[Primer contacto es una sección dedicada a la revisión a quemarropa de novedades editoriales.]

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Víctor Arta. Las buenas costumbres (México: Nieve de chamoy, 2018).

Se tolera en parte la ruina actual porque un autor, con el recelo propio de un enamorado primerizo, hace pública su inclinación poética. Víctor Arta toma ese salto y con Las buenas costumbres (2018), título fuentesino por excelencia, se lanza al azaroso camino de la exploración de las emociones con el auxilio de la poesía. Escenas familiares, destellos de una conciencia que se fractura, instantes de invocación y de delirio, son parte de las imágenes que nutren las páginas de esta primera entrega de Arta.

Sí aún es posible concebir la rebeldía como una forma posible de acción social válida para reivindicar la libertad del hombre —ha pasado tanto y tan poco—, esa rebeldía sólo tiene lugar en el decir poético, el más libre y epidérmico, siempre lejos de cualquier forma de restricción e impulso hacia una deriva sin final. Un brevísimo lance lírico aunque con atisbos de esa hondura que presagia una mirada compasiva, que es presente y augurio a un tiempo. La poesía como principio y punto de llegada, incluso si nunca hay viaje.

 

Dana Cuevas. MUJER[ES] (México: Librosampleados, 2018).

Luego de Un lugar normal (2011) primer libro de cuentos y primer título publicado por Dana Cuevas, MUJER[ES] es un recuento de historias sobre las dificultades de ser mujer. A diferencia de otros libros, en donde la victimización de la mujer es una petición de principio insertada en delirantes aparatos conceptuales, las piezas de Cuevas revisitan a la mujer como otro actor de la Historia, en tanto que protagonistas de su vida en lo individual, y no sólo como una masa amorfa de amerita ser reivindicada por una condición biológica.

En la tradición del relato clásico, Cuevas aún se propone contar una historia antes que sólo jugar con la tipografía y las posibilidades que ofrece una computadora para diseñador. Cuevas maneja el registro corto con anticipada maestría, lo que lleva a pensar en las posibilidades de su empeño si es que no abandona o da marcha atrás. Mientras tanto, MUJER[ES] se sube al barco del subrayado en la significación de ser mujer, aunque desde una perspectiva humanista fuera de radicalismos sin apenas mérito.

 

Arturo Loera. Nada notable (México: Cuadrivio, 2018).

Hay poéticas honestas y otras que no son ni siquiera una poética. Por suerte Arturo Loera avanza en la pulcritud y en el desciframiento de la sabiduría que brota de los poemas, dichos a quemarropa, sea en el delirio o en el instante de una vigilia austera. Nada notable se suma a su bibliografía como un bastión para la defensa del acto imaginativo, que busca su expresión en la distancia de lo sucedido y en la inmediatez de aquello que nos ilusiona.

Un libro de poemas que enfrenta del transcurrir el tiempo como ocasión para el desajuste y, a la par, como fermento para ayudar a quienes desconfían de las palabras a que no lo hagan, sino de los hechos que (las) motivan. Ahí donde todavía es posible abrir un poemario sin una sensación de naufragio producto de meras simpatías editoriales, o por los malabares gráficos que hoy en día hipnotizan a los lectores, Loera le pierde miedo a decir y, por lo mismo, significa más y por más tiempo. Una de las trayectorias que debe seguirse incluso pese a cualquier desbalance estacional.

 

América Pacheco. Pasajera en trance (México: Mantarraya, 2018).

Europa es una inabarcable geografía nutrida por tradiciones milenarias en múltiples lenguas, que ha logrado expresiones culturales de enorme valía. En este primer libro de Pacheco, escrito con envidiable humor y una sonrisa pícara, la pasea armada con curiosidad devota y ese olfato que permite conectarse con los hechos que ameritan ser testimoniados. Aunque por momentos es el recuento de un springbreak trasatlántico, a ratos es la confesión puntual de una devoción europea. Pasajera en trance anticipa la que puede ser una veta para la escritura de Pacheco: exploración urbana y registro de una vocación auténtica por la cultura más allá de lo que, de manera natural, motiva el acto del viaje.

Con un pie en la crónica y otro en la autoficción, Pacheco exhibe en vitrina su interés literario y lo remacha con dosis exactas de ironía, casualidades que no lo son en realidad y una pasión urbana con la cual viajar al centro de sí misma para extraer los decantados de la lectura, el arte y la vida misma. El sentido epílogo, por su parte, amerita la escritura de un libro aparte.

 

Julia Santibáñez. Sonetos y son quince (México: Parentalia, 2018).

Toda trayectoria escritural debería proponerse un encuentro con alguna forma clásica. Es una medición de alcances. Julia Santibáñez eligió el soneto para ese encuentro y el resultado son quince piezas, hechas con la finura artesanal que exige la forma reina de la tradición hispánica, en las que el humor sesudo, el gesto irónico y la mirada compasiva a nuestro paso por el mundo, destellan hasta lograr una entrega de compacta perfección.

Santibáñez, que ha publicado varias entregas con la forma de verso libre, acude al nodo del soneto para poner a prueba la musicalidad de sus versos, las posibilidades de su oído, y más: el efecto que podría causar en el lector contemporáneo calar la vigencia del soneto. Las quince piezas exploran la vida cotidiana y el misterio de lo conocido, sea que adopte la forma de una urgencia inmediata o aquella del ser amado que por caprichoso se aleja de nosotros. Una entrega de Julia Santibáñez llamada a prender los ánimos de poetas y lectores por igual.