VII. Punk español: Sin Dios, Los muertos de Cristo y Reincidentes

 

El punk español ha llevado la bandera del género más alto y por más tiempo que ningún otro país del ámbito hispánico. El denominado “Rock Radikal Vasco” (sic), desde la temprana segunda mitad de los años ochenta, en los estertores del régimen franquista, se insertó sin tapujos en el discurso de la modernidad musical de la península. La entonces salida de los “santos varones” del Franquismo de la escena pública, que lesionaron a España con la falta de libertades, fue una ocasión sin igual para dar vida a un discurso contestatario en el cual se enarbolase la santísima trinidad de la modernidad: libertad de expresión, uso de drogas con fines de esparcimiento y sexo libre. La situación de atraso de España frente a los demás países de Europa, que ya desde la década de los cincuenta preparaban lo que en un futuro sería la Unión Europea, ofrecía condiciones inmejorables a partir de las cuales lograr la ansiada sincronía con el resto del mundo. España ya sería parte de Europa, lo mismo que Portugal, igualmente atrasada por el régimen de Salazar.

Por su parte, la tradición anarquista y anarcosindicalista española, vertebrada alrededor de las cenizas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y organizaciones como Mujeres Libres, permitió que la base ideológica del punk no fuera sólo un canto celebratorio de “anarquía y cerveza fría”, sino que se tradujo en un conjunto de bandas articuladas y belicosas que estresaron a los más jóvenes para orillarlos a meditar su condición en un mundo de pocas libertades. La caída del muro de Berlín agitó el avispero y el triunfo del mundo libre se vivió con pesimismo y falta de esperanzas. A los ya antes mencionados Eskorbuto y La Polla Records, vueltos una celebridad en Latinoamérica y quienes hicieron diversas visitas para presentarse en conciertos tumultuosos, debe mencionarse a otras bandas como Korkatu, Zer Bizio? o Zarama, que hicieron un rescate temprano de su visión local del mundo —algunos cantaban en vasco—, aunque con una perspectiva de juventud desde la cual afrontar la realidad del mundo.

La Movida madrileña hacía su labor desde el centro del país con el objetivo de dispersar las nuevas tendencias, llegadas de París o Nueva York, entre ellas, el punk, aunque ejercida como una postura semi política encorsetada en un movimiento musical. Debe mencionarse que el punk fue una de las estéticas juveniles más perseguidas por los viejos franquistas, que veían en los jóvenes punks a una suerte de agentes de la destrucción de la cristiandad, y a quienes acosaban policialmente o incluso les saboteaban los conciertos para evitar que otros jóvenes se integraran a aquel barullo de radicales brincando al unísono. Sin ellos saberlo del todo —apenas había prensa alternativa e internet aún estaba lejos en el horizonte—, el punk español de la primera ola se consumió en Latinoamérica hasta volverse parte esencial de la forma de entender el mundo de miles de jóvenes. Ser punk se volvió símbolo de ser “auténtico” y “rebelde”, pese a que en muchas ocasiones sólo se adoptaba la estética agresiva con el fin de alarmar a los desprevenidos de siempre. Las nuevas fusiones con el reggae y el ska acercaron el punk a miles de jóvenes que no lo buscaban de inicio, pero quienes se convencieron de que música y política podían combinarse para extraer lo mejor de ambas energías. Y entonces motivar una fuente concentrada de poder.

En la parte más ideologizada, Sin Dios saltó al ruedo a principios de la década de los noventa con el disco Ruido anticapitalista, al que seguiría el aplaudido Alerta antifascista (1991-1993). Aquel sería un arranque prometedor al que vendrían otros discos de fuerte impacto para los seguidores del género. En sus canciones, todas veloces e inclementes, la banda recoge llamadas de atención en contra de las entonces “nuevas amenazas”: la globalización, la destrucción del planeta, la xenofobia, la usura financiera internacional, etc. Con un estilo tormenoso y crudo, lejos de las complacencias, Sin Dios regresa a la base rítmica del hardcore y con canciones breves y agresivas, resucitó contenidos ideológicos de base anarcosindicalista. Cada uno de sus discos se editó con un booklet de contrainformación, lo que permitió a sus seguidores sincronizarse con un mundo que exigía cambios.

Al igual que sucedió con La Polla Records, Sin Dios visitó México y Chile, además de otros países del continente, en donde fueron acogidos con enorme entusiasmo. Cada uno de sus conciertos fue la prueba más auténtica de que el punk no se limitaría a la ficción de las fronteras políticas y, a resultas, los países hispánicos sufren problemas semejantes pese a la lejanía geográfica. La labor de difusión de “la idea” es encomiable en sus discos desde la parte ideológica, ya que rescata la base del anarquismo clásico aunque puesto frente a la modernidad del nuevo siglo. El énfasis en la “autogestión” —una puesta al día del do it yourself anglosajón de los setenta— les permitió mantener diez años en activo a la banda, que anunciaría su disolución en 2006. Los discos de Sin Dios se mantienen como clásicos contemporáneos del género, con los cuales acercarse a la nueva producción ibérica de hardcore con compromiso ideológico.

