[El balance de 2017 se muestra positivo, al menos por lo que hace a la cosecha literaria de cientos de autores que publicaron algún título a lo largo del año. Y lo usual: en el país sucedieron interminables hechos lamentables, se agudizaron los problemas que aquejan a nuestra sociedad y, finalmente, el desinterés y la falta de solidaridad se imponen como la única vía a la sobrevivencia en medio de un escenario ruinoso. Pese a ello, no todo parece perdido. Enlisto diez libros publicados en México por autores mexicanos que aportan elementos para el entusiasmo, ya sea por su feliz manera de trenzarse con el desparpajo o por la convicción de avanzar en una dirección a pesar del ruido de fondo. La selección se enlista de manera alfabética por apellido.]

 

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Mariana Bernárdez. Aliento. México: Secretaría de Cultura / Dirección General de Publicaciones
La Cabra Ediciones, 2017.

 

Una de nuestras voces poéticas más reconocibles, Mariana Bernárdez (Ciudad de México, 1964) se muestra con un dominio del oficio capaz de suscitar la envidia de los menos inestables. En esta entrega, Bernárdez logra una colección de instantes ligados por la erudición que se vuelve verbo y por esa delicadeza que brota de la pasión por el conocimiento más necesario. La vocación de enigma y de palabra esencial bombea cada uno de estos versos, en los que la apuesta siempre es a largo plazo y no admite restricciones de camino a la autocomplacencia. Una poética de la inteligencia, celebrada con un generoso prólogo del poeta español Antonio Colinas, avanza en la construcción de sí misma. Aliento anda a paso sensitivo y no da muestras de concesión. Un conocimiento profundo de las tradiciones bíblicas y hermética, de las poéticas cercanas al espíritu y de otras sabidurías, dotan a la obra de Bernárdez de una textura que no es fácil hallar en la tradición mexicana. Es una obra poética que debe leerse a puerta cerrada, lejos del ruido que genera la literatura que sí puede leerse en medio de la plaza comercial, mientras nuestro acompañante compra los regalos de navidad.

 

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Luis Felipe Fabre. Escribir con caca. México: Sexto Piso, 2017.

 

La obra de Salvador Novo (1904-1974) se mantiene como una de las más corrosivas de la letras mexicanas. Su capacidad para la destrucción es ilimitada. A un lado del desagrado moral que produce la temática de su literatura, se le reconocen, no obstante, virtudes satíricas difíciles de imitar —ya no se diga igualar. Acaso desde Marcial no se había escrito con este veneno, al punto de que el producto de su escritura deriva irreconocible del material que utilizó para plasmarla. Fabre nació el año en que muere Novo y en este libro arriesga un homenaje que de poco ayuda al entendimiento del escritor, aunque tiene el mérito de confesar un entusiasmo. Un ensayo ligero, sin apenas pretensiones, que revela que sus libros aún seducen a los autores de las generaciones más recientes. Monsiváis ya cuenta con un feligrés para que las velas de la capilla nunca se apaguen. Más allá de su permanente capitalización del mal gusto, Novo se mantiene en una cúspide (ignoro cuál: alguna) con su forma delicada de estilizar hasta el extremo las temáticas menos visitables.

 

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Guillermo Fajardo. Los discursos presidenciales. México: De otro tipo, 2017.

 

La literatura de los autores más jóvenes no se ausenta de la búsqueda de ganar entendimiento de un país que lucha por cubrirse el rostro. Guillermo Fajardo (Acapulco, 1989) asienta la narración de esta novela en un espacio geográfico llamado “Derúm”, semejante a México, en el cual los actos de violencia son tan reiterados que resultan indistinguibles de la “normalidad”, que acaso allá ni siquiera exista. Es el espectáculo del carnaval mexicano en el ámbito de lo político, puesto en un escenario de ficción, en el cual el lector puede hallar los elementos para explicarse lo que ocurre o para intentar olvidarlo para entregarse al juego libre de la vida. Luego de varios libros de narrativa, Fajardo logra en esta novela perfilar una geografía personal, a un tiempo íntima y pública, en la cual vaciar sus inquietudes, ya que es un narrador cuya obra no será posible explicar fuera de la polis. El deporte de la política palpita en sus lecturas más audaces y estos discursos, álgidos y rocosos, ganarían el asentimiento de quienes sienten entusiasmo por la Historia de Roma y las tragedias de Shakespeare.

