[La tradición literaria mexicana tiene en el cuento a uno de sus géneros insignia. Por más que la novela sea el género príncipe en ventas, según las cifras de mercado, la ficción breve se impone como el gusto más sostenido de los lectores, sean ocasionales o continuados. “Actualidad del cuento” abrirá una vía de acceso a diez voces para asomarse a la escritura de ese género, desde la perspectiva de quienes ya lograron cierto dominio en el oficio y, por lo mismo, son las voces que libro a libro abren la brecha del futuro cuentístico inmediato. Mónica Soto Icaza (Ciudad de México, 1979) ha publicado tres libros de cuento: Tú, en fragmentos del mundo (2006), Monoretrato Autólogo (2008) y, recientemente, Grab my pussy! (2017).]

[Fotografía de Ricardo Poza, cedida por MSI.]

 

—¿Por qué escribir cuento?

Es mi género favorito. Tanto para leer, como para escribir. Mis primeros amores literarios fueron cuentistas: Edmundo Valadés, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Edgar Allan Poe, Michael Ende. Tuve la fortuna de crecer en una casa llena de libros, entonces cuando empecé a explorarlos decidí que me dedicaría a ellos de por vida. Me cautiva el reto de contar una historia con las palabras justas, exactas. Otro factor es que soy periodista de profesión, así que aprendí a describir sin adjetivos, a explorar el hilo conductor y desarrollarlo con brevedad manteniendo la tensión o la carcajada.

 

—¿Escribes otro género literario?

Escribo novela y sigo en constante aprendizaje de la poesía. La mayoría de mis novelas son breves, para mantener al lector al filo del asiento (o de la cama).

 

—¿Ha variado la escritura del cuento con la aparición de las redes sociales?

La aparición de las redes sociales lo que ha logrado con el cuento es ponerlo en los ojos de más lectores. Aunque sí, en México hay una tradición cuentística importante, desde que tenemos la oportunidad de leer relatos hasta en un timeline de Facebook, empieza a llamar mucho más la atención. Las redes nos permiten también como escritores conocer de propuestas y diversidad de contenidos. Creo que es uno de los mejores momentos para el cuento.

 

—¿Cómo ha cambiado el género desde los escritores del Boom?

Veo una tendencia a regresar a la estructura básica y lineal del cuento, a la libertad de escribir de acuerdo al estilo y a la exploración propia, que a una tendencia. Creo que ahora los cuentistas pueden elegir sus palabras, perversiones y estridencias como nunca.

 

—¿Es cierto que no hay editores que se interesen en los libros de cuento?

En las encuestas de preferencia de lectura es raro que el cuento aparezca; la mayoría de la gente se inclina por novelas extensas o por libros que les den respuestas a sus inquietudes cotidianas. Ciertamente es un género poco solicitado por los compradores de las librerías, es por esto que el cuento no es el preferido de los editores. Por fortuna ahora contamos con los independientes, que se arriesgan a propuestas distintas, no necesariamente enfocadas a un gran mercado, sino a la creación.

 

—¿Escribes minificción o alguna modalidad de escritura breve?

Sí. Me encanta de la minificción que humor, ingenio e inteligencia son esenciales, que el título del texto sea parte de la historia que vas a contar y el desenlace le robe una expresión de asombro al lector.

 

—¿Qué has encontrado en el cuento que no tienen otros géneros literarios?

La facilidad de exploración. El reto de la brevedad.

 

—¿Cuáles son los cuentistas que más frecuentas? ¿Por qué?

Ahora estoy explorando a los autores japoneses, como Junichiro Tanizaki, porque su erotismo plantea puntos de vista distintos a los típicos de la cultura occidental. Pero me voy mucho más con los latinoamericanos, supongo por la identificación que siento con ellos dentro de este caos que es nuestros pedazos de tierra: García Márquez, Vargas Llosa, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, José Agustín, Edmundo Valadés, Horacio Quiroga, Borges, Cortázar, Juan José Arreola, Emiliano Pérez Cruz, María Luisa Bombal, y no sigo, porque los aburro.

