[La tradición literaria mexicana tiene en el cuento a uno de sus géneros insignia. Por más que la novela sea el género príncipe en ventas, según las cifras de mercado, la ficción breve se impone como el gusto más sostenido de los lectores, sean ocasionales o continuados. “Actualidad del cuento” abrirá una vía de acceso a diez voces para asomarse a la escritura de ese género, desde la perspectiva de quienes ya lograron cierto dominio en el oficio y, por lo mismo, son las voces que libro a libro abren la brecha del futuro cuentístico inmediato. Bibiana Camacho (Ciudad de México, 1974) ha publicado dos libros de cuento: Tu ropa en mi armario (Jus, 2010) y La sonámbula (Almadía, 2013) y dos novelas Tras las huellas de mi olvido (Almadìa, 2010) y Lobo (Almadía, 2017).]

 

—¿Por qué escribir cuento?

Porque es un reto para la imaginación y para la brevedad. Para mí son postales o fotografías, que reflejan un pequeño universo, transmiten una historia que inició mucho antes de que la fotografía fuera tomada y que seguramente continuará después. Los cuentos con la cualidad de la brevedad contienen un universo completo, la naturaleza humana se ve reflejada en unas cuantas palabras, siempre y cuando logren combinarse de manera decuada, milimétrica. Yo me imagino que un cuentista es un artesano que trabaja con precisión, concisión y esmero. Aunque el resultado es breve, su trabajo no es pequeño, al contrario. Por otro lado, me parece que a través del cuento siempre se aprende algo nuevo. En mi caso particular, los cuentos que logro plasmar sobre el papel nacen de temas imágenes o ideas que me rondan en la cabeza durante semanas, meses o incluso años. Algunos pocos vienen a mi cabeza en el momento y generalmente terminan en el bote de la basura o en la papelera virtual de la computadora.

 

—¿Escribes otro género literario?

Escribo novelas y me encanta hacer perfiles de personajes que me atraen. Tengo una serie de perfiles que se llama “Dalias negras”, en los que retratro la vida de mujeres que hicieron algo espantoso, no necesariamente son asesinas, pueden ser maltratadoras, delincuentes, charlatanas, violadoras, embaucadoras, líderes de bandas sanguinarias o simplemente mujeres que enloquecieron por unos minutos y llevaron a cabo una acción que jamás imaginaron que realizarían. Me gusta descubrir sus casos, leer todo lo posible acerca de ellas, de su contexto, de las ciudades donde ocurrió todo, de cómo es la sociedad. No pretendo dar explicaciones, pero sí tratar de mostrar un panorama más amplio que el que suele encontrarse en las noticias inmediatas. En cuanto a la novela, es un género en el que me siento más cómoda, a diferencia del cuento, en la novela, es como si uno observara a los personajes durante toda una vida, con sus detalles y sus pequeñas miserias. Además durante el trabajo, es más placentero surcir, bordar y coser fino, es como un rompecabezas que uno arma y que poco a poco completa un paisaje completo.

 

—¿Ha variado la escritura del cuento con la aparición de las redes sociales?

No, para nada. No se le puede llamar cuentos a las ocurrencias que a veces aparecen en las redes sociales. Lo que ocurre es que con las redes cualquiera puede opinar y ser leído o escuchado; pude subir un texto que considera que es un cuento y presentarlo como tal. Además como hay gente ávida de seguir a otros, la banalidad tiene un escaparate que antes no tenía.

 

—¿Cómo ha cambiado el género desde los escritores del Boom?

Creo que el cuento no ha cambiado un ápice desde tiempos inmemoriales. No me parece que los escritores del Boom hayan aportado algo novedoso. Ni siquiera en los temas. Reconozco que a partir de ellos hay un reconocimiento que antes no existía, pero lejos de eso, no me parece que haya un cambio profundo en la estructura o en las temáticas.

 

—¿Es cierto que no hay editores que se interesen en los libros de cuento?

Sí los hay, de hecho a últimas fechas cada vez veo más libros de cuentos. Me parece que lo que no hay son editores, o más bien hay muy pocos, la mayoría se conducen como publicistas. De modo que ya no le dan seguimiento a un autor, ni lo acompañan o ayudan a mejorar sus propuestas. Ahora el proceso es al revés, se fijan en el mercado, en lo que es fácil vender y a partir de ahí toman decisiones. También procuran crear figuras públicas a partir de los escritores, muchas veces la gente compra un libro de alguien que sale en la televisión o quienes sus publicistas-editorers les han promocionado y hecho lo posible porque aparezca en todos los medios posibles, sin importar la calidad del producto ofrecido, porque hoy en día lo que se ofrece no es literatura, sino al autor como figura pública o líder de opinión.

 

—¿Escribes minificción o alguna modalidad de escritura breve?

La escribo como divertimento, si es que lo que escribo podría considerarse minificción, sobre todo comparto en redes sociales pequeñas escenas que me topo por las calles y siempre les agrego un toque de ficción. Pero yo jamás pienso esos textos breves como minificciones, la verdad.

 

—¿Qué has encontrado en el cuento que no tienen otros géneros literarios?

El cuento tiene la cualidad de la brevedad y eso me obliga a ir al punto, a evitar regodeos, a precisar lo que los personajes hacen y experimentan, a trazar en pocas líneas, como un boceto toda la naturaleza humana contenida en un personaje, por compleja que sea. Además el lector tiene la obligación de completar la historia de involucrarse con la situación, de entrar en la atmósfera, de seguir a los personajes. Pero eso sólo se logra si el cuento es bueno y por lo tanto la complicidad entre escritor y el lector crea un mundo que antes no existía, desde el cual los dos observan ese pequeño universo.

 

—¿Cuáles son los cuentistas que más frecuentas? ¿Por qué?

Lucia Berlin, Clarice Lispector, Catherine Mansfield, Edgar Allan Poe, Anton Chéjov, Roland Topor, Robert Dhal, Amparo Dávila, E. L. Doctrow, Juan Rulfo, Horacio Quiroga,  Roberto Artl., J. D. Salinger. Me parece que todos ellos tienen una personalidad definida y están obsesionados con sus propios temas que plasman una y otra vez, de manera magistral en sus relatos. Mis favoritos cambian periódicamente, algunos siempre permanecen, pero la buena literatura de estos autores es envolvente y embriagante, uno no los puede soltar, al menos yo no puedo.

 

—Has publicado dos libros de cuentos. ¿Cuál ha sido la respuesta de los lectores?

Es complicado medir la respuesta de los lectores. Ni siquiera las ventas optimistas podrían dar una respuesta, me parece. Sin embargo he recibido comentarios, que no me atrevo a considerar como halagadores; sin embargo el hecho de que un cuento le haya provocado un sentimiento a alguien, así sea de miedo o perturbador, quizá porque vio reflejado algo ahí de su propia naturaleza o la de alguien cercano; me parece mejor que los alagos superfluos o el silencio que nace de la indiferencia.