[Sobre “Motel Bates” de Yussel Dardón.]

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El cine ha funcionado como una escuela de la sensibilidad desde su invención. Contra su hechizo no hay pócima. Salimos embelesados de la sala obscura. Su colectivización como ceremonia, por otro lado, está lejos de afectar su relevancia como fábrica de sueños. También entrena el ojo narrativo y obsequia imágenes para recordar. Igualmente para divagar, ya que soñamos imágenes. El escritor actual organiza secuencias narrativas con planos. Planea sus relatos a partir de storyboards y hasta hay quien escribe un libro con su respectivo soundtrack. Los modos de la literatura, al fin, no cesan de diversificarse. El laberinto tiene muchas puertas.

Yussel Dardón (Puebla, 1982) construye en Motel Bates (2012) un tríptico narrativo de viñetas hiladas alrededor de una de las películas más emblemáticas del cine: Psycho (1960) de Alfred Hitchcock. Las variaciones alrededor de este clásico no son pocas. El propio Gus Van Sant filmó un remake en 1998. Y, no obstante, esta obra de Dardón gana autonomía en su interés por lograr una mirada distópica. Este libro es el cuaderno de apuntes de un espectador concentrado, casi obsesivo, y asimismo variaciones sugerentes a ciertos escenarios de la película. A los dichos y actos de los personajes. También a lo que no se dijo, a las palabras sugeridas y a los murmullos que se perdieron. El detrás de cámaras del detrás de cámaras de la edición extendida del Director’s cut. Narrativa del confín y el eco, Motel Bates es un rescate de una memoria imaginada que por serlo demanda una edición ilustrada, con escenas escogidas de la película.

Dardón monta su ficción en otra, construida de manera previa, que el lector debe conocer. Hay unas coordenadas establecidas con anterioridad. Aquí las reglas del juego las pone Hitchcock y el cúmulo de rescritura posterior a la exhibición de la película misma. Estamos ante una obra en colaboración y el lector está llamado a participar. Miles de manos y ojos sobre un objeto germinal que continúa dispersando sentidos. Una variación de tema, como hacen los músicos a partir de obras monumentales. El poblano confiesa su devoción por el cine y su condición de espectador atento. Y esta confesión es multitudinaria: es el clamor de una generación que se educó en los escenarios virtuales de los videojuegos y en la aventura sin fin de tantas películas memorables.

Cada libro que se lee debe ser un reminder de porqué leemos. Es el caso de Motel Bates.

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Twitter: @Luis_Bugarini