Casi de manera simultánea a Sin Dios, apareció la banda llamada Los muertos de Cristo, con una vocación más rítmica en la parte musical, menos veloz aunque sin duda punketa, desde la cual se diseminó una mirada empática con los menos favorecidos, cantada con ritmos caribeños y populares españoles. Su música se erigió como un tono diferenciador en el horizonte del punk ibérico, cada vez más parecido a sí mismo. A las barricadas (1995) fue un notabilísimo destape aunque la aparición de Cualquier noche puede salir el sol (1996) le dio un lugar de privilegio en la producción de punk de la década de los noventa. En muchas canciones de Los muertos de Cristo se privilegia el humor y la posibilidad de vivir la pobreza no como una agonía, ni como una maledicencia, sino como una oportunidad para la refundación. Dios no está de lado de los ricos, parecían decir con sus canciones. La revolución social, que parece lejos en el horizonte, no daría sus frutos en una, dos o tres generaciones, sino que será un regalo para quienes aún no nacen.

Hay optimismo en su idea del mundo, lo cual se agradece luego de tantas bandas que se enfocaron en exclusiva en los aspectos negativos del entorno. No fue larga ni copiosa su aportación al punk. No hay quien pueda escaparse de crecer y, por lo mismo, ampliar la base de obligaciones caseras, con lo cual deben emprenderse actividades más lucrativas. En 1999 editaron Los pobres no tienen patria y este disco sería su despedida de los escenarios. La parte histriónica de Lorenzo Morales, que solía aparecer en el escenario con atuendos varios (Ronald McDonald, Blancanieves, etc.) transformaba sus conciertos en fiestas para una audiencia que abandonaba la idea del punk como estigma social, para darle paso a una experiencia más gozosa de la lucha social. Sus discos se reeditan con periodicidad y circulan libres en la red para quien busque algún consuelo por una sociedad que cada vez se aleja más del reparto equitativo de los bienes.

Sucedía demasiado al mismo tiempo, como para evitar cualquier forma de injusticia. La lista de las bandas españolas es larga, aunque Reincidentes logró ser parte de la familia punk mexicana con discos de memorables canciones con las cuales criticar a los poderes establecidos o fácticos. Esta banda de Sevilla se inició a finales de la década de los ochenta y no ha parado, pese a que ya dio sus mejores discos y ahora sólo cosechan los frutos de las décadas sostenidas de trabajo. Reincidentes, su primer disco, se editó en 1987 con canciones que los volvieron una de las bandas más buscadas de la escena española. Posteriormente, Ni un paso atrás (1989) los inscribió de lleno en la estética antifascista y punketa, con lo que ganaron espacio en una escena en la que brotan bandas por generación espontánea para luego desaparecer sin dejar rastro.

Las perlas del “Rock Radikal Vasco” probó a los músicos españoles que podían ofrecer al mundo una creación independiente de calidad y destinada al gran público. Desde diferentes perspectivas y orígenes, Sin Dios, Los muertos de Cristo y Reincidentes, y otras más, han creado escuela en los más jóvenes, que se aprestan a seguir sus pasos desde el punk y el anarcosindicalismo, al menos en España, en donde la tradición anarquista nunca ha desaparecido por completo. La situación política y económica europea y española ha cambiado. El euroescepticismo ha generado nuevos enemigos de la izquierda: el racismo, los brotes de la extrema derecha, el despertar de tendencias políticas que pierden su carácter de incorrección política para integrarse al menú político de los nuevos tiempos. Ya puede escucharse el Cara al sol en las manifestaciones, por ejemplo. Salen los falangistas y joseantonianos de las catacumbas a las que fueron obligados a entrar con la muerte del Dictador.

El nuevo cliente de la izquierda tradicional (el inmigrante ilegal), se alinea en la lucha contra la tentación autoritaria y los gobiernos de izquierda obtienen ganancias políticas para quienes perdieron la Guerra Civil. La denominada Ley de Memoria Histórica, que busca reparar los estragos generados por el franquismo, se aplica a cuentagotas por las trabas que interponen los descendientes del franquismo, que intuyen amenazas a sus fortunas. En estas fechas, en las que se debate la remoción de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, la izquierda y la derecha atraviesan momentos de tensión y todo parece indicar que los primeros lograrán actuar en favor de la memoria de sus caídos. Los restos de José Antonio Primo de Rivera, igualmente enterrado en el Valle de los Caídos, se mantendrá en ese sitio con el argumento de que él si fue “víctima” de la Guerra Civil, al ser fusilado en Alicante por motivos de opiniones políticas.

A lo anterior debe reconocerse que el punk español ha perdido fuerza como instancia denunciante. Su final fue el de una época en la que la música podía empatarse con objetivos políticos. Hoy el mercado engulle cualquier discurso contestatario. Lo que puede venderse es lo que existe, mientras que el resto debe probar su existencia. La historia del punk en España es una historia de pérdidas y desastres, gozosas victorias de canciones coreadas por miles y silenciamiento por cuestiones políticas. Es una escena con aspectos finísimos que laten en la cotidianeidad de una nación que se reconfigura porque el mundo nunca se mantiene en calma.