[Unas líneas, a título personal, sobre la nota de Jorge Volpi respecto al Premio FIL. Aquí: http://www.elboomeran.com/blog/12/jorge-volpi/]

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Ignoro si Jorge Volpi sabe lo que fue la Inquisición. Mejor será pensar que no es así. Por eso habla con ligereza o poseído por la ira. Durante la Inquisición las personas ardían, en acto público, con procesos sustentados en la murmuración. No es el caso de Alfredo Bryce Echenique. Ni de su obra. Aquí las instituciones peruanas se han pronunciado. Descalificarlas para intentar absolver al peruano sería un traspié. Por suerte nadie lo ha pretendido, como no sean sus abogados. Pero no hace falta ser perito. Basta con tener los documentos a la vista para formarse una opinión. Y han circulado.

Ahora bien, llamar a quien no comparte las opiniones propias “inquisidor” es ofensa grave. Torquemada es un nombre negro de la historia. Y más: repartida parejo, al bulto, sin usar nombres propios. Me parece válido que los lectores tengan (mos) dudas sobre un autor con plagios acreditados. No interesa si sólo son “periodísticos”: aquí hablamos de respeto al lector. ¿Quién podría decir, con absoluta certeza, si parte de la obra narrativa de Bryce Echenique no se ejecutó, igualmente, partiendo de estos ejercicios de “apropiación”?

Además: poner un término de cuarenta y dos años para llamar a un libro “clásico” confiesa un entusiasmo. O una amistad. Lo refiero como crítico literario. Cualquier historia literaria es más exigente que eso. Quizá habrá lectores para quienes sean irrelevantes, a decir de Volpi, estos “pecados y faltas”—reconocimiento entre líneas de los plagios. Para otros no—es mi caso—, y tienen (tenemos) todo el derecho a leer o a no leer. También a no ser bautizados de un plumazo con sobrenombres ofensivos. Tal como lo fuimos. Rechazo ser considerado “inquisidor” aunque, conjeturo, Volpi se imaginará salvado por haber escrito “líneas perdurables” (según él) y no ser de los que “medran en los márgenes de la vida cultural”. Pero nada más falso. Todos los premios no garantizan la permanencia. Se ha visto—¡ay!—, en tantas ocasiones.

Jamás seremos capaces de “instalar un diálogo razonable”, ya que los “inquisidores” no dialogan. Ellos dan “alaridos”. Ellos gustan del fuego, según me informa la Wikipedia.

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Twitter: @LBugarini