[La tradición literaria mexicana tiene en el cuento a uno de sus géneros insignia. Por más que la novela sea el género príncipe en ventas, según las cifras de mercado, la ficción breve se impone como el gusto más sostenido de los lectores, sean ocasionales o continuados. “Actualidad del cuento” abrirá una vía de acceso a diez voces para asomarse a la escritura de ese género, desde la perspectiva de quienes ya lograron cierto dominio en el oficio y, por lo mismo, son las voces que libro a libro abren la brecha del futuro cuentístico inmediato. Jonathan Minila (Ciudad de México, 1980) ha publicado tres libros de cuento y dos libros de cuentos para niños. Entre los más recientes, se encuentran: Todo sucede aquí (Cuadrivio, 2017) y El fantasma sin recuerdos y otras historias para niños extraños (Planeta, 2017).]

 

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—¿Por qué escribir cuento?

Por diversión, básicamente. Aquella imagen del escritor que sufre, que se atormenta, no me gusta mucho. Para mí la literatura es disfrutar, explorar en uno mismo: una especie de meditación. Yo con el cuento logro ese máximo gozo. Hallo en él todas las posibilidades. Decir lo necesario, ocultar lo evidente, dejar espacios vacíos, permitir que lector complete lo que no se ha dicho. Es un juego, una anécdota, un enigma, un rompecabezas. Hay dos jugadores. El autor y el lector. Y un tablero: todo. Desde el acto simbólico que genera un vínculo con el lector (a través de una especie de vaso comunicante entre el momento [resiente o lejano] en que se siembra la semilla de la historia y todos los instantes que vienen después: incluido el de la escritura y la lectura), hasta todo aquello que está en juego dentro de la propia historia. Los cuentos son permisos para visitar mundos diferentes. Por un momento, largo o corto. Un universo con sus propias reglas, su propia lógica: un lugar único e irrepetible y que se crea una y otra vez de forma distinta con cada lector. Me fascina la imagen.

 

—¿Escribes otro género literario?

Tengo un libro de ensayos. He intentado escribir poesía y novela. Sin embargo, es en el cuento donde he encontrado la herramienta precisa para expresar todas mis inquietudes sin la dominación de la angustia. La poesía me gusta, la leo, respeto a quienes son capaces de hacerla. Pero no puedo. La novela me cansa, su lógica es otra, su ensamblaje es distinto, el tiempo es más prolongado; y los ensayos me ponen nervioso. Con los cuentos solo juego, la paso bien, y al mismo tiempo hablo de aquello que me preocupa.

 

—¿Ha variado la escritura del cuento con la aparición de las redes sociales?

Algunos autores han aprovechado las virtudes de las redes sociales para buscar nuevas formas narrativas que, al final de cuentas, no lo son tanto, pero que ahora tienen una mejor exposición a través de la viralidad. Lo cual me parece que está muy bien. Quizá esto sea lo más novedoso: la forma de acercamiento con el lector, las posibilidades de generar vínculos y tocar esa fibra de la imaginación  a partir de una imagen, de una frase corta, de la ironía, o una anécdota. Todas las virtudes del cuento.

 

—¿Cómo ha cambiado el género desde los escritores del Boom?

Todo género permanece en una evolución constante. Con el paso del tiempo los estímulos, las preocupaciones, los formatos, son otros. Pero de fondo las historias son las mismas: la vida, la muerte, la traición, la belleza, etcétera. El cuento es una larga tradición en Latinoamérica. Sin embargo, sin duda los escritores del Boom –producto de un tormentoso siglo XX- nos permitieron un acercamiento distinto a este género. Exploraron con los temas, con el lenguaje, y sobre todo con la forma de narrar: lo volvieron más cercano al lector. Y no solo sus propias obras, sino que se convirtieron en el vínculo a autores indispensables como Borges.

 

—¿Es cierto que no hay editores que se interesen en los libros de cuento?

No. Hay muchos editores, sobre todo independientes, que están interesados en publicar cuento. Almadía, Cuadrivio, Páginas de espuma, y otros. El problema es quizá el mercado en general. Las grandes editoriales transnacionales están más enfocadas a la novela y por lo tanto los intereses generales.

 

—¿Escribes minificción o alguna modalidad de escritura breve?

No. De hecho creo que he ido en sentido contrario. Comencé escribiendo cuentos breves y con el paso del tiempo he ido aumentando y aumentado páginas. Es parte del experimento. Prolongar el tiempo de visita del lector, antes de la acción concreta para jugar un poco con el factor sorpresa, para poder incluir mayores elementos y referentes.

 

—¿Qué has encontrado en el cuento que no tienen otros géneros literarios?

Libertad, por un lado, y  rigurosidad por el otro. Es algo casi cuántico. Un equilibrio.

 

—¿Cuáles son los cuentistas que más frecuentas? ¿Por qué?

Los cuentistas de literatura fantástica, principalmente. Vuelvo una y otra vez a Poe y Kafka. A Matheson, Stephen King y Ballard. A Rulfo y Tario. A Michel Ende y  Roald Dahl. A Monzó, Sergi Pàmies y Keret. A Buzzati. A Guadalupe Dueñas y Amparo Dávila. Y varios otros que, seguramente, recordaré después.

 

—Has publicado cuatro libros de cuentos. ¿Cuál ha sido la respuesta de los lectores?

Ha sido una buena respuesta. Todo muy modesto, en concordancia con el alcance que ha tenido cada uno de los libros, pero he recibido muy buenas opiniones, me han buscado para hacerme comentarios, etcétera. En general mis historias, que yo llamo “extrañas” porque suceden en ellas cosas demasiado fantásticas, han encontrado su propio público: a los que están cansados de la realidad.