[La percepción general es que 2016 fue un año malo, decididamente malo, y quizá esto sea lo más próximo a la verdad. Sucedieron interminables hechos lamentables, se agudizaron los problemas que aquejan a las sociedades y, finalmente, el desinterés y la falta de solidaridad se imponen como el camino a la sobrevivencia en medio de un escenario ruinoso. Pese a ello, no todo parece perdido. Enlisto diez libros publicados en México por autores mexicanos, que aportan elementos para el entusiasmo, ya sea por su feliz manera de trenzarse con el desparpajo o por la convicción de avanzar en una dirección, a pesar del ruido de fondo. No se enlista la selección en un orden de prelación, sino de manera alfabética por apellido.]

 

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Catalina Aguilar Mastreta. Todos los días son nuestros. México: Océano, 2016.

 

La experiencia del amor se mistifica porque quien la conoce sabe que es mejor no acercarse demasiado a ella. Es el fuego vivo, que deja cicatriz cuando se ausenta y la cuesta para hallarlo de nuevo es elevada y no admite atajos. Aguilar Mastreta entrega su primera novela a la imprenta, luego de involucrarse en el cine como directora y guionista. Todos los días son nuestros es un recuento de días, horas y minutos dedicados al oficio de entender al otro e intentar amarlo. Las consecuencias de una tentativa semejante resultan dolorosas, por lo regular, y escasean las historias sin las fracturas que impone el tiempo, elecciones particulares y hasta la vida misma, que puede apagarse en cualquier momento. Es un relato que funciona a la manera de un memorándum respecto a que la fragilidad del ser humano es congénita y no una confesión de falta de entereza, como intenta convencernos la psicología de los manuales. Una novela que rescata las chispas que genera la fricción entre dos amantes, en el reducido espacio que se crea cuando los sentimientos agarran el timón de cada una de esas vidas.

 

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Mario Bellatin. Retrato de Mussolini con familia. México: Alfaguara, 2016.

 

La destrucción de la forma se ha vuelto el modo habitual de las publicaciones de Bellatin, quien no ha dejado de experimentar con las posibilidades del lenguaje en la vertiente que sugiere la falta de claridad como principio creativo, antes que la transparencia exagerada que deriva en ceguera, por lo común. De igual manera, el autor sigue con su trayecto de colaboraciones artísticas y ahora se asocia nuevamente con la artista húngara Zsu Szkurka (quien ya había ilustrado Jacobo reloaded), la cual provee un material gráfico que dialoga con la obra. Más próxima a la estética del libro objeto que a cualquier forma literaria convencional, esta entrega de Bellatin subraya de nueva cuenta su condición de artista conceptual que trabaja con la palabra, luego de ejercer únicamente como escritor a la manera canónica. La historia del libro, lo que menos importa, relata la muerte de un hombre enfermo, con preocupaciones religiosas y un desorden mental grave. El lenguaje confesional de cada uno de los textos, arrancados a la emergencia de consignar el trayecto de la inminente muerte, destaca por su ausencia de ornamentación y acento críptico.

 

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Margo Glantz. Por breve herida. México: Sexto piso, 2016.

 

Quizá nadie escribe tan libremente en la actualidad como Margo Glantz, con el acumulado de la experiencia, las lecturas, los viajes y las amistades. Cada una de sus entregas recientes es un ejercicio del gusto y en este libro se concretan diversas vertientes de su búsqueda literaria: el fragmento, el salto temporal, la reflexión múltiple, el estilo impecable, el goteo de la circunstancia que una vez hilada se transforma en un producto literario de alto poder. De la referida acumulación brota un libro de facultades oraculares y por cualquier página asoma una modalidad de escritura que escasamente podría ser imitada, a pesar de los abusos a partir de David Markson, Kenneth Goldsmith y demás autores asociados a cierta disolución de la forma. Este libro es un no-libro y en sus márgenes y silencios, veredas laterales y puentes para cruzar, se comprueba la ductilidad del lenguaje en su alcance íntimo y también social. Es una escritura puesta al servicio de los juegos de memoria, la eclosión del yo y el afán de preservarse en la experiencia compartida.

