Antes de Blade Runner 2049 (2017), en este mismo año, la renovada adaptación de Ghost in the Shell marcó la pauta para subrayar la importancia de la memoria como factor de lo humano. La ciencia ficción continúa su abordaje de aspectos que la literatura “highbrow” soslaya por asumirlas poco literarias —salvo excepciones, como la de Doris Lessing. Esto inquieta porque implica conceder en lo siguiente: que la realidad, con su fuerza de miles de imágenes que se repiten, se impone a las capacidades de la imaginación; que atender la problemática del tiempo presente, desde la parte literaria, es más urgente que explorar las posibilidades imaginativas a partir de la condición humana, y; finalmente, que somos apenas lo que vivimos, con todas sus limitantes e injusticias. Meros actores de la circunstancia.

 

 

Luego de salir por tercera vez del cine para presenciar Blade Runner 2049, concluyo que importa como bisagra para meditar de nuevo sobre cómo la memoria es casi la definición misma de lo humano. Se funden hasta quedar como un solo aspecto de la misma realidad. Los temores sobre la nueva adaptación no carecían de fundamento. La versión de 1982 ha ganado la condición de culto y está lejos de perder el interés que despierta en las generaciones de los más jóvenes, que se acercan a ella anhelantes de adentrarse en la estética postapocalíptica. El talante literario que aporta desgajarse de una obra de Philip K. Dick se percibe a cada momento. El entorno sintético y de simulación tecnológica habla directo al tiempo presente. Esto porque ya no estamos lejos de reemplazar la vida orgánica con otras de inspiración digital.

En la esencia de Blade Runner 2049 y de la primera entrega, destella la fascinación de un hombre (Rick) por una mujer (Rachel), lo que deriva en golpes en la memoria. Un primer encuentro que ya no es posible olvidar y se presenta cada vez con más fuerza. Así es la auténtica memoria. El aspecto literario del filme brota de manera reiterada. Es la construcción de los diálogos, los silencios, las intermitencias y hasta los disimulos. La parte tecnológica y sonora colabora en su punto más alto para lograr una experiencia cabal de los sentidos, si bien no podría salvar del olvido a otra película de ciencia ficción. La película en sí misma es un State of the Art del cine actual.

Por su parte, la trama policial, que siempre vive una hiperexplotación en cine y televisión, llega a la audiencia con un renovado sentido de la identidad y la ética. Apenas son distinguibles los policías buenos de los malos. De hecho, son categorías que no tienen sentido en la película. Ahora la masa de la realidad ya es imposible de catalogar. Andar a pasos de ciego es la nueva regla de la tarea policial y los bandazos por parte de quienes dan las instrucciones genera descontrol en quienes deben o deberían obedecerlas. Blade Runner 2049 vuelve sobre la idea de que los intereses colectivos quedan supeditados a los privados, en la mayoría de las ocasiones, aunque al final lo que subsiste son las relaciones filiales, el amor en su expresión menos corrupta y la fascinación por una mujer que no se extingue.

Pero más allá de la trama, que recoge el legado de la versión de 1982, subsiste la dificultad para tender lazos afectivos entre las personas y los nuevos seres-ahí (me sirvo de la fraseología de Heiddeger). Los hologramas, las creaciones computarizadas, los clones y otras derivaciones tecnológicas del ser humano, se instalan en la realidad y actúan para producir consecuencias. Estabilizan un entorno o lo desestabilizan. Los nuevos seres provocan crisis. Esto exige una nueva ética. Ya no será posible mantener modelos éticos horizontales o verticales para procesar la diferencia. Blade Runner 2049 es una comprobación de los límites de lo humano. No deben olvidarse las palabras de Philip K. Dick en Cómo construir un universo que no se derrumbe en dos días: “Los dos tópicos que más me han intrigado son: ¿Qué es la realidad? y ¿Qué construye a un auténtico ser humano?”. Ambas preguntas aparecen sobre la mesa en el filme, con sus respectivas posibles respuestas. Los espectadores tendrán la última palabra.

Dentro de la oferta múltiple del cine, Blade Runner 2049 es una de las entregas más exquisitas y visitables, lo mismo por lo que hace al mero entretenimiento con efectos especiales, que por tomarle el pulso a una historia de pérdidas y hallazgos, ausencias e inestabilidad. Un filme tenso que se vuelve un hito instantáneo de camino al cierre de 2017. Que inicien las formas sutiles de la veneración alrededor de ella.