Ya se sabe: el 31 de diciembre de 2015 el gobierno de Baviera perdió la titularidad de los derechos que resguardó con celo durante setenta años sobre Mi lucha (1925-1926), el libro autobiográfico de Adolf Hitler que igualmente funcionó como un esbozo de lo que sería su programa ideológico. De inmediato se anunció que se publicaría una edición crítica en lengua alemana comentada por historiadores, la cual se agotó muy pronto, al grado de convertirse en inconseguible a este momento. No es de extrañarse que en el año de su publicación se hayan agotado los ejemplares en un tiempo récord, pero sí que noventa años después sea difícil acceder al texto.

No tengo noticia de que se vaya a editar en lengua española, a este momento. Seriamente, quiero decir. Las ediciones que han circulado, en malas traducciones, sin aparato crítico para clarificar el contexto y la mayor parte de ellas (si no es que todas) mutiladas, lo han hecho en la ilegalidad más absoluta, además de que se imprimen más por dar satisfacción al morbo de los lectores que a un intento de comprensión del pasado. De la calidad, ni hablar. Pedro Varela Geiss (Barcelona, 1957), por ejemplo, librero de extrema derecha tristemente célebre por sus posturas negacionistas respecto al Holocausto, lo editó sin licencia y habría sido llevado a juicio por este motivo, así como por “delitos de odio” en términos de la legislación española. Ha ganado el respeto de los neonazis más jóvenes y se ha vuelto un referente del pensamiento germánico de orientación nazi. Cuesta trabajo creer que es posible afiliarse a una postura semejante, y uno pensaría que los países de régimen democrático no tendrían cómo limitar el ejercicio del pensamiento. No obstante, la libertad de expresión tiene filamentos apenas visibles y no siempre es fácil determinar sus límites.

La bibliografía sobre la historia y análisis del libro se engrosa. Luego de “Mein Kampf”: historia de un libro (2009) de Antaine Vitkine, aparece “Mi lucha”, la historia de un libro que marcó el siglo XX (2016) de Sven Felix Kellerhoff, periodista alemán especializado en asuntos de historia contemporánea. Ambos libros abordan la historia del volumen —gestación, raíces, impacto, consecuencias—, y llegan a conclusiones semejantes a partir de sus respectivas lecturas. El libro nace como un intento de autobiografía y en sus constantes “redundancias” [Kellerhoff dixit] apuntala la creciente desconfianza que siente del judaísmo, si bien nadie pudo prever en qué terminaría aquello (ni aún parte de su gabinete, si hemos de creer a sus testimonios en juicio: Speer, por ejemplo).

Ahora bien, al momento de ser publicado nadie leyó el libro en la consideración de que Hitler era un escritor, o que tenía ideas para lograr una recuperación de Alemania tras los acuerdos de la primera guerra mundial. Por el contrario, se impuso como una piedra fundacional de un andamiaje ideológico que no encontró más pegamento que la fuerza militar. La cercanía de las imágenes sobre los campos de concentración dificulta la posibilidad de ampliar la perspectiva de los hechos. Mi lucha puede hallarse en internet en ediciones de bajísima calidad y sin ningún tipo de cuidado editorial. Carece de notas que ayuden a clarificar ideas, lugares, circunstancias. Entonces resulta prácticamente ilegible en esas condiciones. Los fragmentos que pueden leerse en los libros de Vitkine y Kellerhoff revelan a un Hitler poseído por la idea de reforzar la posición de Alemania en el mapa europeo, además de sugerir que la única vía era la guerra. Una idea que llevaría a cabo con un costo incalculable en términos humanos.

La edición crítica alemana contiene cientos de comentarios de historiadores alemanes. El esfuerzo de comprensión es juicioso y se encuentra aprobado por el gobierno de Baviera. En el ámbito hispanoamericano es claro que nadie querrá “manchar” su catálogo editorial para incluir el libro de Hitler, que seguirá su destino como un texto maldito antes que como otro testimonio de la historia. El caso de Varela Geiss es ejemplificativo para hacer un avistamiento a la línea delgada que divide asomarse a la Historia y promover ideas de aniquilación. Las filiaciones al nacionalsocialismo se han erigido como una de las fantasmagorías más presentes en la vida política europea actual. Sería imposible negar su existencia aunque son minoritarias y carecen de acceso a puestos clave de la vida pública. La extrema derecha no siempre tiene la inspiración directa del nacionalsocialismo, ya que existía antes que Hitler y lo seguirá haciendo cuando ya nadie lo recuerde. Mientras tanto, no se cuenta con una edición cabal en lengua española de la única obra escrita del dictador alemán, lo cual es un signo de nuestro tiempo respecto a su ideario.