Inglaterra: CRASS y Conflict

 

La dispersión del punk en el mundo no fue gradual y tampoco escalonada. Fue una salpicada en desorden en donde algunos países se mostraron más receptivos a su influencia que otros. En algunos habrá sido tan escaso, pienso, que los pocos punks que brotaron a la vida no tardaron en desaparecer diluidos por otras tendencias. La música es uno de los productos culturales más volátiles de la creación humana. La ciudad de Londres, sin embargo, incluso más allá de la postal anecdótica de los punks que se refugiaron en Piccadilly Circus, se mantuvo como el epicentro de un movimiento de inspiración local e influencia global. Además, la capital inglesa ofrece un muestrario siempre actual de la civilización occidental. Aún encarna el State of the art más confiable para tomarle la temperatura al desarrollo del mundo.

Para nadie es fácil abrirse paso en la escena musical, pero cuando hablamos de un movimiento contracultural, los obstáculos se triplican. Hubo bandas que derivaron en intentonas y otras que se consolidaron por motivos casi inexplicables. La permanencia de The Exploited resulta difícil de explicar, pues se repite en cada disco y con escuchar uno sólo de ellos tienes una idea general de la totalidad de su discografía. Punks not dead (1981), sin embargo, debe tenerse como un hito en la historia del género porque definió una forma de hacer punk: la de quienes saben hacerlo y además lo hacen con el objetivo de desacreditarlo y volverlo más indeseable a los ojos de quienes no forman parte de él. Es un contra-mérito que no resulta despreciable, ya que las formas de hacer punk se agotaron de manera prematura y nunca mostró demasiadas cualidades para migrar hacia otras formas de acción musical.

Unos chicos de Essex, sin apenas proponérselo, harían la diferencia. Llamarían Crass a su banda y sólo estuvieron activos entre 1977 y 1984, año orwelliano en el que decidieron tomar caminos separados luego de años de autogestión. Es poco tiempo para redefinir un género aunque su destino sería convertirse en una influencia que se extiende hasta nuestros días y no sólo en lo musical sino también en lo político en relación con la música. También en una manera colectiva y minoritaria de conceptualizar una “lucha contra el capitalismo”. En la parte musical, persiste su modo de diseñar portadas, incluso la tipografía que utilizaron para sus discos, la adopción de una vestimenta austera y casi de color negro para contrarrestar a los “punks de circo”, asumirse como actores políticos que utilizaron la música para llevar un mensaje de paz y anarquía a más personas, antes que sólo músicos.

[Símbolo de Crass]

George Berger detalló los orígenes de esta banda en The story of Crass (2006). Refiere que no estaba muy claro lo que deseaban hacer y que sólo tiempo después lo llamarían “anarcopunk”, en contraposición al que ejercían sus estrictos contemporáneos: The Sex Pistols. Debe decirse que Crass fue uno de los opositores más virulentos a esta banda. Identificaron a Malcolm McLaren como mercachifle antes que nadie y se dedicaron a denunciarlo. Entonces el anarcopunk surgió de la mezcla entre una música que se oponía a la autoridad, y el anarquismo clásico. El resultado fue una explosiva mezcla de intervención política y discurso musical, siempre lejos de un punk disfrutable y gozoso.

Crass fue un proyecto de acción cultural más amplio que sólo el aspecto musical. Fue un enlace de factores entre el uso del video, la radicalidad política, el diseño industrial y las lecturas de la realidad política occidental desde una juventud politizada y cerebral. Crass representa un modo diferenciado de abordaje del mundo contemporáneo, enviciado por el consumo y ebrio de sí mismo y de sus logros. Sus letras son un compendio de rabia por la situación del tercer mundo y, lo que entonces era el debate más delicado: la bomba nuclear. La posibilidad de que el mundo pudiese terminar en cualquier momento se instaló en el inconsciente colectivo como un temor constante. Cualquier minuto podría ser el último y las escenas de Hiroshima y Nagasaki se volvieron un referente de los temores presentes y futuros.

Los miembros de Crass ganaron su celebridad cuando falsificaron una conversación entre Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en la que ella aceptaba en parte la responsabilidad por el hundimiento del barco “Belgrano”. Crass entregó de manera anónima la grabación a la prensa y casi logran estallar un conflicto diplomático. Aquello los puso bajo vigilancia de los servicios británicos de inteligencia. Cruzaron una línea a la que es mejor no acercarse. De pronto, una banda de punk hizo una intervención en la política al más alto nivel. Ellos mismos reconocen que la intención se les fue de las manos (pensaron que sería una broma), y que actuaron de modo irresponsable.

Ese episodio siempre me ha intrigado y he escrito antes sobre Crass e incluso hice la traducción del  texto con el que se despidieron en 1984. Es un balance de aciertos y fracasos en los que una de las lecciones más valiosas fue reconocer que la mezcla entre política y música puede ser insólita. Llevaron hasta el límite de lo posible su aspiración de cambio social y cometieron varias tropelías en el camino. Falsificar una llamada de esta naturaleza, en medio de la guerra de las Malvinas, podría haberles costado años de prisión por cualquier delito imaginable. El sueño del punk llevado al terreno de la política pudo haber terminado en una pesadilla. Los cito in extenso porque no hay modo de resumir un aprendizaje de siete años de autogestión:

Hemos gastado mucho de nuestro espíritu, energía y tiempo tratando de dispersar la sombra de maldad que nos endosó la violencia y el terror de la era nuclear. Esa sombra se ha vuelto una mancha en nuestros corazones. Es tiempo de lavarla y salir a la luz. Nos atraparon, en sentido metafórico, las Greenham Gates. “Toca y entrarás… el reino de los cielos está dentro de ti”.

