[La tradición poética mexicana es apasionada y controvertida. Como en la mayoría de las tradiciones, es extremosa y prende los ánimos. Es un organismo vivo en permanente mutación. Pese a lo anterior, no deja de ser un susurro en las librerías, si bien cada año se publican propuestas significativas y hasta temerarias. “Actualidad de la poesía” abrirá una vía de acceso a diversas voces para asomarse a la escritura de ese género, desde la perspectiva de quienes ya lograron cierto dominio en el oficio y, por lo mismo, son las voces que sostienen el presente poético de nuestro país. Ingrid Bringas (Monterrey, 1985) ha publicado cuatro libros de poesía: La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015), Jardín Botánico (Abismos, 2016) Nostalgia de la luz (UANL, 2016) y Objetos imaginarios (Pinos alados, 2017).]

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—¿Por qué escribir poesía?

Además de escapar y crear, con la escritura de la poesía nace también un mundo interior independiente, que como otros tarde o temprano es un cuerpo extraño en la sociedad, que se ve sometido a las leyes de la comprensión, la imaginación entre muchas otras. La poesía también es una forma de revolución-una protesta, la poesía nos da lo que otros no pueden, ya lo decía en algún momento Joseph Brodsky: “Las personas interesadas en la poesía tratan simplemente de satisfacer sus propias necesidades o intereses, por medios que no son proporcionados por el Estado”.

La poesía también es intuitiva, es decir, en el sentido de todo lo perceptible en un universo de significados interrelacionados, para adentrarse a las historias y los mensajes que nos brinda. Muchas veces he dicho que la poesía dicta lo innombrable, la memoria y el acto por permanecer.

[Foto: Consuelo Lira]

—¿Cuándo sabes que el poema está terminado?

Hay una voz interior que te dicta que el poema está listo, cuando te satisface el cierre por completo, después de haberlo leído varias veces en voz alta. En mi caso, es esa intuición de la poesía de la que hablo anteriormente.

La poesía para mí es muy visceral – de entraña. En ocasiones suelo ser muy obsesiva con lo que escribo e incluso después de varias lecturas, puedo llegar a pensar que el poema aún no está terminado, porque el poema es como la música, debe llevar un ritmo y terminar cuando se siente que la melodía ha alcanzado su punto máximo.

 

—¿Se ha modificado el oficio de la poesía con los nuevos medios digitales?

El oficio de la escritura a través de los años siempre ha tenido una mutación interesante, una de ellas es la poesía, han cambiado las técnicas desde el lenguaje, el tipo de verso, lo tipográfico y lo gráfico como discursos elementales, con los nuevos medios digitales se ha ampliado ese campo poético y ha dado lugar a nuevas y diversas escrituras, es un panorama amplio que como muchos otros en la actualidad enfrenta grandes desafíos, como lo es la permanencia. Pero todo va cambiando acorde a las generaciones y la época.

 

—¿Aún hay lugar para la realidad social y política del país en el discurso poético? ¿Te interesa esa vertiente del acto poético?

Siempre, la poesía en mi caso se escribe desde la vivencia social, como forma de protesta está la escritura y el cuerpo me he interesado por la realidad social, encaminado a la poesía documental y en ocasiones a la ficción, que en los tiempos actuales ya es difícil identificar qué es ficción y qué es realidad social o política.

Por la situación de violencia en nuestro país, creo que para muchos escritores hay un diálogo importante en nuestra literatura con la desaparición y lo social. Hay una complicidad con este tema del no-ser o no-estar, una cierta mistificación de la construcción de la presencia de uno mismo o el otro y los actos de permanecer/pertenecer.

 

—¿Se benefició la poesía con las nuevas opciones para la autoedición, el libro electrónico o la proliferación de editoriales independientes? ¿O le resultó contraproducente?

Creo que han resultado beneficiadas ambas partes, autores y editoriales independientes. Sin duda ha sido un buen momento para las editoriales independientes que apuestan no sólo por nuevos autores, sino también rescatar con la reedición libros que difícilmente podías volver a encontrar, otra parte en todas estas opciones es no olvidarnos de los lectores que me parece es una de las partes más importantes y que le dan sustento a las editoriales independientes o bien a la autoedición.

Hay una visibilización de una diversidad de escrituras gracias a las editoriales independientes, la autoedición y los medios digitales que ayudan a la circulación de textos. Se apuesta por nuevas obras y se enfrentan nuevos desafíos, sin duda. El tiempo y la obra del autor determinarán si estas nuevas opciones le resultaron benéficas.

 

—¿Cómo fue el proceso de escritura de Jardín Botánico?

Fue un proceso largo, un trabajo pausado y rotundo, es un libro muy orgánico a mi parecer que va más allá de la naturaleza del cuerpo, un libro mucho menos urbano como lo fue La edad de los salvajes.

