La historia es conocida por todos aunque ya se empieza a olvidar: luego de cincuenta y cinco días de cautiverio, Aldo Moro (1916-1978) sería encontrado en vía Caetani, Roma, en la cajuela de un Renault 4 rojo con once balazos en el cuerpo. Era el 9 de mayo de 1978. Al parecer un militante de las Brigadas Rojas hizo la llamada a la policía para informar en dónde sería encontrado el vehículo. Estos hechos son verificables y no admiten interpretación, pero responder a preguntas fundamentales como: ¿quiénes fueron los verdaderos responsables? ¿Y los autores intelectuales? ¿Cuáles fueron los motivos reales de su secuestro y posterior ejecución?, y otras más, no es fácil. Se mantienen como una incógnita y pelean por ocultarse detrás de las constantes humaredas de la política italiana.

A resultas, el caso de Aldo Moro se parece al de Enrico Mattei (1906-1962), presidente del ENI (Ente Nazionale Idrocarburi), y a quien le fuera asignada la tarea de poner orden en la industria petrolera italiana. Mattei, luego de intentarlo y acercarse con poca cautela a la Unión Soviética y a diversos países árabes, moriría en un accidente aéreo, al parecer consecuencia de un acto de sabotaje. Hago referencia a que ambos casos son parecidos por lo siguiente: 1) los dos murieron en circunstancias que permanecen sin esclarecer; 2) ambos se permitieron, a través de diversas actividades políticas, afectar intereses occidentales en medio de la Guerra fría; 3) ambos intentaron una apertura política para hacer espacio en la vida democrática a la izquierda parlamentaria. Los tres numerales, siempre, en contra de los intereses de los Estados Unidos.

Los analistas coinciden en que la política italiana se mueve lento. Es partidaria de los grandes ciclos que inician y terminan sin claridad. Los gestos de Berlusconi de orientación romana, o el viraje del movimiento Cinque Stelle con Beppe Grillo como animador, refiere que la política italiana se vive como una permanente superposición de épocas. Al mismo escenario concurren las cenizas del fascismo, la política exterior de Adriano y el fasto de los emperadores romanos menos discretos. Además, el histrionismo propio de la vida pública italiana vuelve complejo diferenciar entre el mensaje y el gesto, la oración en sí y los ceremoniales de la invocación. Al igual que en otros ámbitos de la política, el juego de luces y sombras en Italia imposibilita tener una visión clara de los actos que participan en ella.

Desde un inicio, la perfección del secuestro, llevada a cabo sin errores, justo en tiempo y conteo de muertos, hizo pensar a los analistas que las Brigadas Rojas no actuaron solas. Fue fácilmente distinguible que aquellos jóvenes, febriles por el marxismo, carecían de formación militar y, por lo mismo, no podrían haber ejecutado el rapto con esa dosis de corrección. Empezó una formulación de hipótesis que no concluye a esta fecha. El conspiracionismo clásico del caso Aldo Moro invoca lo mismo a la intervención de la logia Propaganda Due (P2), que a la Central Intelligence Agency (CIA), en la ejecución de los hechos y en la posterior decisión de su muerte. La tesis más aceptada es que alcanzar el denominado Compromesso Storico —un acuerdo entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista de Italia— para abatir el terrorismo en ese país, habría generado tensiones al interior de las Brigadas Rojas. Acto seguido, éstas reaccionaron para subrayar que no serían menguados por ninguna fuerza política reconocida. La implementación del marxismo siempre por encima de la vida humana.

Cuatro décadas después de aquel homicidio, sin embargo, aún no hay claridad sobre las causas reales de su secuestro y posterior ejecución. De los hechos, fácilmente puestos en el escenario del mito, se ha escrito con insistencia. Fue célebre El caso Moro (1978) de Leonardo Sciascia y, a fecha más reciente, Marco Baliani (Verbania, 1950) publicó Corpo di stato. Il delitto Moro: una generazione divisa (1998), que dialoga con las ideas Sciascia en la secuencia de interrogantes y en la necesidad de plantar cara al presente italiano. Baliani, hombre de teatro con aliento narrativo, rastrea en las delicadezas del hecho un posible sendero para entender la forma actual de Italia.

Clarificar la muerte de Aldo Moro ha quedado atrás en el contexto actual de la política italiana, aquejada por la migración ilegal, el euroescepticismo y los brotes de la extrema derecha con Lega Nord, en sincronía con el resto de los países europeos que han perdido confianza en el modelo democrático y buscan revitalizar los modelos políticos del pasado. Las notas que cubrieron la fecha de los cuarenta años fueron escasas, lo que refiere que el interés actual no es la comprensión del pasado sino evitar la disgregación del actual modelo político, aún vertebrado por la Unión Europea y el Banco Central Europeo. Europa despierta del sueño paneuropeo, luego de Grecia y el Brexit, para amanecer a una realidad desigual, de mestizaje planificado y crímenes políticos sin resolver.