[La tradición literaria mexicana tiene en el cuento a uno de sus géneros insignia. Por más que la novela sea el género príncipe en ventas, según las cifras de mercado, la ficción breve se impone como el gusto más sostenido de los lectores, sean ocasionales o continuados. “Actualidad del cuento” abrirá una vía de acceso a diez voces para asomarse a la escritura de ese género, desde la perspectiva de quienes ya lograron cierto dominio en el oficio y, por lo mismo, son las voces que libro a libro abren la brecha del futuro cuentístico inmediato. Josemaría Camacho (Ciudad de México, 1979) ha publicado tres libros de cuento. Entre los más recientes, se encuentran: Los que hablan a gritos (2015) y La ficción que nos precede (2017).]

 

—¿Por qué escribir cuento?

Por las posibilidades que ofrece. No ya de narrar, sino de no hacerlo. Algo que me parece muy interesante del cuento es lo oculto en lo no escrito: la brevedad obliga al narrador a escatimar hechos, detalles y rasgos definitivos de los personajes. El cuento te obliga a dar muchas cosas por sentadas y a narrar poco, sólo lo esencial. Es como asomarse a lo que pasa en un cuarto a través de una cerradura. Eso significa un reto para el autor que, de superarlo, sumerge al lector de un golpe en la historia, lo empuja a la piscina en lugar de hacerlo bajar por las escaleras.

 

—¿Escribes otro género literario?

Sí, novela. Tengo una publicada (Interruptus, Luzzeta, 2016) y una que busca suerte en concursos. Es un ejercicio completamente distinto. En el cuento muchas veces la trama es sencilla o anecdótica, la búsqueda va por otro lado. En la novela es más útil la trama (no necesaria). Y la tensión se logra tirando de otros hilos. Cuando he escrito novela siento una libertad tan grande que no necesariamente me gusta.

 

—¿Ha variado la escritura del cuento con la aparición de las redes sociales?

Absolutamente. Primero por la difusión y luego por el formato. Las redes sociales ofrecen fragmentos de vida o de realidad, no hay mucha cabida en ellas para estudios largos, narraciones complejas, ensayos serios. Más bien todo se trata de frases aforísticas, videos de un minuto, fotos de gatitos. El cuento entra como flecha en ese formato corto. El tuíter, por ejemplo, con esa restricción de caracteres, se convirtió también en un reto para muchos narradores. No creo que haya cambiado en esencia, pero sí en algunos accidentes.

 

—¿Cómo ha cambiado el género desde los escritores del Boom?

No lo sé. No soy muy estudioso de la historia de la literatura en términos de sistemas. Tengo la impresión de que el Boom no fue realmente un fenómeno sino para quienes vivían en otro lado. Aquí pasaba lo mismo de siempre, sólo que de pronto hubo ojos europeos mirando para acá. Algo parecido al descubrimiento de América, que sólo fue descubrimiento para quienes no la conocían. Pero en realidad lo ignoro.

 

—¿Es cierto que no hay editores que se interesen en los libros de cuento?

No lo creo. Al menos mi experiencia ha sido distinta. Me han publicado y me han rechazado —sobre todo lo segundo— de un montón de editoriales interesadas en el cuento. Claramente no es el producto estrella de las editoriales enfocadas en la venta masiva, pero las propuestas narrativas más interesantes no necesariamente están en esas editoriales.

 

—¿Escribes minificción o alguna modalidad de escritura breve?

Lo he intentado, pero no lo logro. Dentro de la brevedad del cuento me siento bien, pero la minificción exige una dosis de ingenio artesanal —como la que exigen también, por ejemplo, los palíndromos— que no tengo. Me gusta leerlas y me gusta pensar que algunos posteos que he hecho en tuíter podrían calificar como minificciones, pero no ha sido mi intención.

 

—¿Qué has encontrado en el cuento que no tienen otros géneros literarios?

La posibilidad de la ficción pura, sin explicaciones ni demasiados establecimientos. La posibilidad, también, de tomar el fragmento como el todo. El cuento es un género de la literatura que exige pragmatismo, brevedad, desenlaces prontos, nudos rápidos, trucos narrativos. Es un género emocionante.

 

—¿Cuáles son los cuentistas que más frecuentas? ¿Por qué?

Anticipo: diré puras obviedades.

Borges, el maestro. Quizás el único escritor que sigue siendo mi favorito desde que empecé a leer. Carver (o debo decir Gordon Lish, su editor, el verdadero genio).

Chejov, Poe, Lovecraft y Cortázar siempre tendrán un lugar preferente en mi librero —y en mi corazón, claro. Marcel Schwob y Calvino han sido mi inspiración constante.

Rulfo y Arreola en México, claro. Y también Elizondo.

Rey Rosa, Keret y Schweblin, mis favoritos más contemporáneos: me parecen, de los que conozco, los mejores cuentistas actuales, los más propositivos.

Mitologías de Invierno, de Pierre Michon, debe ser uno de los últimos grandes libros de relatos que leí. Michon es el autor total.

 

—Has publicado tres libros de cuentos. ¿Cuál ha sido la respuesta de los lectores?

El tiraje y la distribución de los tres libros (especialmente del primero y del último) han sido bastante cortos. En ese sentido la respuesta ha sido más bien poca. El otro se distribuyó más y en los meses posteriores a la publicación recibía con más frecuencia mensajes de algunos lectores a través de redes sociales o del blog. Me han gustado algunas charlas que tuve oportunidad de tener con grupos de escritores jóvenes, estudiantes de prepa y universidad. Las preguntas y los comentarios de quienes leyeron alguno de los libros han sido mucho más agudas que en otros foros y hemos podido alargar mucho la conversación.

Lo que ha faltado es crítica (buena o mala). Es decir, han faltado precisamente lo que preguntas, lectores. Con el tiempo vendrán. O no.