 

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Jorge Fernández Granados. Vertebral. México: Almadía, 2017.

 

Casi al cierre de año aparece este libro de “breverías”, como las denomina su autor. A medio camino entre la ficción breve, el ensayo germinal y el instante poético, cada uno de los fragmentos logran cierto espacio reconocible de una voz poética, capaz de observar de modo sesgado y a un tiempo en diferentes direcciones. El resultado es una lección magistral sobre el uso del fragmento, más allá de la complacencia, el apunte bobo y la línea oracular que lo único que logra es confesar que nunca debió escribirse. Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965) es uno de los poetas más leídos en la actualidad y este volumen igualmente lo muestra como un estilista indispensable del texto híbrido de notable consistencia. Vertebral teje con pulcritud y respeto por el lector un recorrido por el mundo, en el que los objetos existentes se muestran como un indicio del soplo divino, del cual es posible extraer alguna lección. Uno de los libros más oportunos de los últimos tiempos, en el cual se vuelve obligatorio reinventar la brevedad.

 

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Alejandro García. De las No Vírgenes y sus Andanzas Mundanas: La prostitución en la narrativa. México: Fondo Editorial del Estado de México, 2017.

 

En la literatura mexicana abundan las prostitutas porque nunca faltan en el mundo y más: nunca lo harán. El que se ha denominado el “oficio más viejo del mundo” —que acaso no lo sea, pero sí es uno de los más socorridos—, desfila en estas páginas, en las que García subraya no pocos de sus momentos más álgidos. La narrativa es especialmente un género propenso a registrar esta actividad, no sólo por autores que se inclinan por la sordidez, sino igualmente por aquellos que se adscriben a la mochería y hallan en estas mujeres una puerta de acceso al infierno en la Tierra. Lejos de una ensayística que sólo ayuda a plantear cómo el escritor se rasca el pelo, hay una que decide acudir a la tradición para hallar elementos desperdigados con el propósito de unirlos en un mosaico reconocible. Pero más allá incluso de su posible utilidad para académicos o escritores curiosos, lectores de cepa y adictos a esa temática, el ensayo funciona como un termómetro para asomarse a la escritura actual de nuestro ensayo literario.

 

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Martha Mega. Vergüenza. México: Mantarraya Ediciones, 2017.

 

Los poetas jóvenes tienen la misión de revelar todos los errores de las generaciones anteriores, lo mismo en lo poético que en lo moral. Es una temporalidad que no dura demasiado y debe explotarse hasta que no quede nada más por extraer de ella. Martha Mega (Ciudad de México, 1991) publicó un encomiable libro de poemas, cuya sangre circula a paso veloz porque no puede vivirse de otro modo. Una lírica de las sensaciones y de actitud frontal ante un mundo que se confiesa desigual, habita en estas páginas que hacen suponer la vitalidad de cierta poesía joven. Si aún es posible cantar la poesía, y no sólo licuar palabras al azar para lograr un objeto de apariencia poética, Mega hace lo propio y en cada uno de sus versos, leídos o escuchados en eventos de poesía, se distingue por una vocalización como forma de reafirmarse y subsistir. La poesía no deja de ser un mecanismo de sobrevivencia y Vergüenza prueba que no hay que sentir ninguna por confesarse poeta, sea en la escuela, en la cantina o en la iglesia de cualquier fe.

 

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Ulises Paniagua. Entre el día y la noche. Cuentos para morir de pie. México: UAM, 2017.

