[De la serie “Atelier de letras”, esta plática con Antonio Ortuño, quien publicó recientemente Ánima (2011).]

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—¿De dónde nacen los libros de Antonio Ortuño?

Siempre he aceptado que escribo para molestar. Innegable aquello del viejo Bukowski de “ojalá al leer esto se te derrame el café”. Detesto la literatura escrita para la parroquia, desde el lugar común, sobre los intereses mejor masticados de sus lectores. Con el tiempo he tendido a ver la escritura como un fin en sí mismo. Disfruto imaginar el texto, soltar la mano, corregir lo que se avanza.

—¿Y cómo escribes? ¿Vas directamente a la máquina o haces bocetos a mano, en cuadernos?

Durante años escribía a mano, en cuadernos, con bolígrafo o en una vieja máquina de escribir. Eso me obligaba a corregir incesantemente y pasar en limpio. Fue muy útil. Hace diez años que escribo en computadora: a final de cuentas es más práctico. También tiene que ver, supongo, con que uno cobra cierta seguridad con lo que escribe con los años.

—¿Cómo se gestan tus libros? ¿Es un parto largo de años o, más bien, de pronto aparece la estructura y todo es sentarse a ordenar capítulos?

Son lentos, lentísimos, se llevan años. Una idea se afina, a veces por meses, antes de que comiencen las pruebas. Luego: soltar la mano, ensayar el tono, la prosa. Amarrar los cabos de la historia. Y redactar. Y al final corregir, que no pocas veces es la escritura misma, la etapa más consciente, deliberada. Poco he escrito abandonado al azar. Supongo que por maniático.

—Recuerdo haber cruzado contigo algunos afectos musicales derivados del punk—o punk a secas. ¿Hay algo en tu proyecto narrativo que tenga ecos de aquellos fuegos? ¿O es sólo una preferencia al margen, como tantas otras?

Hay mucho de ello en la estética que procuro. Del punk me interesan el énfasis en la expresión, su naturaleza mestiza (el punk es, también, blues, rockabilly, dark, world beat, metal, disco, funky, rocanrol. folk, polka…) y su ironía ante el virtuosismo (tan caro, por ejemplo, al jazz y a cierta música formal). Y me interesan, sobre todo, las ideas del “do it yourself” y el “kill your idols”. Es decir, extrapolado a la literatura, el escepticismo absoluto frente los gurúes y los ambientes cortesanos que se nos presentan como talleres, capillas, grupos, y la necesidad de confrontar las propias influencias con lo que se piensa y se escribe. Le debo más a John Lydon, Joe Strummer, Nick Cave, Frank Black o Eskorbuto que a García Márquez o Fuentes. Y pienso, a la vez, que autores como Bierce, Rubem Fonseca, Fogwill o Fernando Vallejo son punks en sentido estricto. Esto es, sin embargo, una estética personal. Cada cual elige sus clásicos.

Además de narrativa, Antonio, practicas otro registro? ¿Veremos algún volumen de ensayos o poemas?

Escribí poemas (que no poesía) en la adolescencia. Todo fue al basurero, sin embargo soy todavía un lector impenitente de poesía. No comparto el prejuicio de muchos narradores de mi generación al respecto, pero no me siento capaz de escribirla. El ensayo me elude. No me siento ensayista ni siquiera en uno por ciento. Escribo a veces artículos, columnas, prosa digamos reflexiva, pero la considero más bien periodismo. Me enorgullece verlo así. El periodista, incluso el malo, es un trabajador. El ensayista es o trata de ser un ocioso y eso me repele. También soy un mal lector de ensayos, al menos de lo que se da por llamar “ensayo literario”. Leo historia, leo a muchos aforistas, leo algunos filósofos. Pero el “ensayo literario”, las prosas bien peinadas sobre nada en concreto, me mata de tedio.

—¿Compartes el entusiasmo por la literatura del norte o del narco? ¿Cuál es tu opinión de la literatura mexicana actual?

No suelo pensar en literatura bajo esquemas geográficos. Procuro no leer a nadie por el hecho de que sea norteño o del hemisferio austral. Tampoco me interesan las etiquetas temáticas. Hay al menos una gran novela con narcos, que es Trabajos del Reino, de Yuri Herrera. Y hay autores en los que el tema es estéticamente importante, como Elmer Mendoza o Campbell. Más que a los narcoescritores de ocasión, que brincan acá o allá, leo a quienes están haciendo periodismo serio sobre el tema, especialmente a Diego Osorno. Por otro lado, existen autores nacidos o recriados en el norte que me interesan: el gran Sada, Carlos Velázquez, Daniel Espartaco y otros. Aunque “lo norteño” no me interesa particularmente. Si veo al Piporro en la televisión, le cambio.
La literatura mexicana actual es, por fortuna, muy diversa. Tenemos varios autores sólidos y disfrutables.

Hay quien ya habla de la singularidad de la generación de los ochenta, pero me parece que la de los setenta se sigue consolidando. ¿Ya es posible darle banderazo de salida? ¿O es la premura del mercado?

Misterio. Conozco pocos escritores nacidos en los ochenta. Supongo que están transitando ese infierno previo a la publicación de libros, tan mexicano: obligar a que se pague una suerte de “derecho de piso”, un viacrucis de revistas, blogs y bequitas, mientras sus manuscritos no los lee nadie.  Creo que hablar de “generación” en el contexto es complicado porque las estéticas sobre la mesa son divergentes. Tal como sucede con la gente de mi edad. Por otro lado, soy esencialmente un lector de muertos. Me interesa la generación de los sesenta del siglo XIX.

Presenciamos el renacimiento de la narrativa televisiva a través de series visualmente deslumbrantes. ¿Te interesa lo que sucede en pantalla? ¿Tiene algún eco en tu obra?

Me interesa el cine y soy espectador agradecido de algunas series televisivas. Breaking Bad, por decir una, me parece una gran ficción. Pero no considero que exista una influencia televisiva en nada de lo que he escrito y, pese a que mi novela nueva tiene tema cinematográfico, tampoco que lo que escribo esté particularmente influido por lo visual.

Finalmente, Antonio, ¿qué lees ahora?

Dos libros, en este momento: La metamorfosis, de Ovidio, y los Bosquejos de infancia, de Thomas De Quincey. O, ampliando más la respuesta, cualquier libro que pueda conjuntar agudeza, talento y mala leche.

Aquí una nota sobre cómo escribe Antonio Ortuño: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulov2print&Article=2102739

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Twitter: @LBugarini