[Francis Bacon (1909-1992) generó varias de las imágenes más célebres del siglo pasado. Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión o Retrato del Papa Inocencio X, son lecciones de modernidad que mantienen su fuerza germinal para motivar imágenes adicionales. Franck Maubert, crítico de arte, conversó con él por espacio de décadas. El olor a sangre humana no se me quita de los ojos (Acantilado, 2012) es un testimonio que permite asomarse al proceso creativo del pintor, que además ofrece al lector sus opiniones sobre literatura, pintura, música o teatro. Aquí subrayo quince inflexiones listas para llevar.]

 

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Prefiero las iluminaciones más violentas y no me gustan demasiado las pantallas, es lo que ponen en los salones de billar. No me gustan las decoraciones en las casas, es algo inútil.

 

Es gracioso que yo, que aborrezco la decoración, haya creado muebles y diseñado alfombras… ¡Qué horror!

 

“Clínico” es estar lo más cerca posible del realismo, en lo más profundó de uno. Algo exacto y tajante. El realismo es algo que te turba.

 

Los grandes poetas son unos formidables activadores de imágenes. Sus palabras me resultan indispensables, me estimulan, me abren las puertas del imaginario.

 

Me gusta la fuerza de las palabras. ¿Quién puede sustituir a Yeats, a T. S. Eliot, Shakespeare, Racine, Esquilo? La lectura de Esquilo me impone y hace surgir de mí imágenes. Nunca me cansaré de ello. Esos autores me excitan.

 

Siempre he sido un optimista, aunque no creo en nada.

 

Nunca sé cómo hacer un cuadro. La idea me viene —o no me viene— trabajando. Si pinto, ¿sabe usted?, es un poco por casualidad.

 

No lamento nada. Bueno, sí, lamento no haber aprendido el griego antiguo.

 

Nunca tengo ganas de conocer a las personas que admiro.

 

Un artista lo absorbe todo. ¿Qué artista no está influido por otro? Tomas de otro lo que puedes si te hace falta.

 

Cuando conocí a Allen Ginsberg le propuse que bebiéramos una botella de champán y me respondió con esta frase maravillosa: “¡No vamos a beber champán en un país pobre!”.

 

Marruecos es el Canadá del mundo árabe, aunque con menos árboles.

 

Es difícil explicar por qué Joyce es un gran escritor. Ulises es su mejor libro, allí ha torturado, triturado, despedazado el idioma… Inventó una técnica, un estilo, que va bastante lejos. Me gustan los que investigan, los que desmontan, los que deshuesan, los que inventan.

 

Me gusta, por encima de todo, Macbeth… Nada más terrorífico, más horrible que Macbeth. Es un concentrado del mal.

 

Me gusta el primer Buñuel o, en otro género, el cine de Antonioni al que me siento próximo, el de El desierto rojo, La notte… En Francia, Jean-Luc Godard.