debido a la escena en la que Santana (Rodolfo Cadena, en la vida real, cofundador de la “EME”) es violado en la prisión juvenil, lo cual generó controversia debido a la rigidez del “code of conduct” de la organización, ya que los actos homosexuales no tienen lugar en la “EME”. Las amenazas fueron reales, dicho por el propio Olmos y por Rene “Boxer” Enriquez (1967), quien luego de años de ser un top-ranking-boss de la “EME”, ofreció su testimonio para desarticular la organización a cambio de protección. Era 2003 y los hechos del 9/11 obligaron a replantear la estrategia de seguridad interna y externa, entre ellos, el tratamiento de las pandillas.

El testimonio de Enriquez resultó fundamental para lograr entendimiento de sus modos de operar e igualmente para esclarecer homicidios de los que apenas se sabía algo. El periodista Chris Blatchford recogió aquello en The Black Hand. The Bloody Rise and Redemption of “Boxer” Enriquez, a Mexican Mob Killer [traducido en México como Mafia chicana (sic)] (2009), un documento confesional y de arrepentimiento de valor inestimable para otear cómo se genera y esparce el polen de las pandillas en Norteamérica.

El libro no podía ignorar los “Maxson road murders”, un ajuste de cuentas por deudas de drogas en el cual perecieron tres adultos y dos niños, uno de ellos de seis meses de vida que recibió un disparo a quemarropa en el ojo derecho. Un hito de miseria execrable hasta para los estándares de los miembros de la mafia mexicana. Luis “Pelón” Maciel (autor intelectual), así como Jimmy Palma y Richard Anthony Valdez (autores materiales), no durarían mucho tiempo en este mundo, fuera por ser condenados a la pena de muerte o fuera por ser asesinados en prisión. Hasta la brutalidad tiene su límite.

Enriquez no obtuvo su libertad a cambio de aportar la información, sino una mejor calidad de vida. Tiempo con su familia, horas al aire libre, traslado a un sitio con seguridad individual para eliminar posibles venganzas. Conmueve del libro de Blatchford el capítulo en el cual Enriquez le confiesa que los libros le aportaron la claridad necesaria para salir adelante cuando sintió que el naufragio era inminente. Entonces leyó las biografías de Frida Khalo y Diego Rivera, sostiene, además de obras de Steinbeck, Victor Hugo y Shakespeare. Aquello fue el inicio de otro ciclo. “Estaba listo para cambiar”, refiere Blatchford.

La vida de Enriquez es la de un hombre que erró como el que más y antes del fin busca la redención. El pasado 30 de junio, Jerry Brown, gobernador de California, le negó por segunda ocasión la libertad condicional por considerar que aún es peligroso de ser liberado. Él, por su parte, no claudicará en sus intentos por lograr una respuesta favorable y ya terminó su libro en coautoría “The Mexican Mafia Encyclopedia“. ¿No resulta inquietante que la prensa mexicana opte por ignorar la situación de los connacionales en el exterior y de los ciudadanos de origen mexicano? Hay quienes pelean por su libertad contra el sistema correccional norteamericano y otros que se dan pellizcos bajo la mesa por chucherías mientras se acusan de “mafiosos”, con tanto candor como ligereza. Es un mal endémico.