Cualquiera podría pensar que Jardín Botánico es un libro que habla de la naturaleza, en una ocasión me hicieron ese comentario y, claro, si partimos del título diría que la naturaleza está en todo, la naturaleza del cuerpo, la pérdida o la muerte. Plasmo en este poemario la transfiguración del duelo y eso se nota desde el primer verso con el que abre el libro: “Mi madre insistió en ponerse diez meses de luto”.

Cuando uno escribe va creando una casa, ese cuerpo que también es un microsistema, un territorio autónomo. Fue un libro que me emocionó mucho desde que comencé escribirlo, era parte de todos esos duelos que llevaba conmigo.

 

—¿Qué has encontrado en la poesía que no tienen otros géneros literarios?

A pesar de ser unos de los géneros más antiguos, creo que la poesía tiene todo lo que a veces no podemos decir, o las mejores mentiras o las peores verdades, la poesía es como la música tienes que adaptarte a su ritmo.

En el período neoclásico se discutía sobre qué manifestación artística era superior a las demás: la pintura o la poesía. Lessing y Winkleman hicieron grandes discusiones de este tipo. En El Laocoonte, el famoso libro de Gotthold Ephrain Lessing —quien era fiel partidario de la poesía sobre cualquiera de las otras artes— es interesante ya que se pueden leer muchos de los argumentos que seguimos discutiendo en la actualidad.

En ocasiones se tiene muchos prejuicios sobre la poesía de ser muy difícil de entender, pesada etc. La poesía va más allá del escape y la belleza.

 

—En la actualidad, ¿cuáles son los poetas que frecuentas?

Actualmente estoy totalmente sobre la poesía de Elizabeth Bishop y José Lezama Lima. Llevo varios meses leyéndolos. También me acompaña entre mis lecturas Daniel Sada o Hamutal Bar-Yosef, una poeta israelí que explora en su poesía la conciencia social, el sufrimiento, la violencia y la guerra, temas que me parecen no sólo actuales sino también totalmente humanos y de los cuales no podemos prescindir de ellos.

 

—¿Por qué elegir la escritura de asuntos violentos y dolorosos para la población? Pienso en algunos versos de La edad de los salvajes, por ejemplo.

Es algo de lo que no podemos escapar en la actualidad, documentar lo que nos rodea, la naturaleza del ser humano es violenta desde sus inicios, se busca reflejar no sólo a la sociedad sino también los estados naturales del hombre. Desde esa perspectiva animal o salvaje, al reflejar en ella la violencia, no directamente sino mediante el uso de unos campos semánticos determinados, buscando el lenguaje que les corresponde para representarla, me parece también una nueva forma de crónica, de documentar y crear una poesía narrativa que se aleja del “método mítico”, “metanarrativo”.

En La edad de los salvajes utilicé un método satírico, por medio de episodios en los que la violencia es tratada de una forma cotidiana, como uno de los rasgos que caracterizan a la ciudad.

 

—¿Aún es posible hablar de una poesía del compromiso social? ¿Eres una poeta comprometida?

Es posible, sin duda, la poesía siempre exige cierto compromiso social, porque la poesía siempre va dirigida a un grupo o a alguien; al escribir como protesta es ya para mí un compromiso social, transmitir ese mensaje a los lectores. Nuestra preocupación por “lo social” es algo contemporáneo que otorga por supuesto la visibilidad civil.

La poesía más allá de todo puede no ser sólo un método para ordenar la sensibilidad, sino también un método para desarrollar una ideología con la que afrontar la vida, un modo de reflejar esa visión del mundo, ofrecer una interpretación de la realidad, o revisión de la misma.

 

—La violencia se instala en la conversación diaria, incluso en su vertiente más radical. ¿Qué puede encontrar el lector preocupado por la situación actual del país en tu poesía? ¿Piensas en los lectores al abordar tu escritura?

Puede encontrar un escape, pero también esta revisión de lo cotidiano como lo es violencia en todas sus formas, la interpretación de la realidad desde diversas vertientes, la poesía más allá de lo social ligado a la naturaleza salvaje del hombre, la poesía como observador del entorno, interpretando una actitud crítica hacia el mundo.

Pienso en los lectores, por supuesto, al abordar muchos de los temas que trato en mi escritura.

 

—Has publicado cuatro libros de poesía. ¿Cuál ha sido la respuesta de tus lectores?

Ha sido mejor de lo que esperaba, mucha gente piensa que en realidad se lee muy poca poesía o que la poesía vende muy poco, creo que sin duda que ha ido creciendo el público lector de este género, hasta ahora estoy satisfecha con la respuesta que he tenido desde la voz de mis lectores.

La poesía después de todo tiene que ir más allá de todo eso de ser leída o publicada, también tiene que brincar otras barreras y crear una ruptura.