 

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Edgar Krauss. La droga de los profetas. México: Cuadrivio Ediciones, 2016.

 

La observación puntual de la realidad es virtud y condena a un tiempo, pues incrementa las posibilidades de asomarse a los vicios y defectos que forman el tiempo histórico. Edgar Krauss ha decantado cada uno de estos aforismos y reflexiones, hasta lograr un corpus que habla directo sobre la arrogancia, el sinsentido o la celebración de la amistad en tiempos de crisis. Atestiguamos una escritura punzante que se permite el devaneo y el paseo circular, una pausa a media calle y hasta beber un trago de mezcal para atisbar de una forma inquisitiva (no podría ser distinto), el actual delirio por ir con la presunción de un destino cierto, cuando en realidad se avanza a tientas y no siempre de pie. Este libro es un ejemplo modélico de cómo la escritura mínima, contenida por elección, puede arquearse para evitar el roce de la sensiblería que reina en la actualidad, los juegos de destreza con el uso de palabras y demás pirotécnicas con las que se intenta una engañifa a los lectores sobre el alcance de las formas breves, especialmente a través de la plataforma más célebre de microblogging.

 

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Luis Muñoz Oliveira. Árboles de largo invierno. Un ensayo sobre la humillación. México: Almadía, 2016.

 

Es difícil creer que ya nadie reflexiona sobre la dolorosa realidad mexicana, en la cual el abuso y la inopia constituyen el consumo cotidiano de noticias. El avance del tiempo impide darle seguimiento a los hechos y más grande de los pillos es olvidado y restituido por el calendario. Oliveira subraya la degradación ética de la sociedad mexicana contemporánea, en la cual la mayoría de los abusos pasan a formar parte de una humillación colectiva, ya que ninguno es sancionado. Presenciamos y formamos parte de una sociedad inmovilizada por la desidia y la aceptación de que todo puede ser peor, hecho que se ha comprobado en diversas ocasiones. La reflexión sobre el tiempo actual tiene en este libro un punto de inflexión, no para que cese la idiotez generalizada (ni la Biblia tiene esas facultades), sino para detonar una crítica con efectos para contrarrestar los vicios que ya se asoman como la vivencia cotidiana. Un libro que hace recordar al lector la época en que los autores podían erigirse como un punto de referencia para meditar el presente.

 

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Ignacio Padilla. Cervantes & Compañía. México: Tusquets, 2016.

 

Luego de la trilogía sobre Cervantes y la figura del diablo, Ignacio Padilla amplió su meditación sobre la vida y obra del autor español y la contrastó con la de Shakespeare. El resultado es un ensayo para indagar sobre ciertos puntos de contacto entre los dos grandes escritores. No deja de ser lamentable la muerte prematura del autor, pues esta entrega ayuda en la verificación de la amplitud de sus intereses. La figura de Cervantes y su creación sigue su andadura en el tiempo y los escritores mexicanos la leen de manera fructífera. Este libro es un ensayo breve sobre la grandeza literaria, la memoria de las generaciones y el azar que determina qué obras son las que ameritan ser conservadas en el tiempo. A ratos como devaneo y a ratos como erudición de académico, este libro es un excelente mecanismo de acercamiento a figuras señeras de la literatura universal, de las cuales ya se ha dicho todo sólo en apariencia. Así que lejos de instalarlas en la vitrina, Padilla las analiza y las vigoriza como lector suyo y hasta promotor de sus obras.

 

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Balam Rodrigo. Sobras reunidas.Antología de poesías & pensamientos inútiles. México: Bastardos de la Uva/Secretaría de Cultura, 2016.