También me gusta la decadencia de los cuentos de Bukowsky, la lucidez del trabajo de Munro, Edgar Allan Poe, Kafka, Chéjov. En realidad amo explorar autores, épocas. Sí. Tengo una adicción.

 

—¿Por qué elegir la escritura de asuntos eróticos?

La escritura de asuntos eróticos me eligió a mí. Desde muy joven he estado muy conectada con mi cuerpo y sus múltiples sensaciones y percepciones, por eso empezar a escribir conectada con la sensualidad fue natural en mí. Yo concibo el erotismo no sólo como el acto sexual y sus distintas dimensiones, sino como ir por la vida con los sentidos bien despiertos, dispuestos a los pasones de adrenalina que el mundo nos regala: los olores sublimes, las imágenes esplendorosas, la increíble cantidad de texturas, tanto para la piel, como para los oídos; los sabores orgásmicos, en fin, con una conciencia lo más completa posible del entorno, a un nivel físico y espiritual.

 

—¿Qué opinas del feminismo?

No existe un solo feminismo, y precisamente en eso radica su importancia en el diálogo del mundo. Hay el radical, que a mi parecer es algo así como un machismo, pero ejercido por mujeres, y también existimos las feministas que lo somos como un acto de congruencia con la idea de que hombres y mujeres no somos iguales, es física y emocionalmente evidente, pero sí tenemos los mismos derechos como seres humanos que cohabitan el mismo planeta.

 

—El feminismo se instala en la conversación diaria, incluso en su vertiente más radical. ¿Qué puede encontrar la mujer que se asume feminista en tus obras? ¿Piensas en ellas al abordar tu escritura?

Quienes leen mis obras pueden encontrar identidad femenina, la sensualidad que es propia de todas las personas, hombres o mujeres; alternativas de diálogo entre distintas ideas pero, sobre todo, temas que dejarán en la mente de quien lee una polémica interna, enfocada en generar ideas nuevas sobre asuntos viejos y que necesitan modificarse en aras de una mejor convivencia entre sexos.

Confieso que cuando abordo la escritura no pienso nadie, sino en compartir historias, en provocar reacciones, ya sean lágrimas o carcajadas.

 

—Has publicado tres libros de cuentos. ¿Cuál ha sido la respuesta de los lectores?

La respuesta ha sido asombro. Uno de los comentarios que recibo más frecuentemente es que mi manera de escribir no corresponde con mi aspecto, vamos, que tengo cara de gente decente y persona normal, entonces leerme les resulta sorprendente. El primer libro, Tú, en fragmentos del mundo, es un cuento largo que habla sobre el duelo; como era parte de un proyecto de la Secretaría de Desarrollo Social sobre la tierra, fue una experiencia distinta: el libro no se vendió, lo regalaron en distintas dependencias gubernamentales (además para mí fue el doble de raro porque no acostumbro trabajar con el gobierno).

El segundo, Monoretrato Autólogo, son cuentos cortos sobre diferentes temas que me inquietaban de la vida, como la gente que es grosera con los meseros, los adictos al drama o cómo se disuelve la cotidianidad entre los recuerdos. Era una edición especial, de formato cuadrado, con textos y fotografías curiosas de mi otro vicio: viajar. Los lectores respondieron con carcajadas; fue el primer libro de corte irónico y sarcástico que publiqué, así que representó una vivencia nueva y maravillosa. La edición era de “Bienvenida a la vida”, porque lo escribí y publiqué para que mi primer hijo, que estaba por nacer, viera que su mamá no siempre fue la señora regañona y gritona en la que se convirtió (y sí, ja).

Grab my pussy! es también un experimento, es la primera vez que publico algo de sexo explícito. Lo veo como una travesura literaria. El libro como objeto es un formato diferente, con una encuadernación que ha llamado mucho la atención. La respuesta al contenido ha sido diversa: hay quienes lo aman y quienes lo odian, lo cual me parece fantástico, porque quiere decir que estoy consiguiendo el objetivo de provocar reacciones extremas en el lector.