La caída del muro de Berlín dejó preguntas que aún esperan respuesta. ¿Ese fue el ocaso de las grandes ideologías? ¿Fue la victoria indiscutida del mercado por encima de cualquier idea de inspiración social? Ese arco de treinta años (1989 a 2019) ha sido de comentarios al pie de página a los grandes pensadores por parte de filósofos contemporáneos como Žižek, Badiou, Agamben, Laclau, y otros más. Esto parece indicar que la indigencia intelectual de Occidente no será paliada en el corto plazo.

Las consecuencias de la Revolución Francesa hicieron del pensamiento de izquierda la forma hegemónica para interpretar la realidad. El centenario de la Revolución Rusa, sin embargo, motivó que ese pensamiento fuera sopesado en sus alcances y limitantes, lo que no reflejó un saldo positivo al menos por lo que hace a las vidas que se perdieron en la construcción de las diversas oportunidades para hacer un “socialismo real”. No abundan los arrepentidos con el valor suficiente para dar un paso al frente y reconocer que aquello que inició como la construcción de una utopía en la tierra, derivó en una fábrica de muertos.

Federico Jiménez Losantos (Teruel, 1951), al igual que otros de su generación como Pío Moa, sintió la vocación temprana por el socialismo y se lanzó a su cimentación. Memoria del comunismo (2018) es el balance de su historia personal en relación con el comunismo y, más adelante, de su descreimiento motivado por un análisis de la situación de su  implementación en el mundo. Corresponde a esa generación, que sigue a la de Antonio Escohotado (Madrid, 1941) y que sintió el llamado rojo en 1968 o incluso antes —tenían un promedio de dieciocho o veinte años—, hacer un recuento pormenorizado sobre cómo los comunistas batallaron contra viento y marea para imponer su visión del mundo. Fue demasiada sangre la que dejaron a su paso.

Se diría que llegan estos ejercicios con tardanza, pero es entendible la argumentación de Jiménez Losantos respecto a que no es fácil documentar la historia reciente de los países comunistas, ya que aún no se abren todos los archivos o, sencillamente, no hay documentación que ampare las actuaciones de los respectivos gobiernos. Es triste reconocer que actuaron en la sombra más lamentable. La divisa de Memoria del comunismo es la siguiente: “cien años [de la Revolución Rusa] y cien millones de muertos”, que es la cifra reconocida de bajas humanas de manera global. Y a decir de Jiménez Losantos la comunismo es la “peor lacra que ha padecido la humanidad”.

El libro no se propone construir una ideología sistematizada para el nuevo siglo, sino subrayar que aquello no puede volver a ocurrir. Y es que Jiménez Losantos hace preguntas fundamentales: ¿a qué se debe la longeva romantización del experimento marxista? ¿Porqué las personas aún llevan playeras con el rostro de Ernesto Guevara? ¿A qué se debe la nostalgia de la hoz y el martillo? La izquierda persigue una utopía y, por lo mismo, es esencialmente romántica. Se propone la instauración de un paraíso en la tierra, pese a que los hechos desmientan cualquier acercamiento a ese lugar quimérico. Sin embargo, cuando tuvieron la oportunidad de estar al frente de la actuación pública, encallaron con cifras escandalosas de inflación, desempleo y un mal manejo de las finanzas públicas.

Por suerte las demoliciones, fisuras e implosiones en los países socialistas ha permitido asomarse a la situación real de estos países. Jiménez Losantos no es complaciente y se mueve con ferocidad aunque sin ironías. No sería admisible alguna broma de la inteligencia cuando son vidas humanas las que están en juego. Memoria del comunismo agota las ediciones con prontitud y los ejemplares editados ya pasan de los 50,000. Luego de El libro negro del comunismo (1997) de Stéphane Courtois, que se propuso el mismo ejercicio aunque veinte años antes, Jiménez Losantos tropicaliza para España aquella tentativa y también aborda los casos del Partido Comunista Español (PCE), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y, más recientemente, de Podemos y su líder Pablo Iglesias.

El libro es oportuno debido el actual debate sobre el populismo de Estado, lo que podría revitalizar al pensamiento de izquierda, pese a los resultados que se analizan en sus páginas. El actual despertar de la derecha y sus versiones radicales, escasamente podrán tener en el corto plazo con una respuesta electoral, más allá de lo minoritario, aunque sí conviene alertar sobre lo sucedido antes con experimentos sociales acometidos en perjuicio de la mayoría. Cada que el pensamiento de Marx es llevado al terreno de la praxis (¡la divina praxis!), se tuerce más hasta quedar irreconocible.

Cerrar los ojos ante la tragedia de otros ha tenido consecuencias fatales para el ser humano. Millones han perecido por hambrunas (algunas de ellas provocadas como una forma de minar a una población, como en Ucrania o China), expolios, cerrazón y falta de sensibilidad para saber cuándo dejó de funcionar un programa de gobierno. Memoria del comunismo, con sus casi setecientas páginas, es un recordatorio intrépido si bien doloroso, de hechos que nunca deben repetirse.