 

No siempre los libros que se planean como tales, logran su cometido. El azar, la falta de equilibro y la escritura de urgencia, igualmente pueden dar en el blanco. Este libro inicia como una balacera contra la escena actual del medio poético y luego se libera del presente para adentrarse en la construcción de una lírica de sello personal. El raspado de cuadernos, en donde duermen poemas en el olvido, no es infrecuente en la tradición mexicana. Sí lo es, en cambio, que logren la verticalidad necesaria para ser leídos en formato de libro, puestos con una intención de permanencia más allá de la burla de sesgo bobalicón a poetas de otras extracciones, lo que no es sino una forma de asociación para sobrevivir en un terreno hostil por naturaleza. El ritmo es una preocupación de primer orden en este volumen y esto no es decir poco, ya que evita la actual forma telúrica de “transformar” cualquier desperdicio de palabras en lenguaje poético, sea una noticia del periódico, una entrada de la Wikipedia o las instrucciones para utilizar el microondas.

 

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Daniel Salinas Basave. Dispárenme como a Blancornelas. México: Nitro Press, 2016.

 

Seis relatos son suficientes para sugerir que la realidad es un pacto y admite prueba en contrario. El hábil manejo del humor negro, llevado hasta sus últimas consecuencias, logran una secuencia de historias en las que se confirma que la vida nos recibe con un rostro tragicómico. Si aún queda en el periodismo algún resabio de la vieja épica, Salinas Basave construye efigies de sus practicantes y él mismo las quema al final de la cada historia. A la manera de piñatas, los protagonistas son amarrados a una condición y entonces inicia la fiesta de los palos, en los cuales el lector tiene la mejor parte: reírse e imaginar que todo puede ser una pesadilla colectiva, así que no vale la pena quejarse demasiado. La estética crepuscular de las narcohistorias, en las que se glorifica la violencia y la figura del “matón”, experimenta en las páginas de Salinas Basave una posibilidad hacia la picaresca de acento clásico y el resultado es una aproximación al milagro. El cinismo, que parecía extinto, logra una segunda oportunidad y el estilo desmadejado colabora en la consecución del objetivo, logrado con creces.

 

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Julia Santibáñez. Ser azar. México: Abismos Casa Editorial, 2016.

 

Quizá la mejor manera de ser poeta es olvidarse de serlo y esperar a que las palabras logren su cometido. Julia Santibáñez marca por segunda ocasión la posesión de una geografía personal y estas páginas permiten vislumbrar con mayor amplitud que la vida cotidiana y un uso exquisito del lenguaje —en su línea más delicada: el sonido—, pueden lograr una asociación feliz que no se estacione en el desparpajo de mandar a la imprenta la primera intentona de versos sin el mínimo control de calidad. Por su parte, el cuerpo se impone como el eje de la materia poética, pues fuera de sus límites se habla desde la incertidumbre y el interregno. La poesía de Santibáñez apela a la experiencia de estar vivo y de padecer con los otros el cansino drama de la fragilidad de todo. Poética de eventos mínimos que confiesan la percepción general: nada es tan trivial que no pueda ser llevado al terreno poético, al de la música compartida que permite memorizar una línea para lograr el deseo más íntimo de los hombres: la comunión.

 

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Horacio Warpola. Badaud Electrónico. Antología de poesía komandroviana. México: Mantarraya Ediciones, 2016.

 

El retraso habitual de México respecto de otras estéticas a nivel mundial se acortó con internet, que permite enterarse de lo último en el momento en el que pasan los eventos a considerarse. Warpola ha estado atento de las dinámicas creativas a partir de los nuevos medios y en este poemario monta su labor creativa sobre otra, lo que deriva en un juego de espejos que destaca por su pertinencia y temeridad. Es lógico suponer que la alteración de la comunicación impacta en la tarea del escritor, sin embargo, el país se lee adormecido y cabizbajo por el entorno de violencia cotidiana. Las relaciones de la literatura con los medios electrónicos pueden atemperarse en este ejercicio de construcción poética, en donde la estructura sobresale y se impone en la valoración de las herramientas que utiliza Warpola para su cometido. El lenguaje poético de la actualidad son lenguajes múltiples y hasta la tarea del poeta se ha modificado, no obstante la insolencia de quien aún imagina al poeta como un anciano venerable con una frazada en las piernas, rodeado de jóvenes atentos en persecución de la epifanía.