Hemos probado demasiado la amargura del mundo. Debemos ser cuidadosos de no envolverla con nuestra salud física y mental. Si alguna vez conseguiremos nuestros objetivos, con seguridad habrá de costarnos mucho trabajo. Hemos fallado en todo y hemos ganado en todo. No hay un doloroso final de cola-entre-las-piernas para esos años de trabajo, sino un eufórico, bullicioso y prometedor inicio.

Amor, paz y libertad, lo que fue CRASS y que ahora, sabe mucho mejor.

 

El modelo de “anarcopunk” heredado por Crass se mantiene como uno a seguir. Su idea de una banda móvil en donde no hay miembros demasiado visibles, con un discurso atronador y verboso, diagramó las bases de un modo de autoproducción musical en el que el “Hazlo tú mismo” se volvió un santo y seña. Hay un antes y un después de Crass. Ninguna banda de punk, sea de punk a secas o de “anarcopunk”, puede pasar de largo ante su modelo de acción. El disco Penis Envy (1981), por ejemplo, es un tempranísimo reclamo a la sociedad desde el feminismo más radical a la sociedad machista. Tuvieron que pasar varias décadas para que esos reclamos cobraran sentido y se asumieran como parte de la actual lucha feminista.

Su música es ruidosa y apenas armónica. No suele ser del gusto de la mayoría de las personas a las que les gusta el rock. Nunca se empeñaron en ser populares y, por lo mismo, privilegiaron la difusión antes que entregarse a la fiesta de la música. ¿Quién puede culparlos? Aquella Inglaterra de la década de los ochenta padeció huelgas, desempleo, inflación y tensiones diplomáticas. La guerra de las Malvinas dejó miles de muertos de ambos lados. Crass no hablaba al aire, sin un estímulo verídico contra el cual actuar. Padecieron a Thatcher así como los primeros ajustes de lo que sería la globalización, el liberalismo económico a ultranza y la eliminación del Estado como promotor de sectores básicos de la economía. Se avecinaba el mundo de injusticias y canibalismo, de falta de participación ciudadana y falsas certezas democráticas, que ahora padecemos vuelto la normalidad.

No les tocó afrontar poco y, a la distancia, parte de su mérito fue utilizar la socarronería y ese gesto irónico que les permitió jamás tomarse a sí mismos demasiado en serio. Quizá no haya otro modo de acción para encapsular los excesos del parlamentarismo que deja fuera de la toma de decisiones a quienes padecerán en carne propia los ajustes económicos adoptados por los políticos. Como parte de su acción política, fundaron una productora musical para apoyar a bandas afines: Crass Records. Bajo ese sello se estrenaría una banda que seguiría sus pasos aunque les daría un sello personal: Conflict. The House that Man Built (1981), su primer sencillo, fue producido bajo el sello de Crass Records.

El caso de Conflict es parecido al de Crass, pese a que las circunstancias ya habían cambiado. Su carrera ha durado hasta la fecha y ha sido menos estruendosa que la de sus mentores, si bien dos álbumes —The Ungovernable Force (1986) y From Protest To Resistance (1986)—, les han dado notoriedad entre quienes no dejan atrás el modelo “anarcopunk”. Suena fácil decirlo, pero Conflict lleva casi cuarenta años como banda. Todo un mérito en sí mismo, más aún desde la vertiente que eligieron para su desempeño, pues no es infrecuente que apenas haya recursos para pagar a los músicos, se vive en la precariedad más absoluta y los discos se venden poco.

[Símbolo de Conflict]

Me parece natural que pocos hayan escuchado hablar de ambas bandas. La cursilería bobalicona de The Ramones, The Clash o las canciones más coreadas de los Sex Pistols, lograron imponerse como lo más conocido del género. Pero hubo quienes resistieron a todas las tentaciones. La historia del punk es mucho más amplia que los hitos que más se conocen debido a la repetición de los lugares comunes. Colin Jerwood, resiste al frente de Conflict y todo parece indicar que no dejará de hacerlo. It’s Time to See Who’s Who (1983), su primer disco de larga duración, editado por un sello distinto a Crass Records, los confirmó como una banda tan digna de ser escuchada y seguida como cualquier otra. Habrán entendido que el modelo de Crass no debía imitarse hasta el punto de la mimetización. Buscar opciones distintas a Crass Records sería una de las primeras decisiones cruciales en una banda que lucha por hacer visible los reclamos de la diferencia.

Autoproclamarse “anarcopunk” ha envejecido y se requieren nuevos modelos para fusionar música y política. El mundo es menos complaciente que antes y la injusticia se reproduce para marginar a la mayor población posible. La toma de decisiones se ha concentrado como nunca antes. Tanto Crass como Conflict han dejado una estela de imitadores en la no es fácil distinguir el grano de la paja. Cualquiera puede imitar un sonido crudo con letras exasperantes para descolocar al poder establecido. Pocos, sin embargo, han logrado mantener esa postura a lo largo de las décadas. Aquí pongo dos ejemplos.