Más que nunca, la templanza. La proyección del año, nada más inaugurado, se vislumbra como un largo sepelio de certezas y felicidades que se ganaron con décadas de combate ciudadano. De hallarse a la vanguardia en la lucha por los derechos civiles, Estados Unidos se arroja hasta el fondo del pasillo, desde donde mira a todos y profiere amenazas contra la marcha del mundo. Nuestra posibilidad de burlar al destino y sonreír hasta en la muerte se pondrá a prueba en los siguientes años. No hay nada escrito y esta podría ser la ocasión en que esa virtud haga caso omiso de los llamados para salir a escena. Esperemos que no se ausente.

La llegada de Donald Trump (Nueva York, 1946) a la presidencia de los Estados Unidos, el socio comercial más importante de México, presagia una época de severos ajustes a la economía de las familias mexicanas, aunados a aquellos derivados de participar de una economía plenamente globalizada. Si ya desde la década de los ochenta se acusaba la falta de oportunidades, la merma del ingreso y el coraje desguanzado de la economía nacional, las medidas que se avecinan sugieren que la sociedad será llevada hasta otro punto límite. Ya no sólo es la paridad del dólar, quizá el menor de nuestros problemas inmediatos. La oleada de inmigrantes que volverá al país derivado de las políticas migratorias, por ejemplo, generará estragos en el mercado laboral, ya que el país no tiene aparato suficiente para emplearlos. Es una válvula que soporta cierto grado de presión y luego sobrevendrán los estallidos.

El ámbito de la cultura será uno de los más lesionados con las nuevas medidas sociales y económicas. Ahora menos que nunca se destinará parte del ingreso familiar a las actividades culturales, con lo que se afecta de manera directa la situación de los creadores, que deberán continuar su labor con el mínimo de estímulos. El ánimo general se encuentra abatido. Nada más amanecer, inicia la balacera de noticias que ensombrecen las posibilidades de un futuro con el mínimo de seguridad financiera. Como ha sucedido en los momentos más álgidos de la historia, sobrevivirán quienes logren mantener la solidez mental necesaria, ya que a diario inicia la batalla. Para ilustrar esta idea, no es necesario siquiera recurrir a la Historia, que cuenta con todos los ejemplos imaginables. Ya es claro que el primer paso para doblegar la moral de grupo es fomentar el derrotismo y las actitudes apáticas, ambas salidas fáciles ante una situación crítica como la que se avecina.

Trump cuenta con el catálogo entero de las taras propias del nacionalismo más ramplón y, una vez en la presidencia, ya tiene la oportunidad de llevarlas a la acción como parte de su programa de gobierno. Las formas de resistir son mínimas y casi personales (siendo realistas), pero sí quedan vías para evitar este amago por parte de un mandatario global. Una de ellas es la cultura, pese a que cada vez pierde más terreno en el discurso contemporáneo, vuelto argamasa de disparates y falsificaciones. No es momento para ejercer optimismos sin fundamento, si bien los periodos críticos han generado obras significativas del espíritu, convertidas luego en insignias de ciertas formas humanas para contener los efectos de los embates del exterior. Llegó la hora de allanar el camino hacia nuevas formas de organización social, en donde quede manifiesta la cohesión de una comunidad más allá de las redes sociales.

La sociedad mexicana deberá refundar sus maneras de organizarse, hacer frente a las adversidades internas y externas. Trump llega a la presidencia cuando el primer mandatario del país se encuentra en el punto más bajo de su descrédito, con escaso respaldo social y luego de haber tomado medidas en contra del bolsillo ciudadano. El binomio es aterrador aunque puede generar una fisura desde la cual iniciarse un golpeteo para abrir más espacios de luz. No me detendré en convencer a nadie sobre la importancia del arte en la sociedad. Nos queda escribir, pintar, danzar, organizarse con mejores resultados, ahuyentar el medio, saltar diario de la cama con una idea en mente: sobrevivir para uno y para los demás.