 

No es difícil distinguir la vocación por el cuento del mero turismo facilón de quien no puede intentar nada más, sea porque tiene cualidades de anecdotista o sea porque acudió a un taller del género y tiene una redacción aceptable aunque modesta. Ulises Paniagua (Ciudad de México, 1976) se ha mostrado cabal en la novela y en la poesía, aunque en el cuento ha dado sus mejores golpes de martillo. Su devoción por el género, además, lo llevó a editar dos antologías del cuento con todo lo que esto implica en términos de labor humana. Este volumen de cuentos lo confirma como uno de sus cultivadores más personales, en el cual el uso de la síntesis y los diálogos empleados con inteligencia, logran piezas de gran relieve humano y universal. No en balde el libro está dedicado a esa gigantesca realidad que es Latinoamérica. Paniagua, llamado a ocupar un sitial al frente en nuestra narrativa, publica su obra literaria con tanta discreción como maestría en el oficio y no queda sino agradecer el gesto.

 

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Gabriel Rodríguez Liceaga. Falsos Odiseos. México: Cuadrivio, 2017.

 

Parecería que Rodríguez Liceaga ha dedicado más esfuerzos a perseguir premios literarios que a la lectura de libros inaplazables. Pese a ello, páginas de este volumen prueban que tiene tiempo para ambos empeños. Es claro que Falsos Odiseos inicia su consolidación como el cuentista canónico de la generación de los ochenta, ya que lo muestra dueño de una estética y además capaz de utilizar las herramientas del oficio para lograr las piezas que necesita. Es una escritura plena de orientación y sentido. Su capacidad lúdica deriva proverbial y los efectos de esta escritura son extremosos: la veneración absoluta o el descreimiento por envidia. En apenas ninguna de sus entregas anteriores, logra la puntería de estas páginas, en donde el lenguaje se tuerce en la dirección esperada, lo mismo para lograr un efecto esperado que para no lograr nada más que el asombro por lo inacabado. Una escritura que centellea desfila por estas páginas, que se leen como un homenaje compartido a Augusto Monterroso y a Julio Torri, que lo miran atentos desde su descanso.

 

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Alberto Ruy Sánchez. Los sueños de la serpiente. México: Alfaguara, 2017.

 

Hay autores que se fían al desorden de la realidad (y así se leen sus libros) y otros que se ponen al servicio de la imaginación para la construcción de benéficos mundos alucinatorios. Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México, 1951) es uno de nuestros mejores hombres cuando se trata de elegir la imaginación como la brújula a seguir en medio de mares que se excusan de atender lo inmediato. Su capacidad para pasar de largo ante los becerros de oro, admirados por quince minutos, se ha vuelto germinal. La suya es una escritura que se pone a sí misma el reto que ser lo más transparente posible y llevar al lector a lugares remotos, siempre a través de los mecanismos más estilizados, propios de la mejor literatura. En esta entrega, Ruy Sánchez logra una pieza de relojería para celebrar las posibilidades de la inteligencia, llevada hasta un punto en el que el hecho literario se confunde con la vida misma y la proximidad del símbolo y el mito logran escenarios de la más pulcra manufactura. Una de sus entregas que logrará un lugar de privilegio en su bibliografía.

 

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Mónica Soto Icaza. Grab my pussy! México: Edición de autor. 2017.

 

La escritura erótica es una de las menos fáciles al tacto para cualquier escritor. Como si se tratase de una prenda de satín, se escapa de las manos. Mónica Soto Icaza (Ciudad de México, 1979), en este volumen, la une con una escritura breve y el resultado es un libro de cuentos que logran el asentimiento del lector, lo mismo por su velocidad narrativa que por su eficacia. La exploración de las sensaciones femeninas, y de una idea de mujer que puede ser libre y además hacer desplantes para subrayarlo, logran cuerpo en este libro que hace referencia a la desafortunada declaración del presidente Trump sobre las mujeres: “Grab them by the pussy”. Soto Icaza avanza en la edificación de su proyecto narrativo y ya tiene reconocido su lugar de trabajo: la experiencia de la mujer actual lejos de cualquier radicalismo feminista que le impida el goce de la vida, con sus volteretas inexplicables, lo cual se enuncia con facilidad pero es que una libertad a la que acuden todas las presiones sociales para lograr su desaparición.